Allen Ginsberg: “Nuevas traducciones” (poesía)

Una de las principales figuras de la contracultura en los Estados Unidos en el siglo XX, Allen Ginsberg (1926-1997) es un poeta que redefinió la naturaleza de la poesía lírica. En los tejidos de la vida cotidiana, Ginsberg borda, con los hilos de oro del pensamiento místico y de las ciencias naturales, indicios de los enigmas que se inscriben en lo ordinario. Estas nuevas traducciones de poemas de diversas etapas de su obra fueron realizadas por el poeta salvadoreño Jorge Ávalos.

Allen Ginsberg
Traducciones de Jorge Ávalos
La Zebra |
#3 | Marzo 1, 2016

Los términos en que
concibo la realidad

La clave de la realidad
está en descifrar qué
tan real es aún el mundo.
El tiempo es la eternidad,
inamovible y postrera;
todos somos ángeles.
Es el misterio cambiante
de la perfección del Cielo:
¡La eternidad absoluta
no cesa de cambiar! Carros
corren hasta el final de la vía,
luces se encienden, apagan.
Es una gran planicie; todo
es visible, subido en esta mesa.
Almejas abiertas en los platos;
corderos roídos por gusanos
en el páramo agreste. El gesto
del cambio es tan bello,
tanto como las formas
concebidas y desechadas.
Después: distinguir procesos
en su particularidad,
con vistas a la iniciación
de gratos y nuevos cambios
deseados en el mundo real.
En esto somos abrumados
con tantos detalles penosos
que evocamos el Cielo una vez más.
Pues el mundo es una montaña
de mierda: si en verdad hay algo
por mover, no hay más remedio
que ensuciarse las manos.
La humanidad vive su desdicha
como la puta de River Street.
En su Eternidad sólo recibe
un par de pesos y muchas
palabras de desprecio por buscar
los placeres de la carne,
tal y como sabe hacerlo.
Nunca escuché su risa clara,
nunca vi el gozo de un amor
o noté un vuelco en su corazón:
tal vez cree que no se lo merece,
lo cual es su peor miseria.

Paterson, Primavera 1950

Huérfano salvaje

Tiernamente, mamá
le lleva a pasear

por el tren y por el río
—él es el hijo de un fugitivo

ángel del camino—
e imagina los carros

y los maneja en sus sueños.
¡Qué solitario es crecer entre

automóviles imaginarios,
las almas muertas de Tarrytown!

Crear
de su propia imaginación

la belleza de sus salvajes
ancestros —una mitología

que no puede heredar.
Después, ¿alucinará

a sus dioses? Despertará
entre los misterios con

el brillo delirante
de los recuerdos.

El hallazgo
—tan raro en su alma,

vislumbrado
sólo en sueños—,

de nostalgias
de otra vida.

Un asunto del alma.
De los injuriados

perdiendo la injuria
en la inocencia

—un gallo, una cruz,
la excelencia del amor.

Y el padre se acongoja
en su covacha,

la trama de la memoria
a mil millas de distancia,

sin saber que
un inesperado

e imberbe extraño
zumba hacia su puerta.

Nueva York, Abril 13, 1952

Transcripción de música de órgano

La flor en la botella de vidrio —la botella de mantequilla de maní que una vez agració mi cocina—, la flor en la botella de vidrio se inclinó para recibir la luz; la puerta del armario abierta, porque antes la usé, permaneció abierta para mí.

Desde el petate sobre el piso comencé a sentir esta miseria, escuchando música: mi miseria; por eso quiero cantar.

El cuarto se enclaustró sobre mí, y esperé la presencia del Creador, y vi el cielo raso y las paredes grises que contenían mi cuarto, que me contenían a mí como el cielo azul contiene a mi jardín, y abrí mi puerta.

La enredadera trepaba sobre la caseta, las hojas permanecían en la noche donde el día las había ubicado, las cabezas animales de las flores justo donde se habían alzado para pensar bajo el sol.

¿Puedo resucitar las palabras? ¿Nublará mi ojo mental —el ojo abierto de mi mente— la idea de transcribir este momento?

La bondadosa búsqueda por crecer, el grácil deseo de las flores de existir, mi cercano éxtasis por existir entre ellas, el privilegio de ser testigo de mi propia existencia —también tú debes buscar el sol…

Mis libros se apilan ante mí para mi uso, esperando en el sitio donde los dejé; no han desaparecido; el tiempo dejó sus reliquias y virtudes para que hiciera uso de ellas —mis palabras reunidas, mis textos, mis manuscritos, mis amores.

Tuve un momento de claridad, vi la pasión en el corazón de las cosas, y salí al jardín sollozando.

Vi los rojos capullos bajo la luz nocturna; el sol se ha ido, pero los capullos han crecido, en un instante, y esperan, detenidos en el tiempo, por el regreso del sol y su bondad… Flores que regué con fidelidad, como en un sueño soñado en el ocaso, sin saber cuanto las amaba.

