Netzahualcóyotl: “Tres elegías” (poesía)

El gran poeta azteca, en las brillantes y poco conocidas traducciones realizadas en el siglo XIX por el poeta salvadoreño Francisco Gavidia.

Netzahualcóyotl
Traducciones de Francisco Gavidia
La Zebra | #34 | Octubre 1, 2018

Elegía I

Ora, por un momento,
se alza mi canto,
pues la ocasión se ofrece,
y el tiempo es Mayo,
y mi alma espera
ser oída, si aviene
que lo merezca.

Y por ese motivo
empiezo… empiezo
mi canto —si es un canto—
o mi lamento,
pues se conoce
que estos son más que cantos
lamentaciones.

Oh, tú mi dulce amigo,
goza el aliento
de las flores del canto
—que ahora te ofrezco—
goza y destierra,
destierra todo duelo,
toda tristeza.

Pues aunque los placeres
que da la vida
pasan —que nuestras almas
tienen unidas—
¡mala fortuna!
se quedan con nosotros
las amarguras…

Batiré el instrumento
sonoro y cóncavo
a fin de que me auxilie
dándome el tono…
Danza tú en torno
ante el señor que es grande
y es poderoso.

Aculhuacán hermoso,
tú eres granado,
y granados tus tiangues;
y tu palacio,
de un trono sitio,
lo has con tus propias manos
enriquecido.

Ve aquí la causa, amigo—
y esto se dice—
¡porque en verdad, hermano!
puede decirse,
según se advierte,
que mi reino está próspero
y floreciente.

¡Oh Príncipe Oyoyo-Tzin!
a quien no iguala
Rey alguno —Rey sabio,
prepotente Monarca—
goza en la tierra
la belleza que exulta
la primavera.

Sé feliz mientras reina
tal primavera,
porque el día se arrastra
sin que lo adviertas,
y la alegría
que tú busques más tarde,
ya será ida.

Un día en que el destino
nuble tu gloria
como a la Luna, y yazcan
las orgullosas
familias y hombres,—
¡verás cómo han pasado
reino y honores!

¡Ah! Entonces aquel día
de gran tristeza,
serán, los de tu casa,
tristes de veras;
los fuertes brazos
de fuertes voluntades
serán atados.

No habrá orgullo de cuna…
su gran cabeza
que eres tú, yace herida…
¡Oh, nunca fuera!
¡Y el negro duelo
de las necesidades
se llegará a ellos!

Recordarán entonces
con amargura
tu grandeza y victoria
una por una
cómo han pasado,
y serán más sus lágrimas
que el Océano.

Los vasallos señores
que de ti en torno
eran como corona
para tu trono,
cuando sobre ellos
no imperes, saldrán todos
para el destierro.

En extraños países
su porte altivo,
expresión de su orgullo,
será abatido.
Allí su rango,
y todo, hasta su nombre,
será olvidado.

La fuerte raza digna
de mil imperios
verá que fue su fama
no más que un sueño,
pues las naciones
no tendrán más recuerdos
ni más honores,

que aquella gran justicia
de aquellos años
en que fueron gran pueblo
bien gobernado,—
época insigne,
que era el pueblo, tres pueblos.
Y el reino, triple.

En México, la espléndida
urbe, entre todas.
Mandaba el poderoso
Montecuzoma;
era el Monarca
Netzahualcóyotl Justo
quien gobernaba.

En Culhuacán bendita
y el esforzado
Totoquiel, mantenía
bajo su mando
siempre severo
Acatlapán famosa,
el tercer reino.

Mas tú tampoco debes
ser olvidado,
ni el bien que por doquiera
sembró tu mano:
acaso el trono
en que te hallas no es obra
del poderoso

Dios, que no admite iguales,
Creador de todo,
¿de cuantas cosas grandes
miras en torno,
Creador perenne,
hacedor de los Príncipes
y de los Reyes?

Netzahualcóyotl ama
lo placentero
que tú sabes. Recorre
mi jardín bello:
ciñe tu frente
con la fresca guirnalda
de flores leves.

Netzahualcóyotl es
feliz; no vano:
pon oído a su música
y oye sus cantos;
porque no cuida
sino en que se complazca
tu fantasía.

No son las cosas vanas
sino una sombra:
los triunfos, los honores,
las cosas todas,
son vanas sombras
que guardan semejanzas
de tales cosas.

Y tanto como es grande
la verdad, ruégo-
te, contestarme ahora
como hombre bueno,
una, sólo una,
pues contestarla puedes,
esta pregunta:

Cihuapán, el valiente,
como no hubo otro,
y Quauhzintecomtzin,
el poderoso;
y el noble, el fiero,
aquel gran Cohuahuátzin,
¿qué se hicieron?

Han muerto y ya no han dejado
señal ni nada;
excepto esto de vano:
su nombre y fama,
que son un soplo…
se han ido de este mundo
y están en otro…

Yo quiero —que los amo—,
que un amor fuerte,
con un lazo de flores
ata y envuelve;
en verdad pura,
puedan ver de la Muerte
la espada aguda,

sin temblar. Porque sepan
lo que son dichas,
los placeres veloces
y fugitivas
riquezas grandes
las cosas de la vida
son inconstantes.

