J. Ávalos y E. L. Ortiz: “Once cortometrajes de cine de El Salvador” (guía)

Disponibles en línea, 11 películas breves realizadas en la última década.

Jorge Ávalos y Eduardo L. Ortiz
La Zebra | # 51 | Marzo 1, 2020

De alguna manera, esta es una antología de cortometrajes salvadoreños. Nuestra elección tiene dos limitaciones, una es deliberada, la otra, es práctica. Por un lado, está limitada en el tiempo a las producciones de cortometrajes de ficción realizados en la última década, de 2009 al 2019. Por otro, está limitada a las obras que están disponibles en línea y pueden ser vistas gratuitamente. Pese a esta segunda limitante, creemos que la selección representa muy bien el desarrollo del cine salvadoreño más imaginativo —de ficción y experimental— realizado en la última década. Es cine de autor, sin duda, y por ello, es creativo, personal y nos aporta una experiencia estética. Aunque no podemos decir que esto es “lo mejor”, porque no tuvimos acceso a todas las producciones, nuestra selección está muy cerca de ese ideal.

El criterio de selección se fundamenta en cuatro aspectos que, en común, nos demuestran una pasión por el cine de parte de sus realizadores:

  • Una irreprimible necesidad expresiva impulsa a sus escritores y directores
  • Las obras poseen conciencia de estilo, es decir, un lenguaje propio
  • Una audacia creativa los distingue, y sin ella no existirían
  • La visión de autor es claramente identificable

La calidad evidente de esta selección nos confirma que el terreno para la creación del cine de ficción en El Salvador ya está establecido y su potencial está latente. El desarrollo de un sector de producción audiovisual más profesional y más fuerte, creado en función de la publicidad y del sector privado, está contribuyendo al desarrollo del cine de ficción. Mayor calidad técnica implica mejores valores de producción, además de una representación más fiel de la visión de los guionistas y directores. Asimismo, en la última década, el sector teatral se ha profesionalizado, dando como resultado una nueva generación de actores profesionales como nunca antes había existido en El Salvador.

De las 11 películas seleccionadas, sólo dos —Paula y Pulsión— fueron dirigidas por mujeres, Brenda Vanegas y Gabriela Novoa, respectivamente; pero la visión de la mujer está plasmada en la mayoría de las producciones, como nunca antes, en parte por una mayor integración de mujeres en la cadena profesional de producción de cine. Cinco de los cortometrajes fueron concebidos y escritos por mujeres: Paula por Brenda Vanegas; ¿Te vas a acordar de mí? por Gabriela Turcios; El jardín de Lucía por Gabriela Dada; Instafood por Laura Alvarado; Pulsión por Gabriela Novoa. Ocho de las películas están centradas en personajes femeninos, y en los tres cortos experimentales la colaboración con intérpretes mujeres es esencial al proyecto, y sin ellas estas producciones no existirían (El niño sombra, A solas y Pulsión).

Nuestro propósito original era escribir un ensayo sobre el cortometraje en El Salvador, pero muy pronto descubrimos que no hay ni una historiografía comprensiva ni suficientes reseñas críticas para construir una historia responsable, apegada al método. Así que un abordaje primordial a la historia del cine salvadoreño debe pasar por esta etapa: de una apreciación preliminar de las producciones existentes que nos conduzca a una valoración objetiva de sus fuerzas y sus debilidades, tanto técnicas como artísticas. Nuestra selección, por lo tanto, es un aporte que, esperamos, inspire al diálogo sobre el estado del cine en El Salvador.

Según un estudio de la Universidad de El Salvador, en la década comprendida entre el 2000 y el 2010, se realizaron 41 cortometrajes de ficción en el país.[1] Un sondeo de los artículos de prensa y de las reseñas sobre estos cortometrajes confirman una realidad contundente: la deplorable calidad de la gran mayoría de ellos, aun cuando fueron producto de talleres “profesionales” de cine. Incluso si ignorásemos la calidad técnica, debido a los límites de producción en un taller, los guiones y las actuaciones reflejan fallas insuperables desde las perspectivas literarias e interpretativas, derivando en productos de muy pobre calidad dramática y de nulo impacto artístico.

