Jorge Dalton: “Los bueyes con que aramos se deben cambiar” (opinión)

El cineasta salvadoreño-cubano reflexiona sobre la censura del documental cubano “Sueños al pairo”, que retrata la vida, la obra y la persecución del trovador cubano Mike Porcel, co-fundador y director del grupo Síntesis.

Jorge Dalton
La Zebra | # 51 | Marzo 1, 2020

A Santiaguito Feliú

Corre la noticia de que el documental Sueños al pairo, de los jóvenes realizadores cubanos José Luis Aparicio Ferrera y Fernando Fraguela, ha sido censurado por la Dirección del ICAIC. Es importante señalar que no sólo se ha prohibido el documental, sino que también la dirección del ICAIC ha suspendido la Muestra de Cine Joven. La Dirección del Instituto de Cine ha incluso despedido a la directora de la Muestra de Cine Joven, una suspensión que, como bien dice el crítico Juan Antonio García Borrero, significa un fracaso que afecta a todos, sin excepción. Estos sucesos han desatado una gran polémica y el documental ahora está en la redes, donde en un solo sitio, en un día, la vieron más de 27 mil personas.

Me imagino que las razones que han llevado a este nuevo hecho lamentable de censura sea que el documental de Aparicio y Fraguela trata sobre los oscuros acontecimientos que llevaron a borrar de por vida, del ámbito cultural cubano, al destacado cantautor Mike Porcel, por el simple hecho de querer abandonar Cuba y por no estar de acuerdo (durante 9 años vivió en un exilio interno acompañado de censura total, hasta que una comisión de la Naciones Unidas logró su liberación, la cual resultó en su exilio de Cuba). El “no estar de acuerdo” —diferenciarse, diferir, discrepar, disentir acerca de, disentir sobre o no compartir la misma idea, como bien lo describe la Real Academia de la Lengua— ha significado en Cuba, durante estos largos años, toda una condena.

No sólo se borró su nombre y su obra, sino que se aplastó sin piedad a un buen hombre, a una excelente persona y a un gran poeta. No bastaron los “Mitines de repudio”, una práctica aborrecible, cobarde y miserable engendrada en nuestro suelo patrio para enfrentar a cubanos contra cubanos, algo de verdad siniestro que abogo por que algún día se elimine para siempre de la faz de Cuba por el bien de nuestros hijos y nietos. No bastó eso, sino que amigos y colegas de Mike Porcel  (miembros de la Nueva Trova) se prestaron para ese linchamiento colectivo. Linchamientos estalinistas que han sido de las cosas más deprimentes que han pasado en la Cuba contemporánea y, por ende, es una verdad que necesitamos saber todos, reflexionarla, debatirla para podernos curar.

El documental Sueños al pairo, que he tenido el privilegio de ver, está bien contado y bien construido, sin la más absoluta manipulación. No persigue objetivos vengativos ni revanchistas. Es una obra cinematográfica documental que hace justicia a ese buen hombre y pone al descubierto una verdad muy necesaria, por muy dura que sea. No hay nada que se diga en este documental que sea incierto. Eso está presente desde el primer fotograma, apoyado también por los testimonios de Amaury Pérez Vidal, José María Vitier, Frank Fernández y Pedro Luis Ferrer Montes, entre otros, todas figuras importantes del ámbito cultural cubano. Además esta obra cuenta también con la asesoría de Fernando Pérez, el cineasta cubano a quien yo considero la más grande autoridad cinematográfica cubana del presente.

La película contiene momentos conmovedores y sobre todo muy desgarradores. Es una película construida a partir de la emoción y no de la pasión, que presenta una verdad sumamente dolorosa, escabrosa, pero que algunos se empeñan en seguir ocultando hasta la saciedad. Su censura no puede ser más evidente y clara. En ella se pone de manifiesto que uno de los dilemas más grandes y complejos de la Cuba de hoy y la de mañana, será resolver el eterno conflicto con la verdad. A los censores de esta obra y de muchas otras, no les ha importado en lo absoluto este principio: “La verdad siempre será revolucionaria”.

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“Sueños al pairo” es un cortometraje documental cubano de 2020 sobre la vida y obra del músico cubano Mike Porcel, co-fundador y director del célebre grupo Síntesis. Retrata cómo se le aplicó un exilio interno por nueve años y cómo fue borrado de la cultura en Cuba. Escrito, dirigido, producido y editado por José Luis Aparicio Ferrera y Fernando Fraguela Fosado.

Yo nunca conocí a Mike Porcel. Cuando se dieron esos penosos acontecimientos durante el éxodo del Mariel, yo era muy jovencito, apenas acababa de terminar el preuniversitario y llevaba poco tiempo en la Facultad de Letras de la Universidad de La Habana. Yo era un joven estudiante que siempre apoyó la Revolución y como muchos grité: “¡Pin pon fuera abajo la gusanera!” en el desfile frente a la embajada de Perú, pero mi desencanto llegó más temprano que tarde cuando en la cuadra de mi casa se le dio un “Mitin de repudio” a un buen vecino. Le entraron a golpes y a huevazos no solo a él sino a su esposa e hijas que lloraban en medio de ese círculo romano que nunca olvidé. A su hijo mayor, estudiante de medicina que también decidió irse de Cuba, llegaron sus compañeros de aula y escuela y hasta su novia a maldecirlo, a vejarlo hasta no poder.

