Ricardo Lindo: “Es importante romper esquemas cuando se trata de la libertad” (entrevista)

Miroslava Rosales entrevista a Ricardo Lindo, en ocasión de la publicación del libro de poesía de éste último, Bello amigo, atardece…, en marzo de 2010.

Ricardo Lindo entrevistado por Miroslava Rosales
Fotografía de Sandro Stivella
La Zebra | #4 | Abril 1, 2016

Su canto retorna a nuestros corazones, un canto guardado por años en el arca de la memoria.  Bello amigo, atardece… es el nuevo libro de Ricardo Lindo, esta vez bajo el sello de Índole Editores (San Salvador, 2010). Son poemas que recorren la guerra y el homoerotismo con transparencia, sencillez y humanidad. Así nace un fruto de este escritor nacido en San Salvador en 1947, quien nos deja entrar a los recuerdos de sus residencias en Chile, Colombia, España, Francia y luego El Salvador, cuando decide quedarse tras volver de Europa.

¿Cómo descubre su vocación poética?

Desde chiquito… en el colegio nos ponían a hacer composiciones y yo era quien siempre ganaba, el que tenía el mejor trabajo en las composiciones.

He escuchado que la imaginación estuvo muy presente en su infancia…

Sí, me inventaba locura y media.

¿Una anécdota de ese tiempo?

Bueno, yo vivía en Chile y teníamos un club cultural [entona una voz grave, como la de un rey], “Alonso García”. Éramos unos bichos, de diez años. Entonces, ya tenía yo la cosa cultural ensartada en la cabeza. Hacíamos obras de teatro. Hacía que todos mis hermanos y los vecinos se disfrazaran. Era bien simpático. Pero sí, había otra gente bien pilosa también. Estaba mi amigo de infancia más cercano, y sigue siendo mi amigo aunque ahora muy a la distancia, Sergio Trabucco, quien ahora es director de cine chileno y que fue director del Festival de Viña del Mar. Y teníamos otro amigo también y que está muy pendiente, él se ha metido mucho en cosas de cinematografía.

¿Qué me dice de su estadía en Colombia, y de la casa que era embrujada?

Un señor había hecho una casa muy elegante, el dueño de la casa, pero murió antes de terminarla. Entonces, nadie la quería alquilar, por eso se la dieron a mi papá que, claro, una embajada de El Salvador nunca tiene dinero, entonces tener podía tener una casa elegante sin mucho dinero. Yo dormía en el cuarto que el señor había destinado para sí. Varias veces me pasaron cosas. A veces me pedían que me saliera porque llegaban huéspedes, y me pasaban a dormir con mis hermanos. Y a los huéspedes también les pasaban cosas. Les abrían la puerta en la noche aunque echaran llave. Oían pasos en la escalera y salían a ver, y no había nadie. Había en la casa una sala de billar, y sonaban las bolas del billar y no había nadie. Una vez oí quebrarse una cristalería entera y estaban mis papás abajo conversando. Y me dije: “Tengo sueño, hay mañana averiguo qué pasó”. Y no había tal, no se había roto ni un vaso.

¿Y aún así usted dormía solo?

Sí.  Nuestro fantasma no era un fantasma que se sintiera agresivo u ofensivo, era un buen fantasma, un fantasma doméstico.

¿De su padre qué es lo que más recuerda?

Era alguien con un gran sentido del humor, aunque muy neurótico. Se enojaba con mucha fuerza. Pero era alguien con quien podía pasarte todo menos aburrirte porque, de repente, era muy divertido. Al papel higiénico le llamaba “serpentina anal”. Cuando se levantaba en la mañana le pedía a mi mamá que le pasara “sus sandalias y su túnica”, o sea, la bata y las pantuflas. Era muy imaginativo. Entre sus amigos había gente muy importante. En Chile, estaba Jorge Délano, conocido como “Coke”, un caricaturista que fue de los pioneros del cine en Latinoamérica; había poetas grandes como Jorge Rojas y Nicanor Parra. Y así, por dondequiera que íbamos, fuimos conociendo gente muy relevante. De estos amigos, muchos llegaban a la casa; las conversaciones, entonces, eran muy interesantes.

Con su madre, ¿cómo era la relación?

Ella era muy adorable, siempre tratando de quedar bien con el gato y el ratón, aún ahora. Ella todavía vive, pero no se da mucho cuenta de lo que sucede a su alrededor, pero si uno va y la toca, se le queda viendo a uno con una ternura tan grande… [Carmen Fuentes de Lindo falleció el 9 de diciembre de 2015.]

¿Con sus hermanos ha sido cercano?

Depende, porque muchos años viví solo en Europa. Yo viví primero en Madrid, después en París, pero tengo un hermano que se fue a vivir a Alemania, entonces, nos veíamos. Según las circunstancias, me iba relacionando con uno o con otro. Hubo un tiempo que pasé en Madrid en la casa de mi hermana Irma Ruth, que se casó con un español y que es como un hermano.

El tiempo de la guerra, ¿cómo lo vivió? Es más, usted nos leyó su poema “Rabia”, motivado por su deseo de partir…

Sí, estaba descontento con todo lo que estaba pasando. Yo llegué cuando la guerra no comenzaba todavía, allá como en el 78. Entonces, de repente, todos los amigos se fueron: unos a la guerrilla, otros fuera del país. Y me quedé solo, como si hubiera caído en otro país. Fue un momento penoso, saber que la gente moría, y que uno no compartía… yo no estaba realmente en la guerrilla, pero casi todos mis amigos eran gente de izquierda. El mundo del arte ha sido muy izquierdoso. En esos años uno vivía en continua zozobra y con el alma hecha pedazos.

