Mario Zetino: “Una noche de cuentos” (opinión)

Un encuentro inesperado con el arte de contar cuentos, durante la presentación de la nueva antología de minificción de Centroamérica publicada por Índole Editores, “Tierra Breve”.

Mario Zetino
La Zebra | #29 | Mayo 24, 2018

Ayer por la tarde salí a tomarme un rato para mí mismo. Quería hacer algo que me inspirara, que me hiciera soñar. Había dos cosas que me llamaban la atención: ir a ver una película europea, Eternal Summer, que iban a pasar en el cine Reforma, y la presentación de Tierra breve, una antología de cuentos breves centroamericanos, en el Centro Cultural de España. Ambas eran posibilidades, y yo aún no me decidía. Era el final de la tarde, cerca de las 6:00, y ambos eventos eran a las 7:00.

Andaba caminando por el Paseo General Escalón, y entré a la sorbetería La Michoacana. Pedí un sorbete de mango (una gloriosa bola de amarillo color mango maduro con fibras del mango asomándose) y me senté a comérmelo en un sofá del local. Saboreé y pensé. Mi reloj marcaba las 6:04, y con el tráfico de esa hora, ya era momento de ir saliendo. Abrí Uber y escribí como destino el cine. Pedí el uber.

Una vez encontrado el conductor, éste me escribió: “hacia dónde se dirige”. Y entonces —lo aseguro, así me pasó— me surgió una intuición, una sensación e incluso una voz: “Tu lugar hoy no es el cine”. Y le respondí al conductor: “al centro cultural de españa”.[1]

Me hubiera perdido de mucho si no hubiera ido. Pues no asistí a la presentación de un libro como se la suele entender (los presentadores hablan, el público escucha, se dan aplausos y se acabó), sino que participé del acto humano básico y milenario de sentarme a escuchar cuentos.

Uno a uno, los autores salvadoreños presentes pasaron a la mesa y leyeron un cuento. Algunos llegaron a durar alrededor de dos minutos, mientras que otros eran verdaderos microrrelatos, de un párrafo, de cuatro líneas. Todas son buenas historias, sorprendentes y muy bien contadas.

Así, escuché cómo Carmen González Huguet contaba la vida de abusos familiares y sexuales que había sufrido una adolescente, y cómo esta ponía fin al conflicto, con un disparo hacia su agresor, todo en exactamente 100 palabras. Escuché la verdadera historia de Mambrú, el soldado de la canción infantil, contada por Ricardo Hernández Pereira. Escuché la sorpresiva y contundente resolución de una relación tóxica entre… los dos cuerpos de una mujer y el hombre con quien han estado, narrada por Jeannette Cruz.

Y vi los rostros y escuché las voces de narradores salvadoreños a quienes desconocía por completo. Y escuché microrrelatos muy buenos, de escritores reconocidos como poetas, como Edgar Iván Hernández y Vladimir Amaya.

Una noche de verdaderos narradores, de esa gente de la comunidad que son los que cuentan cuentos.

Acerca del libro, Tierra breve. Antología de minificción centroamericana, selección y prólogo de Federico Hernández Aguilar, es una antología intergeneracional que reúne textos de 153 autores de 6 países. Incluye a autores vivos (y a los que fallecieron durante el tiempo que tomó realiza la compilación), que van desde consagrados en las letras y en el género, como Claribel Alegría, David Escobar Galindo, Sergio Ramírez, Ana María Rodas y Enrique Jaramillo Levi, pasando por nuevos narradores, como por ejemplo (y aquí mencionaré sólo a salvadoreños) Carmen González Huguet, Jacinta Escudos, Jorge Ávalos, Salvador Canjura y Jorge Galán, hasta narradores nóveles, como Claudia Meyer (1980), Ricardo Hernández Pereira (1985), Jeannette Cruz (1987) y Alejandro Córdova (1993). La publicación ha sido realizada a través de la fusión de cuatro iniciativas editoriales y culturales: Índole Editores, la Fundación Poetas de El Salvador, la Editorial Kalina y la Fundación Claribel Alegría.

Los presentes no estábamos en medio de la noche oscura, ni había una fogata en medio de nosotros, pero la magia de escuchar cuentos sí estaba presente, era palpable: en la expectación que creaba cada trama, en el asombro y en la risa que desencadenaban los desenlaces, en el saborear el tono y el ritmo de las voces de los narradores, varios de ellos publicados o conocidos por primera vez. La noche fue lo que durante milenios hemos hecho como humanos: contar cuentos.

Para mí, esta antología y la fusión editorial que la publica son parte esencial de nuestro futuro como lectores y autores centroamericanos. Deseamos y necesitamos conocernos, y, para ello, debemos salir en busca de los otros, crear redes, unirnos. Así trascendemos el aislamiento en el que los egos nacionales, los mercados que no comprenden la literatura de nuestros países y la desinformación nos han tenido, haciendo que nos desconozcamos unos a otros.

Al contarle del evento a Marta Eugenia Valle Contreras, artista visual, educadora e investigadora, ella me dice que el currículo para profesores de la escuela normal de El Salvador incluyó una asignatura llamada “El arte de narrar”[2]. Días como el de ayer me dicen que debemos volver a practicar este arte: reunirnos, cara a cara, aunque sea con un sólo amigo; escuchar y saborear sus historias, y contar las nuestras con el gusto de contar, de compartir, de encontrarnos.

 

NOTAS

[1] Los mensajes de Uber usan por default sólo minúsculas.

[2] Fue en el reglamento de 1938. Ver: Valle Contreras, Marta Eugenia. (2011). La Educación Artística en la enseñanza básica en El Salvador. Antiguo Cuscatlán: Centro de Investigaciones en Ciencias y Humanidades (CICH), Universidad Dr. José Matías Delgado. Pág. 178.

 


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MARIO ZETINO (Santa Ana, El Salvador, 1985) es poeta y traductor. Ha publicado los poemarios Uno dice (Índole Editores, 2013) y Los caballos dorados (Zeugma Editores, 2017). Compilador de la antología Memorias de la Casa. 25 poetas (Índole Editores/Fundación Claribel Alegría, 2011). Se dedica a la investigación académica en las áreas de los estudios literarios y la educación. Escribe el blog Uno dice.