Una ventaja que han tenido los cineastas durante la última década, es que la frontera técnica entre el cine profesional y el cine amateur se borra por completo cuando desaparece la distinción entre el cine y el video. Esta es una cuestión técnica de soportes de rodaje. Esta distinción ya no existe. Nuevas tecnologías han reemplazado casi por completo los soportes analógicos y los han reemplazado por soportes digitales, los cuales a su vez son más fácilmente manipulables por medio de una variedad de programas. Obviamente, el acceso a cámaras y ópticas de mejor calidad aún es caro, pero no es del todo inalcanzable. Un efecto de esta evolución es que muchos de los esfuerzos del cine independiente realizado antes del 2010 nos parecen ahora reprobables. Hay entrevistas y reportajes en los medios de prensa sobre cineastas que “casi” logran hacer cine.[2] Esto también nos parece, además de reprobable para el periodismo, vergonzoso.

En una entrevista de El Faro con El Kolectivo San Jacinto, uno de sus miembros, Henry Martínez, afirmó que el cine de El Salvador tiene músculo pero no cabeza. Forma y contenido no siempre van de la mano, pero la pretensión de que un cine técnicamente fallido puede trascender ha resultado ser falsa: las fallas técnicas —de fotografía, de sonido, de guion, de dirección, de edición o de actuación—, crean ruidos semióticos que obstaculizan la recepción del contenido, y a veces, incluso, provocan un efecto contrario al esperado. La historia nos ha demostrado que la impericia técnica es tan fatal como la ausencia de contenidos. “Puede haber técnica sin arte”, dijo Le Corbusier, “pero no hay arte sin técnica”. Es en el oficio técnico —del guion, la dirección, la fotografía, la edición y la actuación— donde se construye la filigrana estética que hace que la visión se imponga y el arte —fondo y forma, integrados— trascienda.

La distinción fundamental para el mejor cine no surge, por lo tanto, al favorecer una oposición entre técnica y contenido, sino en la de favorecer una visión artística coherente versus la mediocridad. El rol de los guionistas y de la etapa literaria de la cadena de producción deber ser mejor reconocido. Sin un buen guion, nunca habrá buen cine. Un artista con pocos recursos puede hacer arte: lo han demostrado los cineastas salvadoreños Guillermo Escalón y Jorge Dalton. Pero un artista mediocre sólo puede crear productos mediocres no importa cuántos recursos económicos y técnicos tenga a la mano.

Cinema Libertad

Dirección y guion: Arturo Menéndez
Ficción, 2009 – 26 min.

Cinema Libertad es un parte aguas en la producción nacional de cine de autor. Con este cortometraje, la visión creativa de un director contó, por primera vez en el período de posguerra, con el apoyo incondicional de una productora comercial para crear una pieza bien acabada. Que la historia sea un homenaje al cine contribuye a darle un aura mítica. Esta era, apenas, la segunda incursión en la ficción para Menéndez, después de Parávolar (2008). Cinema Libertad fue un éxito en el circuito artístico: logró ser vista en 23 países y 29 ciudades, y ganó el premio a “Mejor película a través de los ojos del mundo” en el Festival CAFF, en Roma, Italia, 2009; además de ser seleccionada para la Berlinale. La bella fotografía de Francisco Moreno es, por sí misma, una elegía visual al centro histórico de San Salvador, entonces en decadencia. Cinema Libertad es la historia de un niño de la calle, Nacho, que entabla amistad con una niña que vive con sus padres en la ciudad, Ela. Sin reconocer las barreras sociales que los separan, los niños construyen un universo propio en medio del desastre urbano del centro de la ciudad. Un día de tantos, con recursos artesanales y una alta dosis de imaginación, los niños logran darle vida a una sala de cine abandonada, habitada por indigentes que despiertan asombrados a la magia de una proyección de sombras chinas cuando un rayo de sol ilumina las manos de los niños. Una parábola, como pocas, sobre la vitalidad del cine pobre. Después de este cortometraje, Menéndez consolida su carrera como director y dirige dos largometrajes: Malacrianza (2014) y La palabra de Pablo (2018), que han ganado premios, presencia en festivales de todo el mundo y distribución internacional.

