Alice Lardé: «Canta, corazón mío, canta» (poesía)

De una pionera salvadoreña de la poesía costumbrista de principios del siglo XX.

Alice Lardé
La Zebra | # 74 | Febrero 8, 2022

El baño

El oro de mis trenzas desato presurosa,
en tanto que armonioso se mece el carrizal;
y cual estatua hecha de pétalos de rosa
se copia mi figura esbelta en el cristal.

Mi pie toca la linfa y al salpicar el agua
se borra la figura y el retacito azul
de cielo que en las ondas con ella se copiaba,
y quedan solamente temblando hebras de luz.

De pronto se percibe un ruido en la arboleda
y estalla, vigorosa, mi risa musical…
he pensado un instante en el cisne de Leda,
mientras que me sumerjo feliz en el cristal…

Lirios

Bajé anoche al jardín, y al fulgor de mis ojos
se iluminó el camino con una luz ardiente;
brotaron los rosales, sus pétalos más rojos,
y el cisne, taciturno, interrogó a la fuente…

Los lirios, sus corolas abrieron, perfumando
con su embriagante aroma mi túnica violeta,
y de mi cuerpo cálido se fue posesionando,
haciéndome sentir una ansiedad secreta…

Flexible como un junco corría entre las flores
sintiendo que el perfume turbaba mis sentidos…
Mis fuerzas se agotaban… Los lirios turbadores
bajo una rosa esbelta estaban escondidos…

Cogiendo entre mis manos las flores embriagantes,
sorbí todo el veneno con ansia… ¡enloquecida!…
y en raras contorsiones de angustia, delirante
en medio de los lirios caí desvanecida…

¡Tengo miedo…!

¡Tengo miedo de amarte…! ¡Tengo miedo…!
Y ahora que siento que el amor se acerca
a mí, otra vez, y que está ya tan cerca,
¡tengo miedo de amarte…! ¡Tengo miedo…!

¡Toda yo me estremezco de pavura…!
¡Y vibra mi alma llena de violencia
al escuchar de nuevo su sentencia…!
¡Toda yo me estremezco de pavura…!

¡Oh, Amor, que vienes trágico y tremendo,
en medio de la noche de mi vida,
a remover mi entraña adolorida…!
¡Oh, Amor, que vienes trágico y tremendo!

¡Tengo miedo de amarte…! ¡Tengo miedo…!
Y ahora que siento que el amor se acerca
a mí, otra vez, y que está ya tan cerca,
¡tengo miedo de amarte…! ¡Tengo miedo…!

Las campesinas

Con las cántaras llenas de agua muy clara
vienen las campesinas por la vereda,
contándose historietas, viejas y raras,
de los gnomos que habitan en la arboleda.

Y al contoneo alegre de sus caderas
salta el agua que corre por sus mejillas…
¡Parecen, cuando bajan por las laderas,
un manojo divino de campanillas…!

¡Oh, campesina alegre, de piel tostada,
que cruzas inocente por los senderos:
se adivina en el fondo de tu mirada
la esplendorosa lumbre de los luceros…!

¡Oh, linda campesina, si yo pudiera
ir como tú, descalza, por la montaña,
y bajar hasta el río, por la ladera,
a bañarme en las linfas con que te bañas!

¡Y regresar alegre por los senderos
con mi cántara llena de agua y rocío,
llevando en mis pupilas luz de luceros
y en mis carnes aromas de selva y río…!

Idilios

De regreso del río viene el ganado
mugiendo alegremente por el camino,
y cruzando el sendero que va hacia el prado
llega, con gran desorden a su destino.

El zagal que los guía, con gesto torvo
da silbidos agudos, látigo en mano;
pende de su cintura luciente corvo:
es un indio moreno, robusto y sano.

Al oír el silbido todo el ganado
se dispersa corriendo por el potrero
lleno del rico pasto; y fatigado
en la grama se acuesta, triste el vaquero.

Mas volviendo la vista por la pradera,
siente vibrar su pecho con gran ternura:
¡que bajando del monte, por la ladera,
viene una campesina toda dulzura…!

