Ulises Juárez Polanco: “Carácter” (opinión)

Una selección de pensamientos extraídos de los artículos que Ulises Juárez Polanco escribió para El Nuevo Diario de Managua entre 2003 y 2006.

Ulises Juárez Polanco
Selección de Jorge Ávalos
Fotografía de Daniel Mordzinski
La Zebra | #21 | Septiembre 1, 2017

Mis opiniones. Mis convicciones. Mis circunstancias.*

“No somos disparados a la existencia como una bala de fusil cuya trayectoria está absolutamente determinada. Es falso decir que lo que nos determina son las circunstancias. Al contrario, las circunstancias son el dilema ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter.”
José Ortega y Gasset

Hablar de filosofía y de educación es, al fin de cuentas, hablar de lo mismo… Con la filosofía, entendida no como un popurrí de términos complejos e incomprensibles, sino como una actitud ante la vida, aprendemos a valorar la vida y a todos los seres vivos. Aprendemos a desterrar las preocupaciones o prejuicios; a imprimir en el espíritu elevación de miras, y a comunicarle cierta modestia y sobriedad de juicio. La importancia de la filosofía reside en el simple hecho de que el hombre se pregunte y encuentre respuestas que lo hagan llegar al total conocimiento para de esta manera justificar ciertos hechos universales que no ha podido resolver y de este modo alcanzar una visión más amplia de la vida y de la realidad teniendo una comprensión más amplía de sí mismo, así como de su entorno y de las capacidades y límites que tiene el hombre en la vida… Cuando el sabio apunta al sol, el necio observa el dedo.

“El entierro de Sofía”,
16 de noviembre, 2003.

 

No pretendamos construir innecesariamente la máquina para sentir el aire.

“Lo que dijo el ministro de nuestro sistema educativo”,
27 de enero, 2004.

 

Al grano: un elemento que siempre estará en nosotros es la sangre Güegüence, la sangre del viejo embustero, la sangre del viejo pícaro y bandido, pilar de nuestro folclor, pequeña voz en nuestro inconsciente colectivo que guía al espíritu del nicaragüense, perdurando en el tiempo y constituyéndose no sólo como símbolo de nuestra idiosincrasia, sino además de nuestra propia realidad político-social histórica, ya que en él se definen la nacionalidad, la forma de ser y comportarse, la relación con el mundo y con la autoridad de todo pinolero.

“¿Cuál es el Güegüence que corre en nuestra sangre?”,
1 de febrero, 2004.

 

Lo que sabemos es una gota, lo que desconocemos es el océano.

“Legislar la clonación terapéutica: ¿estamos listos?”,
4 de abril, 2004.

 

El autor todavía es humano.

“Legislar la clonación terapéutica: ¿estamos listos?”,
4 de abril, 2004.

 

Soy joven, y en mis utopías juveniles, el diálogo, el debate de ideas y la palabra son las herramientas con que se moldea el futuro.

La Palabra, el diálogo, son los que hacen al hombre un animal distinto, inteligente y capaz de comunicarse, separándonos de nuestros parientes de la jungla. En un mundo en guerra (guerra en la tele, al otro lado del océano, en las calles, en el aire, en la tierra, debajo de nuestras mismas sábanas, en todos lados) indudablemente lo único que tenemos es la palabra. Hablar nos hace humanos, dialogar nos hace seres sociales.

“De perros y gatos rabiosos”,
25 de marzo, 2004.

 

Verba movent, exempla trahunt (Las palabras conmueven a la gente, los ejemplos las mueven).

La vida es mucho más que simplemente respirar y tener un corazón que palpite. La vida se traduce en un compromiso no sólo con nosotros mismos, sino con todas las personas, en todo lugar, momento y circunstancia. Es innegable que el tiempo –que como cualquier río no se detiene– continuamente cambia y nosotros cambiamos con éste. La inclinación hacia acciones positivas o negativas a favor o en contra de los que nos rodean es estrictamente personal, así como la opción de ser sujetos pasivos o meros observadores del panorama social, económico y político que se vive en el país. O ser todo lo contrario: buscar el cambio por medio de la acción, gracias a un pensamiento ordenado y argumentado que nos demuestra que la realidad es cambiante y, urge modificarla para bien, pues las generaciones que nos anteceden no lo han logrado en su totalidad. El primer paso para solucionar las barreras es reconocerlas.

No buscamos horizontes pontificales ni inmortalidad en monumentos de bronce. Nuestra intención es más humilde: no caer en la pasividad. Somos parte de una generación que no es “el futuro de la nación”, sino el presente, el vivo e importante hoy de nuestra Nicaragua y, como tal, tenemos una responsabilidad nacional.

