Jacques Roumain: “Nuevo sermón negro” (poesía)

Poemas del fundador de la literatura haitiana moderna, en nuevas traducciones.

Jacques Roumain
Traducciones de César Panza
La Zebra | # 68 | Agosto 23, 2021

Durante décadas, las noticias nos han expuesto a una imagen de Haití que representa a su pueblo como un trozo de humanidad demasiado pobre para emerger de su situación de miseria social y vulnerabilidad territorial. En realidad, Haití es el ejemplo más extremo de una nación americana asediada por la opresión política, la traición de algunos líderes de sus movimientos de liberación y la corrupción en su configuración más depredadora. Su situación puede ser explicada históricamente y, por lo tanto, los ciclos de una sociedad asediada por la precariedad y la migración forzada sí podrían romperse. Pero la marginalidad geopolítica y económica de Haití la ha dejado indefensa y a merced de fuerzas que no puede controlar.

Reproducimos en esta edición de La Zebra tres poemas de Jacques Roumain para recordarnos que Haití fue, hace casi un siglo, un centro intelectual del naciente movimiento pan africano, y que figuras como Roumain, autor de una obra capital, Gobernadores del rocío, y a quien Nicolás Guillén elogió con emoción profunda fue sólo su raíz más visible. Estos poemas se publicaron originalmente en la revista Poesía de la Universidad de Carababo, en Venezuela, y con traducciones de César Panza, Licenciado en Matemáticas por la UC, donde se desempeña como miembro del comité de redacción de La Tuna de Oro y del comité de redacción de Poesía (que no está disponible en línea actualmente).

Nota del editor

Nuevo Sermón Negro

A Tristan Rémy

Le escupieron su frío desprecio en la cara
Como una bandera negra ondeando al viento golpeada por la nieve
Para convertirlo en el pobre negro el dios de los poderosos
A sus trapos en los adornos del altar
A su canto dulce de miseria
A su quejido tembloroso de banjo
En la bulla orgullosa del órgano
A sus brazos que remolcaban las chalanas pesadas
Sobre el río Jordán
En el arma de los que golpean con la espada
Su cuerpo cansado como el nuestro en las siembras de algodón
Como una brasa ardiente
Como una brasa ardiente en una zarza de rosas blancas
El escudo de oro de su fortuna

Blanquearon su cara negra con el esputo de su frío desprecio

Escupieron sobre tu cara negra
Señor, nuestro amigo, nuestro camarada
Tú que apartaste del rostro de la prostituta
La cortina de caña de sus largos cabellos
sobre el manantial de sus lágrimas

Inventaron
                   a los ricos a los banqueros a los dueños de las tierras
Convirtieron al hombre sangrante en el dios sanguinario
Oh Judas se burla
Oh Judas se burla:
Cristo entre dos ladrones como una llama desgarrada en la cima del mundo
Alumbraba la rebelión de los esclavos
Pero ahora Cristo está en la casa de los ladrones
Y sus brazos despliegan en las catedrales la sombra amplia de un zamuro
Y en los sótanos de los monasterios el sacerdote cuenta los intereses de los treinta denarios
Y las torres de las iglesias escupen la muerte sobre las multitudes hambreadas

No los perdonaremos, porque saben lo que hacen
Lincharon a Juan que organizaba el sindicato
Lo persiguieron con perros como a un lobo desesperado en el bosque
Lo guindaron riendo en el tronco de un viejo sicómoro
No, hermanos, camaradas
No rezaremos más
Nuestra rebelión se alza como el grito del pájaro de la tormenta por encima del ruido podrido de los pantanos
No cantaremos más los tristes spirituals desesperados
Es otro el canto que brota de nuestras gargantas

Desplegamos nuestras banderas rojas
Manchadas por la sangre de nuestros justos
Bajo ese signo marcharemos
Bajo ese signo marchamos
De pie los condenados de la tierra
De pie los presos del hambre.

Escaparse

Creerse solo y contento
en la sabana y
vaquero
echarle lazo a las quimeras
sin reparar en
las manos que sangran
por haber halado hasta el pecho
el Vacío amargo.
Correr por los cañaverales
entre
erizos de espadas de plata
al sol,
creerse planta
convertirse en planta
sentir la caricia de múltiples brazos
mezclarse en los múltiples brazos
oír nacer dentro de sí una música
que habiendo resonado
de costa a costa
volverá a morir en sí.

El árbol y el pájaro

escrito para Daniel por su papá
en la Penitenciaría Nacional
26 de noviembre de 1935

el árbol le dijo a un pajarito
cántame una canción
mira que nosotros
adoramos el canto
de la brisa y las aves
en las ramas nuestras

con el sol detrás del cerro
las nubes amarillas como pollitos
corrían por el cielo

el pajarito comenzó a cantar
el árbol balanceó su copa
a la derecha
a la izquierda
hasta que se durmió
y el viento en sus ramas
silbaba dulcemente


JACQUES ROUMAIN (Haití, 1907-1944). Escritor y político. Es considerado una de las figuras más importantes de la literatura haitiana. Fue uno de los fundadores, en 1927, de la revista La Revue Indigene: Les Arts et La Vie y, en 1934, del Partido Comunista Haitiano. Por esto último, así como por su actividad en el movimiento de resistencia contra de la ocupación del territorio haitiano por parte de los Estados Unidos, fue a menudo hecho preso y posteriormente exiliado. No volvió a su país sino hasta 1941, año en que fundó el Instituto de Etnología de Haití. Su obra póstuma, Gobernadores del rocío (1944) es considerado un clásico, habiendo tenido un gran impacto en el mundo panafricano. Otras obras suyas son La proie et l’ombre, Les fantoches, La montagne ensorcelée y Bois d’ébène.