Han Kang: «El invierno a través del espejo» (poesía)

Dos poemas de la ganadora del Premio Nobel de Literatura 2024.

Han Kang
La Zebra | # 98 | Octubre 10, 2024

El Premio Nobel de Literatura 2024 ha sido concedido a Han Kang, poeta y novelista: «Por su intensa prosa poética que confronta los traumas históricos y expone la fragilidad de la vida humana».

Han Kang (한 강) nació en 1970 en la ciudad surcoreana de Gwangju antes de trasladarse con su familia a Seúl a la edad de nueve años. Su padre es un respetado novelista. Además de escribir, se ha dedicado al arte y a la música, lo cual se refleja en toda su producción literaria. Kang es autora de las novelas La vegetariana y La clase de griego, ambas editadas en castellano por Random House.

Kang comenzó su carrera literaria en 1993 con el poema «El invierno de Seúl», que se publicó en la revista Literatura y Sociedad. Reunió su poesía en el volumen Dejé la cena en la gaveta, publicado en 2013, y que permanece inédito fuera de Corea del Sur.

Los siguientes poemas aparecieron en la revista Modern Poetry in Translation, en un número especial dedicado a la poesía coreana, en 2016. Las traducciones del coreano al inglés en esa edición son por Sophie Bowman. Estas versiones en español fueron realizadas por Jorge Ávalos. Usamos como punto de partida las traducciones de Bowman, pero tuvimos, además, la oportunidad de consultar hablantes nativos que nos guiaron a través de las versiones originales. Por lo tanto, le damos las gracias a los miembros de la comunidad coreana en El Salvador, que nos ayudaron a comprender aspectos del idioma y sus desafíos al traducirlo. Esto nos ayudó mucho a mejorar la traducción que les ofrecemos, pues comprendimos matices de tono y significación que de otra manera se nos habrían escapado.


La ennegrecida casa de la Luz

Aquel día en Ui-dong
cayó aguanieve,
y mi cuerpo, compañero de mi alma,
tembló con cada lágrima que caía.

Sigue tu camino.

¿Acaso dudas?
¿Qué sueñas, rondando así?


Casas de dos pisos iluminadas como flores,
bajo ellas aprendí la agonía,
y hacia una tierra de alegría aún intacta
tontamente extendí una mano.

Sigue tu camino.

¿En qué sueñas? No te detengas.


Hacia los recuerdos que se forman en una farola, caminé.
Una vez allí, miré hacia arriba, y dentro de la farola
había una morada muy negra. Era la casa de la luz,
negra como el carbón.

El cielo estaba oscuro y, en esa oscuridad,
los pájaros que la habitan
alzaron el vuelo,
despojándose del peso de sus cuerpos.
¿Cuántas veces tendría que morir para elevarme así?
Nadie podría, entonces, tomarme de la mano.

¿Qué sueño es tan bonito?
¿Qué recuerdo
brilla tanto?


Aguanieve, como las yemas de los dedos de mi madre,
rastrillan mis cejas despeinadas,
golpean mis heladas mejillas y acarician,
otra vez, el mismo punto.

Date prisa, soñadora, y sigue tu camino.

El invierno a través del espejo

1.

Mira la pupila de la llama.
Ojo azulado
en forma
de corazón:
el más ardiente esplendor.
Aura anaranjada:
llama interior.
Lo que más parpadea,
lo que de nuevo la rodea:
traslúcida llama exterior.
Mañana por la mañana
es la mañana en que parto
hacia la ciudad más lejana.
Esta mañana
el ojo azulado de una llama
mira más allá de mis ojos.

2.

Ahora mi ciudad es esta mañana de primavera, y si pasas por el centro de la tierra y atraviesas el centro sin vacilar, aparece esa otra ciudad donde la diferencia horaria es, exactamente, doce horas por detrás, y la estación es, exactamente, medio año por detrás, así que en esa ciudad ya es ahora una tarde de otoño, y como si siguiera silenciosamente a alguien, esa ciudad sigue detrás de la mía, para cruzar la noche, para cruzar el invierno, y yo espero silenciosamente, mientras mi ciudad adelanta a aquella como alguien que te adelanta silenciosamente.

3.

Dentro del espejo el invierno nos espera.
Es un lugar muy frío,
gélido.
Tanto frío hace allí
que los objetos no pueden temblar,
y tu cara (ya congelada)
no se puede agrietar.
No extiendo mi mano,
tampoco tú
la quieres extender.
Es un lugar muy frío,
glacial.
Tanto frío hace allí
que las pupilas no pueden vacilar,
y los párpados
no se pueden apretar.
Adentro del espejo
el invierno nos espera,
y una vez en su interior
no podré evitar tus ojos
y no querrás extender tu mano.

4.

Dijeron que volaríamos un día entero.
Dobla apretadamente las 24 horas,
métetelas en la boca y
entra al espejo, me dijeron.
En cuanto deshaga la maleta
en una habitación de esa ciudad,
debería tomarme el tiempo
para lavarme la cara.
Si el sufrimiento de esta ciudad
me sobrepasa silenciosamente,
me quedaré atrás y
cuando no esté mirándola,
por un momento me apoyaré
en el helado respaldo del espejo,
y tararearé despreocupadamente,
hasta que, habiendo doblado
apretadamente las 24 horas,
y habiéndolas escupido,
empujándolas con tu caliente
lengua,
vuelvas y me mires a los ojos.

5.

Mis ojos son dos velas deslizando goterones de cera mientras consumen la mecha / no es abrasador ni doloroso / dicen que el temblor del núcleo azulado de la llama es la llegada de las almas / las almas se posan en mis ojos y tiemblan / canturrean / la llama exterior oscilando en la distancia se balancea para alejarse / mañana te vas a la ciudad más lejana / aquí estoy en llamas / ahora pones tus manos en la tumba del vacío y esperas / la memoria muerde tus dedos como una serpiente / no te quemas ni te duele / tu rostro inquebrantable no se quema ni se hace añicos

Portada del libro que reúne la poesía de Han Kang, «Dejé la cena en la gaveta», Editorial Moonji, Corea del Sur, 2013.