Charlotte Nordgren Sewell: “Madre OSAda” (poesía)

Los textos que acompañan el proyecto BEARmOTHER, de una artista que explora la relación entre los cuentos de hadas y la construcción social de la otredad.

Charlotte Nordgren Sewell
Traducciones de Jorge Ávalos
Fotografía de Valentina Gaia Lops
La Zebra | # 69 | Septiembre 15, 2021

BEARmOTHER (Madre OSAda)

La guerra patrocinada por la iglesia en contra del oso, que se hizo cumplir desde la Edad Media y que se desarrolló en conjunto con la quema de mujeres como brujas, había tenido un gran éxito.

Durante siglos, demonizado por la iglesia por su semejanza con los humanos y por su antigua posición divina para los pueblos antiguos del norte de Europa, el oso había sido encerrado, desterrado al bestiario del diablo, al circo, al reino del ridículo, —oh, oso bailarín—. Como una concepción resbaladiza, la imagen del oso se deslizó entre las rígidas categorías impuestas por aquellos hombres que diseñaron las taxonomías del conocimiento. Madre OSAda es una narración y un diálogo entre dos madres en un castillo encantado, con un archivo de historia natural donde se esconde una cruel herencia colonial. Pone en tela de juicio los espacios entre la ficción y el mundo “natural”, antropocéntrico. Es una serie de tapices, esculturas y textos que combinan las mitologías y las historias culturales en torno al oso, entretejiendo las delicadas intimidades y las locas materialidades que se desprende de los peluches y la taxidermia, de los cuerpos femeninos y bestiales con el fin de repensar la relación entre ellos.

La obra es una serie de objetos que podrían ser una instalación, un decorado para contar historias, una capilla. Un tríptico de tapices hace girar las historias que subyacen las diversas mitologías que construyen al oso en el imaginario popular. Ositos de peluche taxidermizados, cosidos con hilo y rellenos de paja. Tejidos sueltos y carcasas peludas. Un texto en seis fragmentos donde se tocan la historia natural, la ecofeminismo, los cuentos de hadas y la fantasía. Un remiendo del patriarcado presente con el osito de felpa.


Mi abuelo creció en el norte. Era frío y oscuro, y se contaban historias para darle sentido a la noche, mientras su madre tejía alfombras, ropas, cortinas, historias. Ella crio a sus tres hijos, sola, y juntos adoraron a los osos que merodeaban por los bosques a su alrededor… Ellos son nuestros antepasados.
Todas las noches pienso en ella, mientras aprieto con fuerza a mi osito de peluche entre mis piernas, antes de quedarme dormida
.

El Castillo

Cuerpos cubiertos de plástico, medio abandonados, medio esperando, llenan el gran salón del castillo.
Una alfombra arrasada por las polillas divide el espacio en dos, y constelaciones de polvo cuelgan del prisma del sol del mediodía, cuyos haces de luz caen desde las altas ventanas.
Huele a un viejo y aterciopelado heno.

Sueños imperialistas de orden.
Y fantasías coloniales
amenazadas por enjambres de insectos,
plagas, parásitos, pestes.
Construyendo sus mundos entre la paja que rellena las pieles,
esperando la conquista de estos territorios hirsutos.

Esperaba jaulas de vidrio y controles de temperatura,
en cambio, los muertos están vagamente envueltos en polvorientas sábanas transparentes,
algunos cuelgan ligeramente abiertos,
un par de astas asomando a través, un parche áspero de piel expuesta.

Todos estos especímenes del mundo natural, el capitalismo del siglo XXI los envuelve en plástico.
¿Son reales estos animales?
Animales de todos los rincones del mundo.
Todos estos, ¿son osos? Pensé que solo había uno.
No
, hay cinco.

La mayoría de los animales en el castillo, me dice, fueron donados de colecciones privadas y expediciones coloniales de caza realizadas hace mucho tiempo.
La donación se anunciaría en los periódicos locales.
Y los ricos podrían felicitarse mutuamente por su filantropía.

Nadie recordaba sus historias particulares.
Eran trofeos, objetos de arte, curiosidades.
Detalles y anécdotas que se habían compartido de boca en boca
se escabulló en los espacios ensombrecidos de ese penetrante dolor del tiempo mientras avanza lentamente a través de las edades.
Fantasmas-sin-origen. Desposeídos, apátridas, inertes.
Atemporales como los mitos que los hicieron.

Mamá OSAda

Este oso es hembra.
Ella me mira con dureza; como un amante desde el otro lado de la barra.
Por debajo del plástico, ella es de un marrón cenizo y descolorido.
Ella tiene una mirada de nostalgia. Sus ojos perforan el aire. Hay tristeza y perseverancia en ellos. Ella no tiene nombre, pero ahí está: robusta y frágil al mismo tiempo.
Todo lo demás en la habitación se disuelve.

Ella también es madre, madre osa. Como yo,
como Calisto, Ursa Maior, la constelación de la madre osa en el cielo
Hay algo encantador en ella.
Sí, estoy segura de que es mujer. Ella me mira de nuevo, triste y tensa.
Todos los cuerpos en esta habitación están tristes, tensos y suaves.