Encontrar una alternativa a nuestra confusa telaraña es la meta central de nuestra exploración. Indagar hasta descubrir, después actuar. De tal manera, podremos decir con certeza que vivir es mucha más que simplemente vivir.

“Manifiesto de Nueva Generación”,
15 de febrero, 2004

 

Tenemos un país en donde la juventud no tiene dónde reclinar su cabeza, en donde su pecho es como el mar, como el mar que no descansa ni de día ni de noche, como diría el poeta Carlos Martínez Rivas…

“Contra el pacto y los caudillos”,
18 de abril, 2004.

 

¿Cómo se defienden las hormigas del elefante? Uniéndose.

“Política exterior del régimen sandinista”,
18 de julio, 2004.

 

En política lo importante no es tener razón, sino que se la den a uno.

“Don Enrique, la corrupción y el banquete de Damocles”,
15 de noviembre, 2004.

 

Cuando siendo joven John Milton escribió que la juventud debe mandar en la sociedad, el momificado establishment político inglés del siglo XVI se burló ásperamente. Al recordar esta imagen, es decir, la imagen de un poeta (considerado por muchos el inglés más grande después de Shakespeare) maquinando un pensamiento irrefutable, pero a la vez siendo criticado duramente por su sociedad, pareciera que el joven nicaragüense del siglo XXI sufre en carne propia el mismo desprecio del establishment político criollo…

Bien tenemos claro que los actuales políticos no son inmortales, por lo que el relevo se da se quiera o no se quiera. ¿Qué relevo tendremos en las próximas décadas? ¿Por qué el joven no está interesado? Una posible respuesta la encontramos en la situación histórica en que nace la nueva generación. La “nueva generación” actual está marcada por múltiples heridas que aún no cicatrizan. El hecho de haber nacido después del terremoto y la guerra entre hermanos (ambas con sus múltiples consecuencias sociales) hace de la nueva generación una generación que busca cómo olvidar lo sufrido y, por ende, una generación pasiva ante las graves dificultades actuales y futuras. De esta realidad tenemos dos ramificaciones: el joven que busca olvidar y el viejo que no puede olvidar. Así, el continuismo de este enfrentamiento entre los viejos se pasa de las armas de fuego a las armas de la “democracia”. Al joven ni siquiera le interesa ver los toros de lejos. Ergo, el relevo generacional lo está dando (contradictoriamente) la vieja generación. Un círculo vicioso de ideas desfasadas.

“Ellos se están quedando con el relevo generacional”,
24 de octubre, 2004.

 

Históricamente hay una especie de gratitud consciente hacia la clase política, por pésimas y corruptas que sean sus acciones. Agradecemos el hecho de habernos dejado “vivir” sanos y salvos y recordamos colectivamente “gestos de compasión y ayuda” que ellos han tenido para con el pueblo. Idéntico a lo que sucede con el Síndrome de Estocolmo.

Se cree que para detectar y diagnosticar el síndrome de Estocolmo son necesarias dos condiciones: 1) Que la persona haya asumido inconscientemente, una notable identificación en las actitudes, comportamientos o modos de pensar de los captores, casi como si fueran suyos. 2) Que las manifestaciones iniciales de agradecimiento y aprecio se prolonguen a un largo período de tiempo, aún cuando la persona ya se encuentra integrada a sus rutinas habituales y haya interiorizado la finalización del cautiverio.

Lo peor es que, al igual que el Síndrome de Estocolmo, el nicaragüense atraviesa un proceso inconsciente en el cual cree y siente que es razonable la actitud del secuestrador, sin percatarse de la identificación misma, ni mucho menos de las graves consecuencias de esta desorientación. Nuestra pobreza es el mejor ejemplo. Es curioso que en estas fechas en que celebramos las fiestas patrias, entre ellas la Independencia, aún sigamos siendo cautivos de la clase política y el juego sucio y rancio que ellos hacen con nosotros, el pueblo. ¿Acaso alguien puede dudar que sufrimos (y crónicamente) el Síndrome de Estocolmo?

“Somos rehenes y rehenes agradecidos”,
12 de septiembre, 2004.

 

Donde no se obedece la ley, la corrupción es la única ley.

“Aquellos dos días contra la corrupción”,
8 de agosto, 2004.

 

Me deja perplejo escuchar la poesía en las palabras trasnochadas de los políticos cuando tocan el tema de las reformas, diálogo nacional, referendo y Estado de Emergencia. Ya no sé cuál es la verdad: si nuestros poetas ahora son políticos o si nuestros políticos se han vuelto poetas. Ambas opciones me asustan.

“Asteriscos para un nuevo año”,
2 de enero, 2005.