¿Cómo era considerado por no haberse incorporado a la guerrilla?

Trataron de jalarme para allá y para acá… pero haberme mantenido así, más al margen, me permitió esconder a la gente que huía al exilio, ayudar a sacar documentos falsos para que la gente se fuera del país antes de que la mataran. Eso, tuve ocasión de hacerlo. Me alegro de que haya podido hacer eso.

Al final, ¿por qué no se fue?

No pude, no pude. Ya había echado raíces de nuevo. Tras 14 años de estar en Europa, y encontrar que al fin había un país donde yo no era el extranjero… es muy difícil dejar eso. Aunque, como te digo, hubo ese momento de desconcierto al inicio de la guerra, por sentirme extranjero en mi propio país.

En su libro, Bello amigo, atardece…, vemos que está presente el tema homoerótico. ¿Qué nos podría decir de esta decisión, de su estilo de vida, tomando en cuenta que vivimos en una sociedad tan conservadora como la nuestra?

Yo creo que es importante romper esquemas cuando se trata de la libertad, que es el fondo del problema. Por eso he asumido esto, y ahí sí ha habido costos, por supuesto. Hay gente que me ha rechazado, obviamente, incluso dentro del ámbito familiar. Pero creo necesario crear un mundo más libre, para la gente que viene tras uno. En otro tiempo, me hubieran matado en la calle.

Al menos en uno de sus poemas identifico un diálogo con su padre…

No, nunca lo hablamos, porque esas cosas eran tabú. Él era sumamente homofóbico, ese fue el fondo del asunto. Nos agredíamos verbalmente, pero ese tema no se tocaba.

Su declaración como homosexual, ¿en qué momento se da?

Es un momento tardío de mi vida. Tendrá lugar hará unos… no sé, cuándo escribí “Injurias”, el primer poema del libro del mismo nombre, que publiqué en el Latino. Eso habrá sido hace unos seis, siete años.

¿Cuáles fueron las reacciones?

En ese primero momento no hubo una gran reacción. Después, cuando ya salió en forma de librito —más bien salió como una plaquette, es muy pequeño—, hubo presentaciones públicas, y entonces se acercó bastante gente y las reacciones me sorprendieron. Fueron mucho más los que aprobaron que los que reprobaron lo que hice. Creía que iba a ser un éxito de escándalo. Hasta cierto punto, me decepcionó que no hubiese habido un éxito de escándalo.

¿Cómo entra en contacto con Índole Editores?

Ellos me contactaron, pero hace tiempo, porque querían reeditar mi primer libro, XXX, un libro de cuentos. Pero ahí se quedó la cosa… pasaron los años. Después, estaba tratando de publicar este libro, pero no era posible. Cada vez había más trabas. Total, que ha tardado sus tres años antes de ver la luz el libro.

¿Con la Dirección de Publicaciones, la editorial nacional de El Salvador, no tuvo oportunidad de publicar?

Ya con la Dirección, francamente… la última vez me tuvieron un libro retenido como nueve años antes de verlo publicado… El canto aún cantado, una novela sobre la vida del rey Salomón.

De los poemas de su nuevo libro, ¿a cuáles les tiene más afecto?

Este que leí ahora del río de plata y gris, es uno de los que más me gusta, porque fue una cosa muy bella. Fue un sueño… yo iba, efectivamente, en la canoa, por ese río pausado y maravilloso entre los árboles, y sentía que no debía pensar, que al menor momento que yo emitiera un pensamiento la canoa se iba a hundir. Entonces iba bloqueando el pensamiento, pero no pude. Pensé: “¡Qué bello es esto!” Y me desperté. Y entonces traté de retener la sensación mientras duraba. Me apuré a escribir. Quedó, por lo menos, un reflejo de lo maravilloso del sueño.

La última parte, que le da nombre al libro, “Bello amigo, atardece…”, ¿cuándo inicia el proceso creativo?

Ahí hay poemas para varias personas, para tres concretamente. Uno es ya de hace mucho tiempo, un poema que viene de allá por el 86. Los otros son relativamente más recientes.

¿Cómo ha sido la recepción del libro?

Pues, comentarios… en realidad, casi no han habido. [Dramatiza las situaciones] “¡Ah, felicitaciones!” “¡Qué bueno, muchas gracias!” “¡Vaya está bueno!” [Ríe como aquel que ha hecho una travesura].

 


MIROSLAVA ROSALES (1985). Poeta salvadoreña. Forma parte de la Dirección Nacional de Investigaciones en Cultura y Arte y del comité editorial de la revista ARS. Tiene a cargo la sección “El vértigo de Hispanoamérica”, de la revista española Kiliedro. Su trabajo aparece en las antologías Nuevas voces femeninas de El Salvador (Editorial de la Universidad de El Salvador, 2009), y en revistas de España, Estados Unidos, Canadá, México, Colombia, Perú, Venezuela, Argentina y Centroamérica.

Publicación original de esta entrevista:
Diario Digital Contrapunto, San Salvador, 15 de marzo de 2010.