CNS: ¿Cómo fue la muerte?

MO: El aire estaba cargado de olor a humo. El sol había comenzado a ponerse y el paisaje resplandecía con azules y naranjas. Todo de repente parecía muy quieto y silencioso, aunque de una manera diferente al lugar en el que estamos ahora; era como si la naturaleza se hubiera apretado los labios con los dedos, conteniendo la respiración por un momento: “No dejes que nos vean”. Las voces resonaban de todas partes; sus sonidos chocaban con los árboles como una banda que desfilaba con tropas sobre la colina camino a la batalla. Había tantos de ellos; animales también. Otro oso con cadenas en los pies tocaba dieciséis cabezas de gato que soltaban chillidos distintos. Un elefante lloraba al cargar en la espalda a un hombre escuálido como un palo, que disparaba maniáticamente al suelo con un rifle. Tres mujeres desnudas envueltas en pieles y fumando cigarrillos. Busqué a mi cachorrita con la mirada; ella se había ido y comencé a entrar en pánico. Un osito de peluche, sucio y pisoteado, yacía en el suelo a mi lado, sonriendo. Los sonidos vertiginosos y el humo se intensificaron; la naturaleza dejó escapar el aliento, no pudo contenerlo más. Todo empezó a latir; la hierba, las ramas de los árboles moviéndose juntas con el sonido de la banda como en una pesadilla. ¿Dónde está mi hija? Los azules y naranjas se fundieron en violeta y luego en rojo. Me desorienté cada vez más a medida que los sonidos se volvían más y más fuertes; y, luego, no hubo nada.

CNS: ¿Por qué estás tan quieta?

MO: Este castillo fue embrujado hace mucho tiempo; sometido a un hechizo para que el tiempo se congelara y ninguna criatura viviente pudiera entrar por sus puertas. Aquí permanecemos todos; lo que una vez vivió, ahora congelado en el tiempo. A menudo he escuchado a humanos expresar el deseo de prevenir la muerte, pero no entienden que sin muerte no hay vida. El tiempo se aplana; este es un no-lugar; una eterna sala de espera sin entrada ni salida. Estás visitando, pero no estás realmente presente; para mí no eres más que un fantasma. ¿Sientes el frío que hace?

SNC: ¿Cómo se siente estar cubierta de plástico?

MO: Los museos y sus archivos, que clasifican según rígidas cuadrículas taxonómicas, disuelven las almas; arrancan la vida de los objetos animados. Frente a esto, y clasificado como tal, ¿cómo nos defendemos de un pasado que se ha vuelto obsoleto? ¿Cómo habitamos el vacío? Donde no podemos ubicarlos, nosotros, nos quedamos solo con una acumulación de cosas envueltas plásticamente. Estamos suspendidos en este presente.

Sobre el tacto

El tacto conecta unos cuerpos con otros.
Tacto tierno, tierna carne.
Quiero acercarme lo suficiente para vestir tu piel sudorosa en mi cuerpo.
Oh, ¿sí?
Cierra tus ojos. Toca uno de los plásticos que cubren a los osos, siente su pelaje debajo.
Las múltiples terminaciones nerviosas de tus manos se estremecen.
La promesa de una delicada suavidad atravesada por una cruda hebra de piel vieja y muerta.
Tan lejos del osito de peluche, repugnante.

Miradas de cristal sombrías y anhelantes.
Miles de cuencas oculares vacías;
los agujeros negros de historias perdidas que llegan a la eternidad.
Manos como manos humanas.
Una triste piel rellena.
Estirada a través de anatomías reales e imaginarias.
A través de las geografías corporales de la historia.
Sábanas de piel y carne desnuda.
El deseo de acariciar al animal del zoológico a través de sus rejas.
Y siente la cálida lamida de su lengua.

Taxidermia como reinvención del tiempo
. Taxidermia como conquista del tiempo.

Un destello de luz se abre paso a través de las grietas del alto techo del castillo. La atmósfera de la habitación cambia. El tiempo se rompe y noto a una mujer fantasmal, brillando con una extraña luz naranja, sentada a una mesa arrancando una a una las plumas de un pajarito. El contacto íntimo de piel con piel entre la mano de la mujer y el animal salvaje se siente extrañamente familiar. Al observar sus movimientos cuidadosos, tiernos, pero torpes, en comparación con el pajarito, me doy cuenta de que su mano fácilmente podría ser la pata de un animal.

Martha Maxwell nació en 1831. Era una taxidermista feminista y realmente existió.

D’AMOURS: una historia de amor

Fantasías de abrigos de piel, alfombras de piel, paredes peludas y peludas manos. Bestiarios mágicos, sueños y pesadillas. Bestias católicas y sacerdotes domesticados. Los llaman los amantes.