Días más tarde iba yo por la avenida La Rampa y de pronto una enorme muchedumbre traía a una persona como si fuera un guiñapo humano con un cartel colgado del cuello que se leía: “¡Traidor! ¡Escoria!” Me detuve en la esquina del Yara a ver semejante cosa y para mi sorpresa resultó ser Nelson H. González Batista, trabajador, si mal no recuerdo, de Comercio Exterior, amigo de mi familia, sobre todo de mi padre y vecino de muchos años también de nuestro barrio. Lo pasearon Rampa arriba y Rampa abajo durante todo un día, seguido de una conga improvisada, algo dantesco similar a los linchamientos de la Revolución Cultural China. Ahí me quedé en esa esquina sin poder decir ni hacer nada, impotente, sintiéndome el ser más cobarde de la tierra. No supe más de Nelson hasta que un día logre borrar esa terrible imagen cuando nos encontramos en una muestra de mis trabajos en el Cine Tower de la ciudad de Miami, como en 2006.

Una persona muy cercana a mi casa en esos días de cólera andaba brincando de mitin en mitin, como si se tratara de un carnaval, y por ella supe lo que le estaban haciendo a otro ciudadano que había decidido irse de Cuba, alguien de una institución llamado Carlos Berenguer. En los bajos de su edificio en el Nuevo Vedado, se había instalado un “Mitin de repudio” permanente, seguido de fiesta, odio y conga durante largos días, hasta con ron. Le habían cortado el agua y la luz y en su balcón colgaba un muñecón ahorcado.

Años más tarde, como entre 1989 y 1991, cuando yo trabajaba en el ICRT oí contar a un ex integrante del primer Grupo Moncada como se había organizado el “Mitin de repudio” en contra de Mike Porcel y la carta del Movimiento de la Nueva Trova que le habían redactado. Una carta que Mike ha conservado toda la vida. Algunos de los ahí presentes y participantes en ese hecho se jactaban que si lo tuviesen que hacer por segunda vez, lo harían de nuevo. Para esos días ya existía una cosa llamada “Brigadas de Respuesta rápida”, y la censura era a diestra y siniestra. Se había cerrado la Muestra de Cine Joven de la AHS, censura con la película del ICAIC “Alicia en el pueblo de las maravillas”, y se había publicado el sonado editorial de: “No estamos para bromas”. Me habían censurado mi primer documental sobre los carros ANCHAR (“Y si vivo cien años, cien años pienso en ti”), y el primer gran concierto de Carlos Varela, que habíamos grabado en Karl Marx. Había lío y censura con los teatreros, con los poetas, los peludos, Arte Calle, los plásticos, los rockeros, con el “Programa de Ramón” por sólo mencionar pocas cosas en un ambiente y procedimientos similares a lo que hoy acontece con los jóvenes cineastas cubanos. Y yo ya tengo 57 años.

¡Cuánta pena me da que se demore tanto la verdad,
que la belleza no esté en su lugar,
que se confunda la luz con la oscuridad!
…Demora tanto ver dónde está la verdad:
los bueyes con que aramos tienen hijos ya.

Santiago Feliú

DESCARGO DE RESPONSABILIDAD
DE LOS AUTORES DEL DOCUMENTAL

Hola a todxs,

José Luis Aparicio Ferrera y Fernando Fraguela Fosado, directores y productores de Sueños al pairo, no hemos autorizado la exhibición de nuestro documental en ninguna plataforma pública, física u online. Cualquier proyección del mismo, actual o futura, no cuenta con nuestra aprobación. Desafortunadamente, no tenemos recursos para combatir estos actos de piratería en la arena internacional: se van de las manos de las grandes productoras hollywoodenses e incluso de la industria nacional. La censura genera un interés desproporcionado en acceder al documental y este furor se hace indetenible. Lo anterior contrarresta los propósitos iniciales del censor, pero también atenta contra los derechos de autor de los artistas. La gente quiere ver, oír, compartir, conmoverse, pensar. Quizás ese sea el derecho más legítimo.

Muchas gracias.

 


JORGE DALTON (El Salvador, 1961). Realizador de cine documental. Aunque salvadoreño de nacimiento, desde muy tierna edad acompañó a su familia durante el exilio de su padre, el reconocido poeta Roque Dalton (asesinado en 1975), de tal manera que se formó en la región Checa y, sobre todo, en Cuba. Fue alumno del cineasta cubano Santiago Álvarez y del argentino Fernando Birri. Obtuvo un Premio Coral en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, y un premio RAL (Red de Televisoras de América Latina) por su documental Herido de sombras (1994). Su filme experimental Cuando yo soñaba un mundo al revés obtuvo una Mención Especial del Jurado en el Festival Internacional de CADIZ DOC 2005. Por el documental Entre los muertos (2006), mereció el tercer premio al mejor documental centroamericano en el Festival ÍCARO de cine y vídeo centroamericano de ese año. Su más reciente producción es el celebrado documental En un rincón del alma (2016) que retrata la belleza de La Habana y la desesperanza en Cuba a partir de un diálogo memorable con el escritor Eliseo Alberto.