El niño sombra

Dirección y guion: Jorge Ávalos
Ficción experimental, 2010, 14 min.

El niño sombra es una verdadera rareza: una ficción conceptual. En el fondo, es un homenaje al juego y al poder de la imaginación. Tres talentos salvadoreños se suman para formular un universo propio, minimalista en la forma, profundo en su contenido. Inspirado por la música del compositor Arturo Corrales, Jorge Ávalos trabaja con la actriz y bailarina Isabel Guzmán Payés, quien interpreta al “niño sombra” al momento de evocar un mundo de su propia creación poblado por animales fantásticos. Dado que toda la acción transcurre en un limbo blanco, no hay más textura sensorial que la que proporciona la música, con sus sonidos extraños y sus frases insistentes e incisivas. Aunque El niño sombra no sigue los lineamientos convencionales de una ficción, el personaje sí tiene un arco narrativo que culmina con la destrucción de la razón, cuando, jugando a ser un gato, el niño bota todos los libros de una librera. Agotado, regresa a su posición original y recomienza otro ciclo de juegos, pero esta vez se transforma en un pájaro. La precisión en el trabajo físico de la intérprete es excepcional. Desconocida cuando esta pieza se gestó, Guzmán Payés es ahora una de las actrices más celebradas en Costa Rica, reconocida en particular por su aporte al teatro musical. Jorge Ávalos ha dirigido otros dos cortometrajes en El Salvador: Duro de amar (2019), ganador a la mejor actuación en el Festival de San Giò, Verona, Italia; y La esquina (2020), premio del Fondo para las Artes de San Salvador (Fomcass). El niño sombra se produjo en 2010 y se perdió en un incendio. En 2018 se descubrió una memoria que contenía una copia de baja resolución. Fue restaurado por Federico Krill de Norte Film.

Paula

Dirección y guion: Brenda Vanegas
Ficción, 2011 – 17 min.

Uno de los largometrajes más bellos realizados en El Salvador, Volar (todavía en post-producción) es obra de Brenda Vanegas. Su primer ejercicio en el cine de ficción es Paula, y ya con él nos introduce a su preocupación temática fundamental: la búsqueda de la redención. Sus personajes son mujeres heridas que luchan por escapar el patrón negativo de sus vidas, inseparable del tejido social al que pertenecen. Son mujeres rotas que se enfrentan a la paulatina muerte de sus almas. En este caso, una redención implica un renacer. El personaje central del cortometraje es Mariana, interpretada por la actriz Karen Castillo. Brenda presenta su historia como si fuese una suerte de thriller, es decir, convirtiendo a Mariana en un personaje que debe cometer un crimen para salvarse. Cómo Vanegas resignifica el género es parte del placer de ver este cortometraje. Si Cinema Libertad nos abre la puerta al nuevo cine de ficción en El Salvador, es Paula la obra que nos señala una dirección clara hacia un horizonte dramático más vasto del que habíamos sospechado.

Inés

Dirección y guion: Carlos Escalón
Ficción, 2012 – 8 min.