Estoy tan solo en mi gloria —con excepción de ellas allá afuera; fijé mi atención: esos capullos rojos, mirándome y llamándome a través de la ventana con ciego amor; hasta sus hojas están llenas de esperanza y se han volcado, planas, hacia el cielo para recibir —toda la creación se abre para recibir, incluso la tierra en su planicie.

La música desciende, como desciende el alto tallo del pesado retoño, porque debe hacerlo, para existir, para vivir hasta la última gota de gozo.

El mundo conoce el amor que habita en su pecho como en la flor… el solitario, acongojado mundo.

El Padre es misericordioso.

Un ensamble eléctrico fue crudamente instalado en el cielo raso, después de ser construida la casa; en él se enchufa ahora mi tocadiscos…

La puerta del armario está abierta para mí, tal y como la dejé, y dado que la dejé abierta, ha permanecido abierta, amablemente, para mí.

La cocina no tiene puerta, pero ese agujero me permite ingresar cuando me place.

Recuerdo la primera vez que follé, cuando H.P. amablemente me desvirgó, y yo me senté en el muelle de Provincetown, a la edad de 23 años, jubiloso, elevado en la esperanza con el Padre, la puerta a la matriz abierta para admitirme si quería entrar.

Hay enchufes libres por toda mi casa, en caso de que los necesite.

La ventana de la cocina está abierta, para recibir el aire…

El teléfono —triste admitirlo— está arrinconado sobre el piso —no tengo el dinero para conectarlo.

Quiero que la gente se incline para saludarme cuando me vean y digan: “Tiene el don de la poesía, ha estado en la presencia del Creador”.

Y el Creador me ha dado un destello de su presencia, para conceder mi deseo, para no robarme de mi anhelo por Él.

Berkeley, septiembre 8, 1955

Ofrenda de navidad

Conocí a Einstein en un sueño.
La primavera se extendía sobre los jardines de Princeton.
Me acuclillé para besar su joven pulgar
como a un rubicundo papa,
su cara fresca, amplia, sonrosada.
“Inventé un universo aparte,
algo así como una Virgen”.
“Sí, la criatura se da a luz a sí misma”,
dije, citando a la Mezcalina.
Nos sentamos —aire libre, verano universal—
para almorzar; las esposas de los profesores
en las canchas del Club de Tenis;
nuestra reunión, eterna, previsiblemente;
mi gesto para besar su puño,
santificado inesperadamente,
considerando la Bomba Atómica,
algo que no mencioné.

Nueva York, diciembre 24, 1972

Trepamos rayos del sol
y caemos con la noche

La cruda orbe naranja del alba, brilla sobre Palisades,
ramajes yermos emergen apiñados desde las ciénagas
—Nueva Jersey, con mi padre manejando su automóvil
por la vía rápida hacia el aeropuerto de Newark. La cúspide
del Empire State, unicornio de acero; Manhattan se eleva
como los ojos de William Carlos Williams entre las sirgas alámbricas
de un puente colgante. Camiones de seis ruedas surcan impasibles
un paso a desnivel en el flanco abierto de Nueva York. Estoy aquí,
diminuto bajo un sol que se alza en el vasto cielo blanco,
mirando a través del esqueleto de nuevos rascacielos,
con la pluma en la mano, despertando…

Diciembre 11, 1974

Sobre la conducta del mundo
que prefiere la belleza al gobierno

¿Es esta la única manera en que podemos ser como Indios, como Rinocerontes,
como Cristales de Cuarzo, como agricultores orgánicos: vivir la vida que imaginamos
Adán y Eva vivieron, acariciándose mutuamente con trémulos miembros
antes que la Serpiente del Sexo Revolucionario se enroscara
en el Árbol de la Sabiduría? ¿De qué reirá ahora Roque Dalton,
quien una vez chasqueó los dientes como una metralleta mientras debatía
tácticas de acción para las masas
con sus Compañeros? Necesario matar los Yanquis con gran bomba.
Sí, pero no sin ayuda; más te vale que consultes con tu madre
la Correcta Línea de Pensamiento; sino consulta con Rimbaud cuando le amputaban la pierna;
o con Lenin después de su segundo ataque, enviando un mensaje con la Señora Krupskaya al
Camarada Stalin, y justo antes de su colapso cuando los asistentes Chekas
entraron impasibles para confirmarle que sus asuntos estaban en buenas manos
—no necesitan su atención. ¿Qué asco se mudó de la boca de su estómago a su cerebro?
¿Y qué pensó Khlebnikov exponiendo su propio estómago al sol desde el tren del hambre?
¿O Maiakovski antes que la bala cruzara su cerebro? ¿Qué aguda propaganda de acción
sobre el Campo de Batalla Burocrático en el Ministerio de Agricultura Colectiva en Ucrania?
¿Qué Consigna para arquitectos Futuristas, qué cantos épicos para las masas Portadoras de
Membresía en el Partido Comunista del futuro
sobre la conducta del mundo que prefiere la belleza al Gobierno?

January 27, 1986