Miroslava Rosales: “Carta de Medea desde un café” (poesía)

La poesía tersa y matizada por un influjo clásico de una escritora salvadoreña radicada en México.

Miroslava Rosales
Arte de Carlos M. Barrios
La Zebra | # 35 | Noviembre 1, 2018

Venida

Saliste de las sombras,
lento venías hacia mí,
lento manantial, lento, descenso,
lento susurro venías así de brillante a mis ojos,
y te acercabas como viento,
y entré a la gruta de tu corazón,
y, entonces, bebí toda el agua que brotaba de ti, tan clara,
tan fresca, tan oscura.

Tu venida de sol inesperada, silenciosa,
llenó mis grietas de luz necesaria,
y me elevabas a tu condición de astro intacto,
y descendía a la sima de lo incierto,
porque me habías hecho sombra y no espléndida brisa,
que viajara cantando por el mundo,
como un pájaro por fin libre.

Ah, tu venida abrió la estancia de sangre,
la estancia del amor que después se cerró.

Tu cuerpo

He besado tu blanco cuerpo de mármol solitario,
hermético refugio en la noche,
árbol de nieve encendida,
río de limpio estaño.
En ti descansan los ojos en el ámbar más puro,
que de día parecen carambolas detenidas,
pequeños y nublados soles.

He besado tu cuerpo de tierno nácar,
delgado cuerpo nacido de las sombras siempre distante,
cuerpo que derrumba los elevados muros,
porque siempre del mar obtienes la fuerza.
Tu cuerpo no perece, vuela, no se consume, renace siempre.

He besado tu bronco cuerpo con la ternura de una brisa,
como si se tratara de una pluma recorriéndolo,
como la seda deslizándose,
como una llovizna interminable.
Tu cuerpo es mi raíz al mundo.

Tierno árbol

Detrás de la frontera más alta,
detrás de la quietud de tu materia,
detrás de la insepulta noche,
surges como el árbol más frondoso,
intacto el amor en tus frutos,
no cubiertos por el fango;
sólo las manos del miedo se tocan,
como a mí en el silencio,
y se enrollan en nuestras raíces,
y aún así reluces en la triste tierra:
árbol herido que eres el descanso de muchos,
porque en tus ramas sus lágrimas caen
como pájaros negros sin cantos.

Tierno árbol que el tiempo no te seque,
que la brisa, la fresca brisa de la vida te selle.

Solo

Al saber de una muerte

Estás solo a la orilla del mundo,
tan solo, torbellino, en este circo,
tan solo, meteoro, en este túnel.
Tu paso silencioso al abismo es inútil,
inútil el encierro de tu llanto.
Estás más solo, solo en las calles,
las calles y su ruido alargan tu angustia.
Estás hecho un acero cubierto de cenizas
hoy sin tu padre bajo tierra.
Estás solo, en recinto glacial,
en la punta más alta de lo incierto.

Carta de Medea desde un café

Jasón

te seguí a tierra extraña colmada de cuchillos y balas
una tierra con un lenguaje de violines decaídos
y ballenas de luto

¡qué gran desgracia son los amores para los mortales!

crece el invierno en este café de largas ventanas
y hombres de aluminio
cuando recuerdo tus promesas
hoy lanzadas a la trituradora
yo que soy la heredera del sol y los relámpagos
no puedo levantar el rostro en busca de las constelaciones
mi palabra ha caído en el ácido
¿qué ha sido de mis fuentes de girasoles
de mis árboles resistentes a los sismos
de las verbenas de mi patio y las luciérnagas y la brisa
de mis pétalos
del oleaje de mi vientre
del extenso bordado de mi corazón con lentejuelas?

yo

la leona en vigilia el puñal la conocedora de venenos
despedacé a mi hermano
crucé el Atlántico
con un corazón en evidente deterioro
todo por tu palabra tu melena tus huellas

¡qué gran desgracia son los amores para los mortales!

jasón me has partido en rebanadas con tu perfidia
el corazón herido de amor
sin refugio
ni cimientos
me has dejado
bajo la lluvia

El país

Porque el plomo de la mentira cae, hirviendo,
sobre el cuerpo del pueblo perseguido.
Efraín Huerta

País mío, país nuestro,
país de madres decapitadas y ninfas sarnosas,
de cíclopes tatuados con cuchillo en mano,
de ancianas sin la claridad de la luna;
de niños, niños anhelando los violines del mar y del cielo,
los clarinetes de los bosques sin manchas de vinagre.
República del excremento,
país de cerdos que devoran los corazones de los más pequeños,
país, país, país,
de cocodrilos,
país mío un cadáver la esperanza, leños secos los burócratas,
país de clicas que se expanden
como células cancerosas en un cuerpo de edad avanzada,
de fosas clandestinas,
país de homeboys y palabreros,
cárceles atestadas de aguijones, moscas y ratones.
País sin mausoleo digno de veneración,
nadie te ofrenda cantos de gloriosa paz y trompetas de oro y jazmines y margaritas de manantial.
País el ataúd de mis palabras, del viento marino, del aroma de los pinos.
País sangrante fruto sobre mi mano,
país de plagas,
país en tus funerarias no hay más ojos abiertos
ni música capaz de dar miel.
País mío,
contemplo tus escombros de templo de gusano,
en medio sólo el llanto se alza como bandera descolorida.
Te adentras a mí con las páginas sangrientas de los periódicos,
ahí veo mujeres mutiladas de su fe,
mutiladas de los acordes del alba y de las mariposas,
niños sin arcoíris ni globos.
País de gases lacrimógenos, machetes y fusiles contra el sol,
piara de policías y políticos,
cúmulo del rencor,
de siglos de sangre putrefacta,
de siglos bajo infamia,
de miedo en la boca.
Sólo mordazas. Sólo mordazas en ti.

Hermanos míos,
todo el país la línea blanca,
la elegía de las ballenas.
País, el peso de tus lágrimas me hunde en la desolación.
País,
amoroso jardín para los bendecidos por el dólar y las joyas,
por sus cuentas bancarias,
por aviones privados de la traición.
¡Gloria a la bestialidad!
¡Gracias por nuestro hundimiento!
Nada de nuestros sueños quedará en pie,
sólo sus bancos y sus compañías y sus centros comerciales y sus partidos políticos.
Nada de nosotros quedará en pie ante la tempestad de las sierras eléctricas.

 


miroslava_rosales

MIROSLAVA ROSALES (El Salvador, 1985). Poeta y cuentistas. Magíster en Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Guanajuato. Ha sido editora de la revista Cuadrivio. En poesía ha publicado: República del excremento (Editorial La Chifurnia, San Salvador, 2017); Los tiempos del níspero (Editorial Cerro del Viento, México, 2017).

Arte: “Hola”, de Carlos M. Barrios, junio de 2017.