Una mujer, Inés (Patricia Trigueros), duerme desnuda en una cama. Al despertar descubre en la pared de su apartamento un dibujo de ella misma durmiendo desnuda en su cama. Es una representación exacta de lo que vimos al inicio. Ella intenta borrar el dibujo con la mano. Su estupor nos revela que desconoce el origen del dibujo e ignora quién lo hizo. En los primeros segundos del cortometraje vemos a alguien salir del apartamento, ahora esa visión borrosa parece cobrar sentido, pero el dibujo parece retratar lo que está ocurriendo en el presente, después de que ese personaje se fuera. Así que estamos ante un enigma: o Inés es un sutil cuento de fantasmas, o es la historia del acoso por un voyeur que la conoce demasiado bien. En todo caso, este es el cortometraje más misterioso que hemos incluido, y está bellamente fotografiado por David Pinto.

A solas

Dirección y guion: Federico Krill
Ficción experimental, 2015 – 3:22 min.

“Ensayos sobre lo incómodo” es una serie de cortometrajes realizados por Federico Krill. Todos son experimentales, y oscilan entre lo narrativo y lo puramente experimental. Las dos características que los unen son: primero, el tema, pues todos nos hablan de esos momentos de incomodidad que logran estremecer al ser humano; y segundo, todos fueron escritos, producidos y editados en un solo día, para ser representados en los eventos de “Varieté” de La Casa Tomada en San Salvador (que cerró sus puertas en 2018). Krill los describe así: son “una aproximación espontánea al audiovisual partiendo de las sensaciones, prescindiendo de la figura del guión y con premisas de realización muy simples; se inventan en el momento y se realizan el mismo día, con una sola cámara, sin luz artificial, sin corrección de color; son una especie de boceto audiovisual para explorar posibilidades estéticas y emocionales”. Entre ellos está presente lo lúdico, como en Gato (2014), o lo poético, como en el evocativo Uno (2015). A solas, aunque sin ser del todo un cortometraje narrativo, gira en torno a un personaje: una mujer (Ingrid Gallardo) aparece en dos tiempos de su vida en una casa antigua, con un vestido de novia y con un vestido de luto. Sabemos que no es una figura del pasado, porque en un momento aparece mordiendo las letras del teclado de una computadora, arrancando con los dientes ciertas teclas. Que los dos tiempos de la mujer se alternen continuamente nos indica que estamos dentro de un ciclo cerrado de emociones. Entre el amor y la muerte, llegamos a comprender, está la imposibilidad del perdón.

Nada

Dirección: Arturo Menéndez
Guion: Javier Kafie
Ficción, 2016 – 6:30 min.

Nada está dirigido por Arturo Menéndez, pero la visión de Javier Kafie, como escritor y productor está detrás de todo el proyecto, que incluye la participación de varios de los creadores o técnicos de los cortometrajes que aparecen en esta lista, por ejemplo: Paolo Hasbún en la dirección de fotografía, y Rodrigo Dada como asistente; Federico Krill en edición; entre otros, además de contar con la asesoría directa de André Guttfreund, el único salvadoreño ganador de un Oscar como productor de un cortometraje: En la región del hielo (1976). Resultado de la suma de varios talentos, este cortometraje de ficción tiene una realización impecable (con la sola excepción de los efectos especiales). Si tiene la impronta de Kafie es porque su guion se centra en un tipo particular de personaje: joven y cínico, hedonista, que no duda en mentir para mantenerse cómodo en su situación. Uno siente la herencia de la literatura salvadoreña de posguerra en su guion: admite la influencia de escritores como Horacio Castellanos Moya y Jacinta Escudos, para citar dos ejemplos claves. De hecho, Kafie lo considera parte de una trilogía sobre los tabúes en la sociedad salvadoreña. El primero de ellos es Perfectos (2014), sobre la incapacidad de los jóvenes de hablar la verdad a sus padres. El tercero es Elefantes (2018) que habla sobre la migración, el aborto y la violencia hacia la mujer, aunque de manera sutil, casi tangencial. Nada obtuvo el premio al mejor cortometraje centroamericano de ficción en el Festival Ícaro en 2017.

¿Te vas a acordar de mí?

Dirección: Danny Portillo
Guion: Danny Portillo y Gabriela Turcios (El Kolectivo San Jacinto)
Ficción, 2017 – 3:10 min.