El oso besó a la niña
La niña besó al oso
Nosotros nos besamos
          Nos besamos
                    Nos besamos
La mujer y el animal bailan juntos.
La luna en forma de hoz, suspendida sobre ellos, teje el tiempo con platinados hilos.
¡Nunca hubo una vista más hermosa!
“¡Vivamos juntos!”
Esto preocupó mucho al clero.
(La guerra patrocinada por la iglesia contra el oso, que se hizo cumplir desde la Edad Media, que se desarrolló en conjunto con la quema de mujeres como brujas, había tenido, por lo demás, un gran éxito.)

La piel

Aquí, dice él, preferimos el término ‘piel naturalizada’.
La piel. El órgano más grande del cuerpo.
La obsesión por la piel tan íntimamente ligada a la necesidad de clasificar, acumulando ejemplares para ordenarlos prolijamente en la tabla taxonómica.
El deseo de un orden.
La ilusión de un mundo ordenado.
Durante el siglo XIX, cuando la importación de pieles de animales de todas las colonias estaba en su punto más alto, también vio el nacimiento de la dermatología como una institución médica.

Ocasionalmente se les quitan pequeños parches de piel para investigarlos; para obtener pistas sobre cómo descifrarlos.

Taxidermia como piel dispuesta, como mapas que evitan que nos perdamos.
Como mapas que trazan las ficciones que nos rodean.
¿Qué es lo que diferencia esta piel de la mía?
Piel de la tierra.
Estos viejos cuerpos conservados contra el paso del tiempo tal vez sean testimonio de esa canción cantada en el último año de vida de Freddy Mercury: ¿Quién quiere vivir para siempre?

Adiós al taxidermista

Osos de peluche, la vida de los ricos, el rey de la naturaleza.
“La historia debía ser de Progresistas comprometidos que luchan por disipar la oscuridad a través de la investigación, la educación y la reforma”.
Estos cuerpos de piel como evidencia de un pasado primitivo y vergonzoso.
¿Para qué sirven hoy?
Es mejor mantenerlos ocultos en la oscuridad.
Ocultos bajo fundas de plástico.
Sin embargo, son demasiados, demasiados cuerpos para esconder, se derraman desde las sombras…
No tenemos espacio para aceptar más. Pero siguen llegando.

Naturaleza retorcida, moldeada, incómodamente comprimida en frascos de vidrio en el gabinete de las curiosidades.

¿Y el ejemplar que ya no sirve? ¿El que cae en mal estado?
¿El que que ha sido comido por las polillas o infectado por insectos?
Simplemente no hay suficiente espacio.
Miles de pieles podridas bajo las tablas del suelo.
Cuando dejen de tener un uso científico y cultural, deben ser destruidas; quemadas, enterradas… bailando con la cabeza de un oso en el solar del antiguo taller de taxidermia de la Plaza Real, esparciendo manos peludas para ser devoradas por los pájaros.

¿Es el momento culminante de un mundo siempre ordenado la destrucción total? Forzados juntos en frascos de vidrio, luego de plástico, que se encogen cada vez más, ellos ya no pueden soportar la presión; se hacen añicos. Los que están en el poder, incapaces de afrontar la devastación de su propio fracaso, buscan encerrar el conocimiento de estos enigmáticos fragmentos. Estos fragmentos, después de todo, pueden ser armas; solían perforar sus corazones hegemónicos.

El castillo encantado es el lugar donde se esconden. Un enorme espacio en el centro de la ciudad, cerrado al público, desaparece de la vista. Un espacio fijo, pasa a formar parte del paisaje; parte del quehacer diario, como las interminables obras de construcción, imperturbables dejan de perturbarnos. Sin embargo, allí acechan, esperando…

El capítulo BEARmOTHER de la serie Touch Me Tender
fue desarrollado por la artista durante una residencia
en el verano de 2021, en Can Serrat, El Bruc, Barcelona.


CHARLOTTE NORDGREN SEWELL (1993, Blackpool, Reino Unido) es una artista sueco-británica que vive y trabaja en Barcelona. Después de completar su licenciatura en Inglés e Historia del Arte en la Universidad de Leeds en 2015, se graduó de Goldsmiths College en 2017 con una maestría en Arte y Política. Ha participado, además, en programas de estudio sobre Política Latinoamericana en El Colegio de México, 2018, y de Arte en el Estudio en Metáfora Studio Arts en Barcelona, 2019. Fue seleccionada como artista residente en el programa JAI de Tabakalera en 2020, y en 2021 ha sido artista en residencia en Tangent Projects, antes de recibir una beca completa para una residencia en Can Serrat, El Bruc, Barcelona. Su trabajo ha sido expuesto en exposiciones en Londres, Cataluña y el País Vasco. Es co-fundadora del colectivo de arte y política Herederas de Lilith, cuyo trabajo incluye la organización de exposiciones colectivas socialmente comprometidas y proyectos de educación artística para organizaciones de la sociedad civil. En una colaboración con la fotógrafa Valentina Gaia Lops, Charlotte ha seguido una ruta más personal, explorando “la relación con su cuerpo embarazado, sus emociones y sus recuerdos más lejanos”.