Es la dueña del hombre de piel tostada
que trabaja en el campo como vaquero;
¡de ese zagal tan recio que ante la amada
tórnase dulce y manso como cordero…!

Ella, una cesta llena de viandas trae,
y se acerca al vaquero, dulce y sencilla;
¡mientras un bravo toro de un salto cae
sobre las finas ancas de una novilla…!

Soy campesina

¡Ahora soy la linda campesina salvaje
que vaga por la selva, despreocupada y franca;
a mi paso armonioso se estremece el ramaje
y musita el sendero su plegaria más blanca!

Con la boca teñida del jugo de mis fresas,
la cabeza en desorden y la falda prendida,
voy en medio del bosque apartando malezas
y absorbiendo la savia que renueva la vida.

¡Mis pupilas hoy tienen la luz iridiscente
que tienen las montañas en plena primavera;
mi boca jubilosa sonríe alegremente
y el alma, con ternura, se me desborda entera!

¡La tierra tiene un vago perfume de violeta,
y al sentir cómo emanan vigorosos efluvios,
enervando el espíritu de una dicha secreta,
me he tendido en el oro de los trigales rubios!

¡Canta, corazón mío, canta!

Cuando silencioso y cubierto de neblina se despierte el boscaje, y en las flores de los jardines tiemble aún el rocío de la mañana, canta, corazón mío, canta, y que como una suave brisa de primavera sea tu canción.

Cuando veas caer del jazminero sus pétalos purísimos confundiéndose con las mariposas blancas que revolotean bajo la enramada, y sientas el castísimo perfume de las rosas, canta, corazón mío, canta, y que tu canción se eleve hasta los cielos como el humo sagrado del incienso.

Cuando contemples, como en un incendio de oro, la salida del sol tras de los árboles, canta, corazón mío, canta, y que tu canto sea como una flor de fuego que va despetalizándose en fulgores.

Cuando veas bajar a la luna hasta el borde del lago adormecido, canta, corazón mío, canta, y con los hilos de plata teje tu maravillosa canción.

Mientras haya una emoción intensa que haga vibrar tus fibras, canta, corazón mío, canta, y ¡no importa que tu canto sea de dolor o de alegría!; él llegará hasta las almas taciturnas, como un mensaje de amor o de consuelo.

¡Canta, corazón mío, canta, mientras haya una emoción intensa que haga vibrar tus fibras…!


ALICE LARDÉ DE VENTURINO (1895-1983). Poeta y ensayista salvadoreña. Con su poesía y su prosa impulsó el costumbrismo salvadoreño, sumando un elemento de drama romántico a la pintura del paisaje y a los temas regionalistas. Su influencia es notable en Alfredo Espino y en Salarrué, a quienes se anticipó por una década. Escribió varios libros de poesía, de signo romántico y postmodernista y caracterizada por un lirismo muy sensual al inicio, más cerebral y distante en sus últimos libros: Pétalos del alma (San Salvador, 1921); Alma viril (Santiago de Chile, 1925); Sangre del trópico (prosa poética, pensamientos y cuento, Santiago de Chile, 1925); Belleza salvaje (Madrid, 1927); El nuevo mundo polar (Barcelona,1929); Grito al sol (antología de poesía, San Salvador, 1983). Aunque a menudo se le cita por sus contribuciones científicas, en realidad no aportó conocimientos nuevos, sino que fue, más bien, una escritora que intentó hacer más accesible el nuevo pensamiento científico. Sus ensayos son vulgarizaciones de investigaciones científicas novedosas o poco difundidas en las que incluía sus propias ideas fatalistas, como en La dinámica terrestre y sus fenómenos inherentes: América, arista principal de nuestro mundo (Santiago de Chile, 1943), una reseña del conocimiento geofísico de entonces, en el cual anticipa el tema del calentamiento global, ofreciendo al final una visión apocalíptica del futuro de la tierra. Otros ensayos son: ¿Es la electricidad el origen de la vida y de la muerte? (Santiago de Chile,1943); La electricidad, alma mater universal: fenómenos cosmológicos y bio-psicológicos (Barcelona, 1954); La frigidez sexual en la mujer (México, 1967).