 

¿Qué implica tener que enfrentarse al hombre más fuerte de la tierra? Sencillo. Implica tener que enfrentarse con uno mismo, ya que no hay nada más fuerte que uno mismo. Las luchas contra las adversidades que consideramos imposibles, es básicamente la lucha contra nuestros propios miedos.

“Somo pequeños hércules luchando contra los monstruos bicéfalos”,
19 de junio, 2005.

 

Nuestra política es de hombres y mujeres, no de ideas. Hoy tenemos una manada de lobos en el poder, y mañana tendremos otra.

“El oportunismo como ideología actual”,
16 de junio, 2005.

 

Es difícil encontrar momentos estables en la historia de Nicaragua. La cadena histórica nicaragüense tiene una característica fácilmente identificable: salvo brevísimas excepciones, es inestable, violenta, belicosa y llena de contradicciones casi permanentes, probando lo incoherente que han sido nuestras páginas del tiempo desde los tiempos de la Conquista. ¿Será que somos una excepción tragicómica a la vox pópuli, pues lejos de aprender de nuestras caídas, encontramos tan cómodo el suelo que permanecemos ahí, sin levantarnos de una vez por todas?

El mensaje detrás de nuestra historia parece no haber sido escuchado por ninguna generación. La paz es un tema utópico, y la inestabilidad es desayuno de todos los días.

A veces me pregunto qué nos diría la historia, nuestra historia, esa mujer de cabello y ojos negros con piel morena, que está escondida en algún lugar de nuestros lagos o volcanes, alrededor de qué hemos hecha de ella. ¿La hemos tratado bien? ¿O la hemos desperdiciado?

“¿Si nuestra historia fuese una mujer qué nos diría?”,
17 de abril, 2005.

 

Recuerdo a alguien decir que el arte es una extraña máquina que traga, que absorbe todos los placeres, todos los acontecimientos y sentimientos de la vida. Quien la vive, es un vampiro, un caníbal. No mintió, pero olvidó agregar algo: aquel que lee también se vuelve más humano.

“Como dijo García Márquez, si la patria es pequeña, uno grande la sueña”,
9 de diciembre, 2005.

 

La literatura fantástica, me dice Julio, es desafiar día a día la realidad del lenguaje que conocemos. Nuestra realidad nicaragüense, digo yo, es el lenguaje para desafiar fantásticamente a la literatura que conocemos.

“40 corchos de plomo para golpearnos la dignidad”,
27 de octubre, 2005.

 

Si la juventud es la época de esperanza es porque, con frecuencia, los mayores tienen esperanza en nosotros.

“De porqué la juventud es la época de la esperanza”,
27 de abril, 2006.

 

Si el arte y la literatura tienen algún poder para cambiar al mundo, sería como expresó el Nóbel portugués: “No creo que la literatura cambie por sí sola al mundo. La literatura es, en definitiva, una mano que levanta la piedra y nos enseña que hay debajo de ella.” Es verdad, José Saramago, porque, ¿qué es el arte sino una manera crítica de verse a sí mismo y al mundo que nos rodea? El reto de cambiar al mundo no compete al escritor, sino al ciudadano, es decir, a todos nosotros, una vez que el escritor y el artista han levantado la piedra.

“La realidad como inspiración y la cultura entre letrinas”,
30 de junio, 2006.

 

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* Este título, junto con la cita de Ortega y Gasset, son del autor, quien así presenta su propia colección de artículos en su bitácora personal, Dulce Nostalgia.

 


ULISES JUÁREZ POLANCO (1984-2017). Escritor, editor y gestor cultural. Licenciado Magna Cum Laude en Derecho y Magna Cum Laude en Diplomacia y Relaciones Internacionales de la Universidad Americana (Nicaragua), con especialización en ciencia política de la Universidad de Salamanca y diploma del Global Competitiveness Leadership Program de Georgetown University, Washington, EE.UU. Es autor de cuatro libros de cuentos: La felicidad nos dejó cicatrices (España: Valparaíso ediciones, 2014; publicado también por Valparaíso ediciones Centroamérica, 2014); Los días felices (Costa Rica: Uruk editores, 2011); Las flores olvidadas [Doce cuentos en construcción] (México: FONCA/AECID, 2009); y Siempre llueve a mitad de la película (Nicaragua, 2008). Fue un editor incansable, con 12 libros de otros autores a su cuidado y como editor de 7 antologías, tanto de poesía como de cuento. Fue uno de los fundadores y directores del mayor encuentro anual de escritores de la región, Centroamérica Cuenta. Al momento de su muerte trabajaba en la edición final de su novela Sirenas.

Fotografía de Daniel Mordzinski: Carlos Mejía Godoy y Ulises Juárez Polanco en la vieja Catedral de Managua, 2012.