Jorge Ávalos: “Quimeras de una revista” (editorial)

La revista La Zebra evalúa su camino y su potencial hacia el futuro. Con el doble propósito de ser una vitrina para los artistas de Centroamérica y una plataforma de pensamiento sobre el rol de las artes en la sociedad, La Zebra abre sus páginas a la labor y al pensamiento de todos los artistas de la región.

Jorge Ávalos

Una revista cultural es una quimera. Y como esa bestia mitológica —cuerpo de león, hocico de dragón, garras de águila y con una serpiente por cola—, no hay manera que la mente acepte esa integración de aspectos tan dispares: imaginación y pensamiento crítico, visión y concreción verbal, organización y química de la libre expresión y de sus incontables contradicciones.

El entorno mismo es adverso, no sólo porque no hay recursos materiales recurrentes para las artes, sino porque el principal recurso de una revista es el del talento humano. Ese talento —el de los artistas visuales, los cuentistas, los fotógrafos, los poetas, en fin, los creadores—, es real, pero también es diverso en sus orígenes y plural en su pensamiento. Esto nos da constancia de su enorme riqueza, pero también refleja su debilidad como sector: es casi imposible organizarlos, es difícil contar con ellos para fechas de plazo y es tenaz la intensa labor de gestionar sus necesidades expresivas hacia un medio de proyección y difusión social.

Una revista cultural que proponga centrarse en la praxis artística —la creación y sus procesos— enfrenta, por lo tanto, una doble bestia: la quimera de una revista cultural, y la quimera de un grupo constante y consecuente de colaboradores.

Un país sin arte es como una zebra sin piyama.

En el 2015, la revista La Zebra experimentó con una variedad de formas de organización, selección y presentación de textos. Paralelo a las tareas editoriales, aprendimos mucho sobre la labor de difusión y los usos de las redes sociales, el mercadeo de una publicación digital y la construcción de relaciones en el mundo real. Aprendimos, además, quiénes son nuestros lectores y qué es lo que les gusta o no les gusta, qué es lo que les atrae o no.

Estas lecciones nos enseñaron que sí debemos ofrecer a nuestro “mercado” lo que quieren, pero, también, no podemos dejar de ofrecer lo que necesitamos publicar para ser una revista cultural legítima, aun si estas otras publicaciones se leen o no.

No podíamos ignorar, por ejemplo, el golpe de la violencia que quitó la vida de José Manuel González, un catedrático de la UCA en El Salvador que escribía sobre las artes desde la perspectiva de un investigador cultural crítico. Tampoco negaremos espacio a la diversidad de voces que afloran en nuestra región, pese a que en nuestras redes sociales perdimos a un grupo de lectores cuando publicamos una muestra de la poesía homoerótica de Alberto López Serrano. Cuando esto sucedió llegamos a la conclusión de que sólo perdimos a los 28 lectores que necesitábamos perder para seguir adelante.

No dictamos cómo se dan las expresiones culturales, sólo damos constancia de cómo suceden o se manifiestan o se piensan. En este espacio intentamos reunir todas las voces y perspectivas posibles. Contamos con que esa diversidad es, en efecto, nuestra mayor fuente de riqueza cultural.

También aprendimos que hay aspectos del trabajo artístico que tienen más dificultades que otros para proyectar su pensamiento, incluso cuando tienen una gran presencia visual en los medios. La danza y la ópera les proporcionan a los periodistas incontables oportunidades para difundir sus actividades, por el gran atractivo de sus presentaciones, pero sabemos muy poco qué ocurre en esos ámbitos creativos. Es por estos vacíos que también aprendimos que no sólo podemos ser un canal para los más prolíficos generadores de materiales para una revista, como lo son los escritores y fotógrafos, sino que también necesitamos generar un nuevo tipo de periodismo de difusión cultural que pueda indagar en todo el territorio incógnito de la creación artística.

Estamos seguros que no nos equivocamos. Un país sin arte es como una zebra sin piyama. Esta verdad es inamovible y nuestros lectores la hicieron suya.

Sabiendo estas cosas, evaluamos el propósito de La Zebra, concebimos para ella una estructura más flexible y le organizamos un lanzamiento gradual mes a mes. Esto significa que durante una o dos semanas al principio de cada mes se revelan los contenidos poco a poco, haciendo lanzamientos individuales por redes sociales hasta completar el número del mes. Por razones que todavía no comprendemos pero que ya comprobamos en la práctica, el lanzamiento completo de un número reduce significativamente el número de visitantes; al lanzar cada contenido individual por separado la revista tiene un mejor chance llegar a un público más amplio.

Debido a esta nueva estructuración del sitio, todas las publicaciones de prueba de contenidos y mercado que se hicieron del 2015 caducarán en el sitio hasta desaparecer. Los mejores artículos contenidos publicados en el 2015 serán migrados de forma gradual a nuevas ediciones del 2016.

De esta manera, conociendo mejor nuestro entorno competitivo, y con un equilibrio justo y sensible entre oferta y demanda, reiniciamos la revista La Zebra en el 2016 con la esperanza de que esta vez, en términos de recursos materiales y humanos, sí va a mostrar todas sus rayas: el arte en acción, con todo su potencial; el artista centroamericano en todas sus dimensiones; y el artista y su arte generando posibilidades para toda la sociedad.

 


jorge_avalosJORGE ÁVALOS es un escritor y fotógrafo salvadoreño, editor de la revista La Zebra. Como cuentista ha ganado los dos premios centroamericanos de literatura: el Rogelio Sinán de Panamá, por La ciudad del deseo (2004), y el Monteforte Toledo de Guatemala, por El secreto del ángel (2012). En 2009 recibió el Premio Ovación de Teatro por su obra La balada de Jimmy Rosa. En 2015 estrenó La canción de nuestros días, por la que Teatro Zebra recibió el Premio Ovación 2014. Sitio oficial: jorgeavalos.com

Fotografía de Jorge Ávalos – Volcán de San Salvador.