Gustavo Pineda: “René, muchacho de la lluvia” (memoria)

Un retrato del poeta salvadoreño René E. Rodas (1962-2018), entresacado de los recuerdos de guerra de otro poeta de su generación.

Gustavo Pineda
Arte de Carlos M. Barrios
La Zebra | # 36 | Diciembre 1, 2018

In memoriam
René E. Rodas

De pelo largo y ojos verdes, ibas transitando con tu gran cebadera casi matata. Ahí dentro vivías bien protegido. Ahí tus poemas eran vecinos del cepillo de dientes, de los exámenes de literatura de tus alumnas y colindantes con tu alma que eran dos ojos de llamas que iban destruyendo las estupideces y frivolidades, feliz iconoclasta eras, bohemio y humano hasta la última hebra de tabaco hecha brasa en la oscuridad de la madrugada de la guerra.

“Vieras que astral ésta, mi abuela, ella cree que son los años treintas y acaba de regresar de Cuba”, me narrabas.

Era el tiempo de las tertulias, con los amigos Ricardo Lindo, Carlos Santos, Mauricio Berganza, Edwin Pastore, Quincho Meza, Miguel Ángel Chinchilla, Oswaldo Caminos, etc. Alguna vez hicimos cadáveres exquisitos doblando en acordeón las hojas y era de lo más divertido.

Aprendimos nahualismo y así eludíamos las patrullas de soldados y el acoso de la Policía porque nos transformábamos en cotuzas. Tenías un hermano gemelo real o imaginario, y eras guerrillero urbano, que se desplazaba por la colonia Centroamérica combatiendo enemigos imaginarios o reales —eso ya no interesa, pues era parte de la astralidad de tu abuela o del misterioso ciclo de Venus—. La guerra se quedaba chiquita porque tu ingenio te hizo guerrero de constelaciones y nebulosas al igual que cipitzin y los otros Muchachos de la Lluvia.

Te vi partir al exilio un día en que sólo teníamos un Delta para celebrar ahí por el cafetín de AGEUS. Era 1985, pero quizá era 2018. Luego fuiste de los primeros que me ofreció alojamiento en Canadá y me exigió que me salvara. Pero por las artes del nahual que con vos aprendimos, sobreviví en San Salvador transformado en una bolsa de mango twist, así mi nombre de mango-twist-con-alguaishte no figuraba en las listas de la muerte. Después de dos guerras, la de acá y la de Guate —que es igual a cuatrocientas guerras—, te vi regresar enérgico, habiendo lidiado con las sirtes del poder y habiendo escrito algo a una Lisa Island que me afectó pues tengo una Lisa en mi obituario.

Acá te recibió Cuxcatan con los amigos y con el romance pendiente de Claudia, que tuvo lugar finalmente, y con las grandes tertulias literarias. En fin, acá se te recibió como siempre recibe la tierra del Jaguar. Pero eras de los que iban y venían al igual que las ballenas con las que nadaste algún día. Creo que fuiste hasta el Tíbet real o poemariamente, ahora no interesa.

Pero hoy, esta noche que se me ha hecho tremendamente dura, es 1985 de nuevo, como aquel día en que, afligidos por la persecución, nos despedimos compartiendo un cigarro allá detrás de la Facultad de Derecho.

Siento el mismo cariño y, aunque destrozado, igual sigo alzando el estandarte del Jaguar.

¡ADIÓS, RENÉ RODAS!

Posdata: Los Maeses ya nos estamos trasladando: Mauricio Berganza, Ricardo Lindo, René Rodas… Haceme un favor, René: háganme lugar que ya no tardo, no fui a Canadá pero ahí donde ustedes, no puedo evitar ir. Recibime con un Delta.

 


GUSTAVO PINEDA (1962). Poeta y abogado, asesor de Pueblos Indígenas. Eventual poeta ganador del certamen “Oswaldo Escobar Velado”, centro Universitario de Occidente Santa Ana 1990. Seguidor y promotor de la espiritualidad maya.

Arte: “Stop bombing each other”, de Carlos M. Barrios, julio, 2014.