Conocido por su activismo político, El Kolectivo San Jacinto recurre al “cine de guerrilla”, realizando producciones con una clara agenda social. Dentro de esta tendencia, el cortometraje Prudencia, que apela por un estudiantado organizado para combatir desigualdades, es un buen ejemplo (2017). Aún así, hay varios cortos de El Kolectivo San Jacinto que tratan sobre cómo las personas crean puentes entre el deseo y la ausencia de un ser querido. En una producción de taller, Shhh… (2016), una joven anticipa en su imaginación el momento en que el chico que le gusta en la universidad se acercará a ella y le hablará. En otro, Después del mar (Premio del Público, Muestra de Video Iberoamericana “Movilízate”, Zaragoza, España, 2013), una joven platica frente al mar con su ex novio —ya fallecido—, y le confiesa de que está lista para otra relación. ¿Te vas a acordar de mí? pertenece a este mismo universo emocional. A diferencia de otros cortos del colectivo, que son afectados por debilidades en cuanto a la construcción dramática e, incluso, por algunas impericias técnicas, ¿Te vas a acordar de mí? es muy efectivo. Todo funciona. Las actuaciones de los dos protagonistas se complementan bien, y proyectan emociones reales. El escenario en la ciudad —un tramo de calle inhabilitada para el tránsito— apoya el efecto narrativo porque aporta una pausa temporal y física al caos urbano en el que se mueven. Y la dirección es económica y transparente, es decir, la historia se nos presenta sin desperdicio alguno, con un realismo que, en este caso, se presta para ocultarnos la verdad.

Café Salvador

Dirección y guion: Ángel Ricardo Rysh
Ficción, 2017 – 9:50 min.

Este cortometraje salvadoreño comienza con una incógnita: ¡Está hablado en Portugués! ¿Por qué? Porque es uno de los tantos juegos del director, y descubrir que es así es uno de los tantos placeres de esta comedia, que se centra en un personaje llamado Eugenia e interpretado, efectivamente, por una actriz llamada Eugenia Olán, encantadora en el rol protagónico. No hay una historia per se, tampoco un tema. Café Salvador es el retrato de un día en la vida de Eugenia y el humor está a flor de piel, más en el gozo mismo de hacer cine, de seguir las tribulaciones de una chica universitaria con un equipo de producción. Al parecer, hay algo intrínsecamente gracioso en una buena estudiante, algo distraída, que quiere poner el estudio por encima de los problemas familiares o los dramas de sus amigas. Tanto los movimientos de cámara como los cortes de edición y los efectos visuales contribuyen al humor y a la agilidad de la acción, lo que demuestra el poder del estilo como fundamento narrativo. Rysh es el autodidacta por excelencia. Sí, ha estudiado producción audiovisual aquí y allá, pero su incursión en el cine comienza con su propio, invencible, entusiasmo. Sólo hay que verlo en Daft Punk Stronger Angelo Rysh (2013) para entenderlo. Ha continuado trabajando con una variedad de proyectos, tanto propios como de otros productores. Café Salvador fue el favorito del público en el Notodo Film Festival.

El jardín de Lucía

Dirección: Rodrigo Dada
Guion: Rodrigo y Gabriela Dada
Ficción, 2017 – 5:45 min.

