Josefina Peñate y Hernández: “Pasión” (poesía)

Exquisitos poemas en prosa de una de las primeras escritoras feministas de El Salvador.

Josefina Peñate y Hernández
Arte de Carlos Alberto Imery
La Zebra | # 43 | Julio 1, 2019

Pasión

Delgada, sumamente delgada, tal diríase que ya está siluetizándose la chiquilla de ojazos negros y de blanquísima epidermis. Poco come y casi no duerme. Y en sus vigilias cree sentir una sonriente y deliciosa posesión, como si un súcubo en el silencio de la noche la acariciara. Y es que recuerda el minuto tremendo en que su adorado la inició en los misterios de la Carne para despreciarla después.

La Carne, ¿ata eternamente? ¿Hay algún prestigio en la Carne?

Santifiquemos el pecado hasta convertirlo en virtud. Refinemos el deseo hasta trocarlo en gracia, y entonces las manecillas del reloj darán, siquiera, ¡un recorrido más a la esfera impasible!

Montañas

Hasta en sus curvaturas imita las suaves curvas de la mujer.

¿No encontráis una secreta y divina analogía entre sus flancos y los armoniosos flancos de la hembra? Todo en ella es majestad, suprema belleza.

Desnuda, armoniosa, muestra su lineamiento en todo su esplendor: es el mejor símbolo de la mujer.

Sobre los cielos de la humanidad ella se perfila con precisión y arrogancia. Alto emblema de la vida, fecunda, majestuosa, para ella fue hecho todo lo bello y lo grande. Las serpientes que se deslizan en la maleza le dieron su astucia; la pantera, su pasión felina y su crueldad; los pájaros, su ligereza y sus trinos; las rosas, su fragancia y suavidad; la tierra, todo su poder de gestación; y las estrellas encendieron en su corazón y en su pensamiento una lámpara infinita para alumbrar los altares de la eternidad.

Por eso en la naturaleza ella es la suprema dominadora, y pasa luciendo los atributos de la divinidad aunados al sexo triunfador.

Cuadro serrano

El sol da sus últimos toques anaranjados al cielo; parece abrazarlo en una sola e inmensa llamarada. Las aguas parecen tomar todos los matices: desde el oro y el lila hasta el rojo desvanecido. Los grandes árboles inclinan su ropaje fastuoso sobre las aguas dormidas como queriendo esquivar la ardorosa caricia.

Troncos de árboles caídos aquí y allá. Apoyada en uno de estos negros troncos está la linda chica hija de los pastores serranos. ¡Cuánta tristeza y desolación hay en sus ojos! Sobre su blanco corpiño aprieta una hermosa corola encarnada, tal vez el último recuerdo del ingrato amante.

Ella, con sus ojos plenos de melancolía, quizá interroga en la hurañez y tristeza del paisaje la muerte de su grande, de su único amor… La niña interroga al paisaje, pero las dulces voces de la naturaleza no encuentran eco en su corazón, no pueden hacerse oír.

Está envuelta en el resplandor incendiario del crepúsculo y no alcanza a comprender cómo, con llamas, se despide todo en la vida. El último destello, el último fulgor del sol de nuestra dicha, antes de ocultarse para siempre, tiñe con majestad lo que antes fuera locura de luz, para dejarnos sumidos en la sombra. La pasión no dura sino lo que un día. Pongamos sobre esos rayos pasionarios la suave lumbre de nuestra inteligencia, de nuestra comprensión y de nuestra generosidad, y entonces con el último beso solar comprenderemos la amarga filosofía que nos enseña a considerar efímeras las ilusiones, que no son sino espejismos, y a esperar la desnuda, la escueta realidad que se renueva todos los días.

Cuadro de algún pintor desilusionado, sobre la severidad del muro familiar, parece mecerse a impulsos de la brisa: y como por encanto, la brisa parece jugar entre la bien pintada espesura, y la bella hija de los bosques parece comprender el intenso minuto emocional que sacude mi espíritu. Sus ojos miran con melancolía más honda, y sus labios fingen contraerse con una desengañada, dolorosa y resignada sonrisa…

Gobiérnate con tu inteligencia

Camina con tu lámpara, que ella te avise de los peligros del sendero. Pero como las Vírgenes Prudentes, mantenla encendida; no sea que el Divino Esposo llegue y no lo sientas porque estás dormida, y no lo puedas adorar porque tu lámpara está sin luz. Esa lámpara es tu inteligencia. Sujeta todo a los dictados de la razón y desecha lo que, halagando tus sentidos, te rebaje al nivel del bruto.

Mantiene esa lámpara encendida.

Esterilidad

Si algo debe ser bendito en la vida del hombre es la esterilidad. Un hijo de nuestro amor, decimos. Debiéramos decir un hijo de nuestro egoísmo, de nuestra cobardía. Necesitamos de un corazón que tiemble de amargura junto al nuestro en el minuto de la partida sin retorno, y dejamos después un guiñapo de tristeza rodando sobre los páramos desolados de la existencia. Así vencemos a la Muerte, dicen unos, sin comprender que la Muerte lo arrasa todo.

Adiós

Cuando en el aire se agitó mi pañuelo para llevarte mi adiós, vi cómo la amargura ponía su mano invisible en tu semblante pálido. No sé por qué, siempre, toda despedida es triste cuando no caminamos en la vida, juntos, sino un minuto. La verdadera fraternidad, el legítimo enlace es la comprensión, y cuando ésta finaliza ya no hay enlace posible: queda simplemente la cadena maldita del deber atando nuestra garganta.

 


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JOSEFINA PEÑATE Y HERNÁNDEZ (El Salvador, 1901-1935). Nombre literario de Josefa Claudina Peñate Hernández, fue una poeta, narradora y articulista salvadoreña. Se cuenta entre las primeras escritoras feministas del siglo XX, discípula de Victoria Magaña de Fortín. Publicó tres libros en rápida sucesión: Esbozos (ensayos y conferencias, Tipografía Comercial, Santa Ana, 1928); Surtidores (miscelánea de aforismos, poemas en prosa y artículos de opinión, Tipografía Comercial, Santa Ana, 1929); y Caja de Pandora (cuentos, Imprenta La República, San Salvador, 1930). Tres antologías incluyen su obra, como cuentista o poeta: la Antología de cuentistas salvadoreñas, editada por Willy O. Muñoz, San Salvador, UCA Editores, 2004; Huellas ignotas: Antología de cuentistas centroamericanas (1890-1990), editada por Willy O. Muñoz, San José, Costa Rica: EUNED, 2009; y Las muchachas de la última fila (Índice general de poetas salvadoreñas 1848-1995), edición de Vladimir Amaya, Zeugma Editores, 2017. Los poemas seleccionados provienen de su libro Surtidores.

Arte: “Le repos”, grabado de Francisco Cisneros. Fotografía de Josefina Peñate y Hernández, de la colección de Jorge Ávalos.