Carlos Velis: “Ese asunto de la cultura” (opinión)

Una opinión, desde una perspectiva de izquierda, sobre el estado de la cultura en El Salvador.

Carlos Velis
La Zebra | #23 | Noviembre 1, 2017

Se tiende a reducir el tema de la cultura al arte. La cultura es mucho más que eso. En cuanto a las labores artísticas, es de justicia reconocer que este gobierno de El Salvador, ha dado apoyo, a pesar de sus carencias, a los proyectos artísticos. He seguido con mucho interés las actividades de la Secretaría de Cultura (Secultura), la fundación del Centro Cultural de la Asamblea, los apoyos a proyectos privados, etc. Pero no es eso lo que se necesita. Se haga lo que se haga, nunca será suficiente.

Me explico. Los artistas somos entes demasiado independientes, provocadores, críticos; ácratas, diría yo. Eso de instituciones y estructuras de gobierno nos levanta urticaria. El proyecto más grande y generoso que ha existido en el país ha sido el del gobierno del coronel Osorio, de 1950 a 1955. En ese período se hizo una verdadera reingeniería del país en cuestiones culturales. Se fundaron los turicentros, se disfrutó de grandes obras teatrales, musicales, dancísticas, etc. Los libros editados por la Dirección de Publicaciones en esos años son verdaderas joyas de coleccionistas. Los monumentos fueron rigurosamente elegidos por calidad y renombre del artista, para dotar a la nación de verdaderos tesoros de arte. Pero se cometió el error de darlo todo de gratis, con lo que se estableció el paradigma de que el arte no se cobra y, a la larga, se desmotivó la profesionalidad de los artistas. Por eso, los proyectos artísticos tienen que ser autónomos, de los mismos artistas. La población tiene que aprender que el arte se paga y que es necesario. Lo que necesitamos es que se nos allane el camino para nuestros proyectos, apoyo para conseguir fondos privados e internacionales, escuelas, fundaciones.

Pero el problema yo lo ubico en la estructura estatal. Ninguna de las pasadas instituciones de cultura —ni la Dirección de Cultura ni Concultura ni Secultura— y me atrevería a decir que ni un utópico Ministerio de Cultura podría resolver nada, mientras la cultura siga siendo marginal en la vida del Estado. La cultura debe de tener residencia plena, como la tiene la defensa nacional, hacienda, educación, salud, etc.

¿Qué tiene que ser la cultura en las esferas oficiales?

La cultura es el eje transversal de la vida y debería de serlo de los proyectos gubernamentales. Los funcionarios tienen que entender que la cultura es inversión social, que no es ni será autosostenible. Se tiene que enfocar en hacer una labor multidisciplinaria para diseñar una reingeniería del alma salvadoreña. Ejemplos abundan. Los países derrotados en la segunda guerra mundial: Japón, Italia, Alemania; los que salieron de las grandes crisis: Estados Unidos, Inglaterra, México, Rusia. Pero hay un caso muy cercano a nosotros, por la zona, la situación bélica y el caos urbano, que fue Bogotá. Antanas Mocus logró reeducar a una ciudad mucho más grande que la nuestra y con índices terribles de delincuencia. Nueva York, Sur Centro de Los Ángeles, California y un largo etcétera, son otros ejemplos. Cuando se quiere, se anteponen los intereses de la nación a los personales y se puede.

Estudios sociales, territoriales, de conducta, lingüísticos, promulgación de leyes, campañas de educación popular en temas como el incesto, la pedofilia, sexo, racismo, acoso, discriminación, sumo y sigo. En eso, el arte tiene que ser un auxiliar, y el gobierno debe financiarlo.

Y aterrizo en el más grave y urgente de los puntos. La salud mental. Asusta ver, en los memes y comentarios, el reflejo exacto de una enfermedad mental muy grave entre nuestra gente. Y con razón. Somos un pueblo veterano de una larga y cruenta guerra, que no tuvo una reparación, ni física, ni social, ni psicológica. Nadie habla de sus problemas de insomnio, ataques de ansiedad, angustia, descontrol del apetito, adicciones y otros síntomas, que se pueden resumir en el estrés post traumático de la guerra. Y el que me diga que no lo padece, que se preocupe más porque es el que está peor. Nunca se ha hecho nada por sanar las heridas. Al contrario, por veinte años vivimos la frustración, la rabia de ver cómo nuestro patrimonio se iba por el caño, cómo nuestra juventud se perdía. Luego, estos años de gobiernos de izquierda, no han logrado mejorar la situación. Los índices sociales y económicos puede ser que hayan mejorado. Pero la gente quiere volver a sentir que vale la pena vivir en su país. El Norte ya no es lo mismo que antes. No salimos porque creemos que vamos a ir a recoger el dinero entre las piedras. ¿Por qué la gente que vive de las remesas en el país, al llegar al norte, trabaja hasta tres turnos? ¿No hay allí una paradoja?

Desde los gobiernos militares fueron arrancadas las materias humanísticas de los programas escolares, las carreras universitarias de filosofía fueron cerradas, las escuelas normales las convirtieron en cuarteles. Luego, los areneros cerraron centros escolares, lo cual fue un crimen, sobre todo en lugares tan populosos como Zacamil, quitaron los incentivos a la actividad artística. Luego, la reforma educativa de la época de “paz”, donde participaron dos exguerrilleros, se pasó de largo los temas humanísticos y artísticos también. Hasta ahora parece que no se van a suavizar las crueles leyes sobre el aborto, pero aunque lo hicieran, sin educación, tanto a los jóvenes, como a los operadores de salud, de nada serviría.

Ahora, estamos por entrar en la recta final del periodo electoral donde se definirá si tenemos otra oportunidad, o perdemos todo lo logrado y nos enfrentaremos, no a los viejos derechistas. Me temo que será a algo peor, a la ultraderecha. Revisemos la historia, España, Argentina, Chile, y ahora, Trump.

 


CARLOS VELIS (1951). Actor y dramaturgo salvadoreño. Es autor, entre otras obras de teatro, de: La misma sangre; San Salvador después del eclipse; y Juana la loca. Ha sido ganador de tres ediciones de los Juegos Florales de Centroamérica, México y el Caribe en Quetzaltenango, Guatemala, rama Teatro, 1998, 1999 y 2004, con los que fuera nombrado Maestre de la Dramaturgia.