Carlos Santos: “A imagen de los días” (poesía)

Escenas de la guerra, en las imágenes deslumbrantes de la voz decantada y precisa de un poeta salvadoreño residente en Canadá.

Carlos Santos
La Zebra | #33 | Septiembre 1, 2018 

I. Obra

Sobre la mesa, las piedras, los metales,
la unidad en la anónima arcilla,
sin reflejar aún los cuernos de la frente,
acogen la ciega duración
y la arqueología pura de la luz.

Pero el aire ha comenzado a agitarse,
y la naturaleza otra en oscurecimiento
brilla en el ojo del artífice
—viejo designio en la jornada de su edad—
como en el iris del sueño
las imágenes únicas.

Y la materia sueña. Y el dios se aviva.

II. Tiempo

Lustros, guerras, anales.

Un puente vuela,
bandada de astillas y palomas.
Una pasión se sumerge hasta la muerte,
toca fondo, y no grita.

Lustros, guerras, anales.

Y en el mentón del mundo,
la mano armada.

III. Centinelas

Con sus capas oscuras
bajo la lluvia,
sin memoria de vivos.

Juegan, tapete negro,
dados hechos de la costilla
sumisa del hombre.

IV. Oficiante

Sobre madres y ergástulas levantado,
tú, el oficiante
frente a la multitud:

Declaramos puros nuestros remedios y venenos.

Infolios.
Huesos.
Amputaciones.

Manos armadas no cesan
de erigirte una pared,
lenta, arriesgadamente. Broquel
contra el horizonte.

V. Niño

Abrió el saco de su estrella
y encontró una naranja.

Bajo el puente, acecha
el horrible juguete que navega
en el agua fecal.

VI. Lluvia

Cae la lluvia.
Cae del cielo revuelto,
y se mira a sí misma
desde dentro de las hojas,
como a través de los jades
de una estancia viva.

Bajo la tierra abierta
se demoran, esparcidos,
sin ebriedad, los muertos.
Mojados como los árboles.

VII. Río

Los muertos
se acercan a consultar las algas,
y enganchan su muerte a las barcas
que van al mar.

Atrás
dejan su casa descompuesta,
habitada por los peces.

VIII. Lobos

Y en la manada,
el animal de sueños,
aquel que no depreda,
hunde su cabeza en las aguas,
va más allá de sus ojos en reflejo,
y expone su vigilia como pasta
a las fuerzas recónditas.

IX. Bar de guerra

Con las muchachas,
con la música, con el salón humeante,
con la risa o gruta de gatos eléctricos:
la maligna jeta amparada en el revólver.
Todo es una serpiente
que se enrosca en sí misma hasta incendiarse.

Amanece.
Rostros pintados escapan del alba
en volátiles de humo y grasa.

Solos y oscuros. Oscuros, solos.

Las sillas desiertas; las mesas llanas;
las luces festonadas;
ahogada la canción en las arenas
del fondo de los vasos.

X. Rueda

Pasa silbando bajo el peso
la dura rueda invisible.

De ningún sitio llegado,
y en altos nortes de polvo,
el ágil ciclo ilusorio de la rueda.

En tu casa, noche adentro,
su largo silbido de vértigo se lleva
las frágiles volutas de tu anciano
tan viejo segundo.

Y como en el tablero,
el infinito, el juego,
la última casilla.

La casa en marcha (1999)

 


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CARLOS SANTOS (San Salvador, 1956). Poeta y narrador salvadoreño. Exiliado en Toronto, Canadá durante los años de la guerra en la década de 1980. Regresó a San Salvador tras la firma de los acuerdos de paz, donde fue colaborador y redactor de las revistas Tendencias y del suplemento cultura “Búho” de La Prensa Gráfica hasta su regreso a Toronto en 2001, donde reside en la actualidad. Es autor de un influyente libro de poesía: La casa en marcha (DPI, San Salvador, 1999). Su obra incluye un libro de cuento suscrito a la corriente fantástica y neobarroca de Lord Dunsany y Salarrué: Bitácora (Ars, 1998). Su obra poética ha sido llevada al teatro en varias ocasiones: puesta en escena de La casa en marcha, versión inglesa por Walter Krochmal, Sonaha Theatre Collective (Gaya Theatre, Nueva York, 1991); presentaciones internacionales del monólogo La camisa de fuerza, versión castellana por Water Dionisio, e inglesa, por Walter Krochmal, (San Salvador, Washington, Nueva York, Toronto y Montreal, 1988-90); junto con Jorge Ávalos contribuyó textos para un performance especial de Walter Khrochmal presentado en the Franklin Furnace de Nueva York, 1991. La mayor parte de su obra poética permanece inédita.