Lydia Valiente: “Mandrágoras” (poesía)

La poesía de denuncia en El Salvador tiene su origen en los romances apasionados de esta poeta, pionera de la “poesía coral”.

Lydia Valiente
La Zebra |#34 |Octubre 1, 2018

Hambre de 7 siglos

Todo el dolor del mundo
se volcó en mi regazo.
¡Ah las cuencas sin ojos!
¡Ah el dolor de soñar!
¡Hambre de 7 siglos
contorsiona el ambiente!
Los niños muertos de hambre
sueñan aún con pan,
y sus manos ingenuas,
raíces en el fondo
de la tierra morena,
se llevan los terrenos
dormidos de la tierra,
a la boca sin labios,
que la muerte besó.

¡Hambre de 7 siglos!
¡Dolor que viene lento
del ombligo del mundo!
Dolor de los humildes,
de los que tienen hambre,
de los que tienen sed
de justicia infinita
sobre la pobre vida
que se estremece toda
de frío hasta los pies.

¡El dolor de los niños!
¡Lagrimones de fuego
sobre la lejanía!
Estrellas de amargura
sobre la soledad.
Tendidas hacia el mundo
mis manos aletean.
¡Hambre de 7 siglos!
Mi corazón es pan.

Amor y amor

Embriagada de sueños
voy cruzando la vida.
Desorientada a ratos,
soñando en el amor.
Y el amor egoísta
y el amor infinito
tejen un manto nuevo
y una misma canción.

Amor tiene dos alas;
una rúbrica: ¡Amado!
La otra sobre el mundo
rubrica: ¡Redención!
Partida en dos pedazos
voy zurciendo mi historia.
Dos velas sobre el viento,
en el fondo el timón.
Y las velas tendidas
a caminos inciertos
van al compás del viento
besando un nuevo sol.

Por mi amado las ondas
estremecen la quilla.
Y por ellos las lianas
enredan el timón.
Por mi amado los ojos
brillan en la esperanza.
Y por ellos mi pecho
saborea el temor.

Dame tus manos fuertes
amor del bien amado
para guiar en la noche
de inquietante dolor,
a los seres que buscan
en la sombra callada:
la infinita justicia
y el camino mejor.

Dame amor angustiado
de la turba que gime
esa ingenua esperanza,
esa dulce quietud,
la pueril armonía,
y la suave alegría
de la conformidad.

La rueca de las horas
va hilando mi quebranto
con el huso punzante
de la fiebre y del llanto
para tejer el velo
de la serenidad.

¡Amor tan sin medida!
¡Y amor tan sin orillas!
Por esos dos amores
me olvidé ya de mí.
Y a mi amado le grito:
¡que no debe de amarme!
y en la cruz de este grito
enclavada me vi.

Mandrágoras

Fuga de cascos locos
y luceros borrachos.
Todas las sensaciones
como ruedas dentadas
se persiguen en mí.
7 demonios rudos
de absintiaca mirada,
sirena alucinada
repercute en el vértice
de mi antena enclavada
sobre vana pirueta
de espiral de benjuí.
Maceré las mandrágoras
de ignoradas lascivias
entre la axila virgen
de sonoro cristal.
Adoré los ardores
de las arenas libias
y los espasmos rojos
de la región astral.
Complejo que al diafragma
de mis negros misales:
las impúberes ancas,
las ojeras del mal.
Copular dislocado
de esponjas y corales,
suspirar de cristales,
estallar de praderas
en la aurora boreal.
………………………..
Una sola espiral.

Adiós a mi hogar

Adiós, ¡oh, dulce hogar de mis mayores!,
donde fueron mis días como un sueño,
donde supe tejer dulces amores
con la rara armonía del ensueño.

Adiós, adiós, no sé si acaso un día
puedas volver a cobijar mis penas,
y tender cual un manto a mi alegría
y a vivir en tu seno horas serenas.

Quién sabe qué me espera en lontananza.
Llevo un volcán que es todo fuego, amor…
Corriendo voy feliz tras la esperanza,
y tal vez a encontrar voy el dolor.

¡Adiós, adiós!, hogar dulce y querido
do mi madre sus sombras ha dejado.
Como el ave al volar desde su nido
en ti dejo el plumaje del pasado.

20/5/33

H

La puerta ya cerrada del viejo cementerio.
Las puertas de enigma cubiertas de misterio.

La H es una puerta que no se abre jamás,
las puertas de la vida ya nunca, nunca más.

De los castillos viejos la puerta enmohecida,
las puertas de la muerte, las puertas de la vida.

La H es una puerta cerrada en el espacio,
la H es una puerta como un negro topacio.

La H es puerta vieja de habitación oscura,
la H es una puerta, la puerta una criatura.

S

La risa de los tristes dolientes y cansados,
la risa con que anuncian su ser los desgraciados.

La S es el enigma de la misantropía,
como la curva larga de una larga agonía.

¡Risa de los leprosos, ciegos, tuberculosos!
¡Carcajada estridente de gritos pavorosos!

Estigma de locura la S contorsiona,
como la curva fina de daga que lesiona.

Carcajadas de frío, carcajada doliente,
carcajada que plasma y da diente con diente.

¡Carcajada! ¡Asterisco de las iniciaciones!
La S se comprime con lúgubres canciones.

Prólogo de Raíces amargas

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Prólogo del libro “Raíces Amargas”. Tomado de la edición príncipe, San Salvador, Editorial Ahora, 1951.

 


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LYDIA VALIENTE (El Salvador, 1904-1976). Poeta y gestora cultural salvadoreña, además de una activista a favor de los derechos de los obreros. Sus dos libros de poesía fueron reunidos en un solo volumen editado por su sobrina Ana Patricia Valiente Reyes: Letras de cal y Raíces amargas (2013). El primero, una obra de juventud, había permanecido inédito; el segundo, sobre el que descansa su reputación, se publicó en San Salvador por la Editorial Ahora en 1951. Fue una importante promotora de la literatura social en la década de 1940, cuando mantuvo una sección literaria en El Diario de Hoy, por medio de la cual introdujo al público a la poesía del Grupo Seis, incluyendo a Oswaldo Escobar Velado y a Pilar Bolaños.