Pocos ideales son tan esquivos como el de la libertad. En la fotografía y los cortometrajes de Rodrigo Dada intuimos que no hay libertad posible sin la construcción de una identidad, un acto de voluntad, sí, pero también de desafío a los roles impuestos por la sociedad. En Cuerpo Dolor (2011), un cortometraje poético que alterna un torbellino de imágenes con textos de Javier Valdivieso, se establece una dicotomía entre cuerpo y alma. En El jardín de Lucía, un corto de ficción realizado durante su primer año de estudios en la Escuela Superior de Cine en México, Dada nos presenta a una adolescente que forma parte de una secta religiosa. En ese contexto nos ofrece una de las imágenes más perturbadoras que hemos visto para representar lo que está mal con una secta: después de un exorcismo, los implicados posan para una fotografía de grupo, sonriendo. La dicotomía entre cuerpo y alma anhela un combate. Cuando la historia llega a su fin ocurre algo que debería ser inesperado, y lo es, pero no nos sorprende. La razón es que Dada nos ha preparado para ese momento. El primer plano en el que vemos a Lucía está dominado por un espacio negativo en blanco. Cuando ella deja su cuarto no la seguimos, en cambio nos acercamos a una reproducción de El jardín de las delicias del Bosco que ella tiene sobre la puerta. Con detalles como estos comprendemos lo que nunca se dice. Las actuaciones y las escenas callan las verdades interiores, pero las imágenes son gritos contenidos. El jardín de Lucía podría ser un sobrio ejercicio universitario, pero apunta a un potencial que no debe ser desperdiciado.

Instafood

Dirección: Roberto Villalta
Guion: Laura Alvarado
Ficción, 2018 – 3:17 min.

Instafood podría ser acusada de ser banal, pero posee una energía y un colorido visual que se ajusta muy bien a la representación tan perfecta de una influencer de Instagram. La chica, en la pulcra actuación de Mariam Santamaría, resulta ser una persona que está al tanto de su propia frivolidad, pero que no está dispuesta a ceder en su obsesión por proyectarse en las redes sociales. Instafood no es nada profunda, pero cada cuadro, en sus tres minutos de duración se ríe, a conciencia, de la banalidad que tan bien satiriza. Villalta es fotógrafo y dirige el cortometraje con una mezcla de eficiencia compositiva e inventiva visual.

Pulsión

Dirección y guion: Gabriela Novoa
Experimental, 2018 – 6:33 min.

Es reconfortante que el más reciente de los cortometrajes que reconocemos en esta lista sea poético. Es decir, nuestros creadores más jóvenes no han perdido la necesidad de experimentar con nuevos lenguajes y provocar emociones desde la formulación de imágenes que se abren a las más variadas interpretaciones. Pulsión fue concebido y dirigido por Gabriela Novoa, que también realizó un cortometraje narrativo, más tradicional, con el fotógrafo Meme Flores: Arreglarse (2019). Es en Pulsión, sin embargo, donde la sensibilidad poética nos ofrece algo muy raro: una experiencia hipnótica que, además, nos propone algo más profundo que sólo se hace claro después de verlo. Esa pulsión del título es el impulso mismo de la vida. En este caso estamos ante mujeres que están cómodas en su piel, y que no necesitan de nadie más para estar completas. Vemos el encuentro de estas mujeres con los elementos, y cómo se apropian de ellos y los dominan: el fuego, el agua, la tierra en sus frutos —plantas— y el aire, curiosamente representado por los vapores de un bloque de hielo al que se abraza una mujer. No se puede hablar de actrices. Novoa las llama “performers”. No hay que equivocarse, por lo tanto. Hablamos de un acto estético puro: del arte como la afirmación más luminosa de la vida. La fotografía de Flores aporta una fuerte cualidad sensorial a las imágenes. Pulsión ganó en el Festival Ícaro el premio al mejor cortometraje experimental centroamericano, y también obtuvo el premio al mejor cortometraje en la categoría Poesía Visual en el Festival Audiovisual de la Escuela Mónica Herrera, San Salvador.


NOTAS

[1] “Caracterización de la producción cinematográfica en el salvador durante el periodo 2000-2010”. Tesis presentada por Lilian María Marroquín Díaz, Carlos Roberto Durán Rodríguez y Martha Marcela Olmedo Grande. Universidad de El Salvador, San Salvador, agosto 2012.

[2] Plática con Noé Valladares, El Faro, 16 de octubre, 2009. Finalmente, Noé Valladares completó este año un largometraje: La travesía.