Nezahualcoyotl-codice
Nezahualcoyotl (1402-1472), señor de Texcoco, tal y como aparece retratado en Códice Ixtlilxochitl del siglo XVI.

Elegía II

Dad oído, vasallos,
a las lamentaciones que en mis cantos,
yo, el rey Netzahualcóyotl,
hago conmigo mismo,
meditando la suerte del Imperio.

—¡Oh Rey! —digo a mí mismo—,
Rey desasosegado, Rey endeble,
después que tú hayas muerto,
tu pueblo confundido y trastornado,
en vano buscará tu sombra amiga:
tu sitio en el festín será un vacío:
se sentirá que entonces sólo reina,
el Todopoderoso…

¿Quién pudo haber pensado, habiendo visto
los Palacios y Corte,
la gloria y el poder de aquel anciano,
el Rey Tezozomoc, ¿qué aquellas cosas
debían tener fin? Y sin embargo,
debían perecer y marchitarse,
porque estos son los frutos de la vida,
disgusto y pesadumbre. Todo es algo
que se gasta y que pasa…

¿Quién no entristecerá con el recuerdo
del antiguo esplendor de este tirano:
de este anciano marchito;
de este sauce sediento, que nutrido
por la humedad de su ambición sin bordes
y su dura avaricia,—
señoreaba las bajas praderías
y los campos floridos…
floridos mientras dura
el tiempo de la dulce primavera;
pero a la larga, decaído y seco,
las crudas tempestades del Invierno
le arrancan de raíz y piezas hecho
le esparcen con furor por la llanura?

Hoy con esta canción traigo a la mente
las cosas que florecen por una hora,
y presento en la suerte
del Rey Tezozomoc, un vivo ejemplo
de la humana grandeza:
¿Quién de cuantos me escuchan
pueden negarse al llanto?

La alegría y placeres de la vida
son un ramo de flores,
que fragante pasó de mano en mano,
hasta que, en fin marchito,
mustio, ajado… ¡se torna en polvo leve!

Cierto, las alegrías y placeres
son puñado de flores:
perfuman por un día; mas ¡qué pronto
se deshojan y mueren!

Dejad, pues, mis amigos,
a los alegres pájaros
cantar, regocijarse
con la belleza de la Primavera,
gozar las mariposas
con la miel y perfume de las flores;
porque, la vida, amigos,
es como tierna planta:
¡tan pronto es arrancada, y ya está marchita!

Elegía III

Parece que la Tierra
en su calma severa, meditara…
nada se libra de una oculta guerra:
siente el ejemplo, de la fuente clara,
que a no volver, atrás deja, y no para,
en brazos y al azar de la Fortuna
la gruta jubilosa que es su cuna.

Corre a los vastos senos del Oceano,
y cuanto más se ensancha su camino,
más se acerca ¡cuán gárrula y sin tino!
a la tácita y cruel, que olvida en vano,
muerte con que le aguarda su destino.

Ya no es, lo que fue ayer. Y así el Presente
no fía en el mañana su ventura;
llenas las huecas tumbas pestilente
polvo, que antes fue amor y fue hermosura.

Los reyes que sostuvo un tablón de oro,
no más conquistarán ni reinarán…
todos saben que allí está aún su tesoro…
pero ellos ya no son… y no serán…

Han pasado los reyes y sus glorias
como el humo orgulloso
con que macula el cielo esplendoroso
la Montaña —que— Humea tan mentada;
sin dejar monumento ni recuerdo
si no es el analté de piel frotada
donde está escrita en signos indelebles
la fecha de su muerte y de su nada.

 


NETZAHUALCÓYOTL (“Coyote que Ayuna”, 1402-1472). Monarca (tlatoani) de la ciudad-estado de Texcoco en el México antiguo. En su tiempo, fue el principal aliado militar y político de los mexicas, pueblo con el que estaba emparentado por la rama materna, aunque no se le considera de raza mexica sino chichimeca. Ejerció el poder y se desempeñó notablemente como poeta, erudito y arquitecto. La mayor parte de la poesía escrita o atribuida a él no fue recopilada por especialistas sino hasta el siglo XX, aunque ya era conocida desde los tiempos de la colonia. Las versiones de Francisco Gavidia traducen, reconstruyen en métrica española y expanden sobre los originales. Algunos ejemplos notables de libros en los que aparece recopilada la poesía de Netzahualcóyotl son:

  • Campos, Rubén. La producción literaria de los aztecas, México: Talleres gráficos del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, 1936.
  • Garibay, Ángel María. Panorama literario de los pueblos náhuas. México: Porrúa. (2.ª ed., 1971).
  • Martínez, José Luis. Nezahualcóyotl. Vida y obra. México: Fondo de Cultura Económica (FCE), 1972.