Vladimir Amaya: “Carta abierta al señor presi de la república” (poesía)

De la ácida pluma del poeta salvadoreño, un poema cívico, a la manera de los antiguos romanos.

Vladimir Amaya
La Zebra | # 62 | Febrero 27, 2021

Señor presi:
en tierra de villanos
usted no puede ser el héroe.
Es que no existen los héroes
en esta tierra de archienemigos.

Ayer le disparé a mi primo
porque era del partido contrario.
Usted entenderá.

Señor presi,
sus publicidades me han sacado otra vez las lagrimitas
y se me ha enchinado la piel por las emociones,
pero usted
no es un maldito mesías.

Me encantan sus “nuevas” medidas de represión:
doblones de muñecas y balazos a quien no obedezca.

Me fascina su ambición de poder,
me recuerda al egoísmo muy propio de los niños de cuatro años
y al de dos o tres expresidentes y poetas de mi tierra.

Fina es su destreza lingüística en cada cadena nacional.
Muy buenos chistes, mi presi;
calla a la prensa “incómoda”
y usted siempre tiene la razón en la matonería.

La cizaña es saludable pese a lo que digan los psicólogos:
se le agradece la dosis para un pueblo que solo ha vivido de odio durante estos últimos 180 años.

Pero dejemos a los “semidioses” para las tragedias griegas.
Aquí es El Salvador
y estamos en el Olimpo de los corruptos y criminales.
Y usted
no es un maldito Prometeo encaramado… en el Tagadá.

Ayer mismo
he agarrado a palos y a patadas a mi madre.
Usted entenderá, señor presidente…
sus seguidores me agradecerán:
Mamá aseguraba que la sagrada barba presidencial
es postiza.

Que viva la megalomanía, señor presi, mi presi,
solo si tiene su rostro,
pero cuidado con las contradicciones
de pequeño dictador de confeti.

Y al defenderlo no ataco,
ni al atacar defiendo a otros
que como usted salen en la televisión bien vestidos
y más alimentados que mis vecinos.

Me encantan sus “selfies”, señor presidente;
sus “tuits” con Dios en medio de la noche,
el millennial gorrita al revés y calcetas simpatiquísimas.

Debo aprender (del maestro, mi presi)
a manejar el resentimiento y dolor de la gente
como una “arpa del infierno”
para que todos aprendan a darme la patita
y hacerse los muertos y me quieran mucho.

Pero señor presidente:
en tierra de villanos
no queremos un «salvador»,
queremos El Salvador;

entender que al niño no le servirá de mucho una computadora,
si no tiene una biblioteca
en una escuela que no se caiga a pedazos a la orilla de un barranco,
ni apeste a mierda.

Ya otros vinieron regalando casas, comida,
cupones para el supermercado.
Está escrito,

está en la memoria de un pueblo ensangrentado,
construido (lastimosamente) con olvido y neblina.

Usted no es para nada
algún rey, mi presi,
ni zar, mi presi.
(El retrato de su esposa en la Oficina de Correos está mal,
mi señor Comandante General de la Fuerza Armada).

Usted no es ningún sultán, mi presi.

No es ningún presidente,
mi presi.


VLADIMIR AMAYA (El Salvador, 1985). Actualmente es profesor de Lenguaje y Literatura para Educación Media. Algunas de sus publicaciones son: Los ángeles anémicos (2010), La ceremonia de estar solo (2013), Tufo (2014) y Este quemarse de sangres entre lágrimas y excremento (2017). Fue director de la revista Cultura del Ministerio de Cultura de El Salvador (2016-2018).