León Leiva Gallardo: «Paterson / De poetas remisos» (crítica de cine)

Una reseña de la película de Jim Jarmusch sobre un poeta marginal.

León Leiva Gallardo
La Zebra | # 71 | Noviembre 16, 2021

La mayoría de las películas de Jim Jarmusch describen la vida de personajes solitarios que pasan por un momento o un periodo absurdo de su vida. Paterson (2016) es un ejemplo exacto, como también fue Broken Flowers/Flores rotas, 2005. Como sabrán, Jarmusch se dio a conocer con el público en general con sus dos grandes producciones: Deadman y Ghost Dog: The Way fo the Samurai. Paterson, que es una producción menor y de limitado presupuesto, afirma el ingenio de hacer buen cine con pocos recursos, gracias al excelente reparto: el magnífico actor Adam Driver (Paterson) y la versátil actriz iraní Golshifteh Farahani (como Laura, su esposa).

Desde Strangers in Paradise (Extraños en el paraíso), con el que obtuvo el Caméra d’Or en 1984, este adusto director del estado de Ohio, se ha convertido en el productor de cine independiente por excelencia. Jarmusch es un sigiloso y recatado narrador de ambientes y tramas absurdos, a menudo intervenidos con humor seco y con cierto desafecto.

Este es el caso de Paterson, anecdotario sobre un personaje marginal, un poeta insulso y de poco talento, quien lucha diariamente con su estancada existencia en un pueblito de su mismo nombre (Paterson, New Jersey). Vale mencionar que estos elementos de coincidencias intencionadas de Jarmusch (como los encuentros con gemelas durante los siete días de la semana) conforman lo absurdo, ya que el poeta favorito de Paterson es William Carlos Williams, autor del extenso poema “Paterson”. El ensimismamiento, el solipsisimo, de Paterson no podría llegar a más extremo en un mundo rodeado de Patersons.

Todo se va agravando a medida que pasa cada día de la semana. El primer indicio fue su encuentro con una niña de unos 12 años quien le lee su hermoso poema que a él, con su limitado talento, nunca se le habría ocurrido. Paterson queda pasmado y de pronto (me parece) se da cuenta de su mediocridad. Paterson lo memoriza y se lo recita a su esposa, quien, con típico politeness, el amable consentimiento de los estadounidenses, le dice amorosamente que él también es un gran poeta. Laura es tan amorosa como diligente como ama de casa y con ciertos talentos (cuestionables). Laura (léase la de Petrarca) es en el fondo la culpable del continuo desaliento de su querido esposo. Y Paterson le sigue escribiendo poemitas en su atesorado cuadernillo de apuntes.

Jarmusch es despiadado y en cada día de la semana reanuda la rutina de Paterson con escenas dulzonas de parte de Laura, quien le insiste que él es un “gran” poeta y que debe, por lo menos, hacer fotocopias de sus poemas (los que escribe en un cuadernillo que lleva a todas partes). Paterson le promete que lo hará, pero no antes que, en un momento de humor patético, su perro le destroza por completo el cuaderno. Ese día Paterson pierde su obra completa. Aunque Jarmusch practica el recato, la templanza, cauterizando toda herida antes de que se derrame el sentimentalismo, la vida interior de Paterson ha sido destrozada.

Al final de la película, Paterson se va a caminar a solas y se encuentra con un turista japonés: un seguidor de William Carlos Williams en busca de anécdotas sobre el poeta. Paterson le pregunta al turista si es poeta y el turista le afirma que sí y que por eso ha viajado a esa ciudad. El turista, luego de conversar mucho sobre la poesía y al darse cuenta de que Paterson sabe mucho de los grandes poetas, le pregunta a Paterson: ¿Y tú? ¿Eres poeta también? Y, en un momento de resignación, Paterson le responde algo dubitativo: No. No, no soy poeta. Soy conductor de autobús.

A propósito de los poemas que se usaron en el rodaje, son del poeta estadounidense Ron Padgett. Debo mencionar que no soy, para nada, aficionado de la poesía fácil ni del estilo conversacional o los textos de pequeñas y banales experiencias. Me quedo con las metáforas, los símiles y toda la simbología universal. Los poemas de Padgett que se usaron eran de una banalidad indescriptible, insulsos, absurdos. En cambio, sí me fascinó el poema de la niña (“Water Fall”, que resulta ser la lluvia) y que fue escrito por el mismo Jarmusch. No puedo afirmar que todo el film sea un juicio literario de Jarmusch, pero definitivamente tiene todos los elementos para serlo.


LEÓN LEIVA GALLARDO (Amapala, Honduras, 1962) Narrador y poeta. Autor de las novelas Guadalajara de noche (2006) y La casa del cementerio (2008) ambas publicadas por Tusquets Editores; y de El pordiosero y el dios (2017) con el cual reúne una selección representativa de su narrativa breve. De su obra poética figuran: Tríptico: tres lustros de poesía (2015) y Breviario (2015), obra ilustrada que forma parte de la Biblioteca Americana de la Galería Estampa de Madrid. Su obra ha sido presentada en revistas internacionales y en antologías, entre cuales: Parole grondanti: Antologia della nuova poesía centroamericana (2020), Escritorxs salvajes (2019) y Voces de América Latina I (2016). Actualmente colabora con las revistas Contratiempo y El Beisman (de Chicago) en las cuales, además de textos literarios, ha publicado artículos y reseñas sobre el cine, arte y ópera.