Prudencia Ayala: “Payaso literario” (humor)

Una muestra de los escritos humorísticos de una pionera salvadoreña del feminismo en América Latina.

Prudencia Ayala
La Zebra | # 34 | Octubre 1, 2018

Prólogo

Bric-a-Brac. Una amenaza.

La profetiza Dévora, digo, la Sibila santaneca Prudencia Ayala, anuncia un nuevo libro de… delirios, después de “Luz de Orión”, que es una olla de grillos y que anda de mano en mano en los manicomios y las clínicas de neuropatología, la pitonisa metropolitana ha caído en nueva crisis y nos amenaza con revelarnos, en un libro cabalístico, y abracadabramente, sus plurales alucinaciones y videncias ultracelestes que, a no dudarlo, servirá a los alienistas para establecer la etiología de su “caso”, y el respectivo diagnóstico.

Ramiro Abril[1]

Post Data. Publicado bondadosamente y con anticipación en el número 204 del diario La Nación por Ramiro Abril, o sea don Raúl Andino, de quien estoy altamente agradecida por…

Nota

Don Ramiro:

No sabía que usted a los tribunales jurídicos los nombra manicomios y clínicas de neuropatía, y a los jueces, alienistas. Es usted sabio en su conocimiento por lo que dice: “Luz de Orión” anduvo de mano en mano de los jueces. ¿Dígame, ¿qué dijeron los jueces alienistos de la etiología del caso?… Eche pan a su matate don Ramiro, es usted el que ha caído en doble crisis del caso, y que digan los lectores si el librito en referencia está conforme con lo que usted piensa, o que lo afirme Juan Ulloa, en el diario La Prensa, por ser éste el notable profesor de usted en achaques literarios y gramaticales, ya que no sé si usted está alienado al comentar de tal fondo mi rústico librito que Dios sabe cuánto entusiasmo me inspira.

De usted siempre su amiga,

Esperanza de la Espiga[2]

Broma

Apreciado don Cucurucho:

Han pasado los días que no lo veo ni le escribo, hasta hoy con plácido deseo de hacerlo. Su salud y la de su cara mitad, lo mejor que goce.

¿Dígame don Cucurucho? ¿Qué hago para que los diablos me quieran? ¿Será necesario apelar a secretos cabalísticos y abracadabrantes del libro diabólico del amigo nuestro para abrir las puertas del infierno y conocer a los jefes de la Jefatura del Establecimiento para aliarme con ellos y hacer lo que me venga en gana sin que nadie me toque las pestañas?

¡Uy, uy, uy, que me tientan!

¡Ja, ja, ja! Don Cucurucho, que bonito cuento.

Aviso al público

Está a la venta el libro intitulado “Más hojas que tamales”, escrito por un palafrenero de trascendencia local.

Cuento

Unos ciegos, al oír hablar a una loca, le tiraron sin tino con sus bordones, con tan mala suerte que ésta, al ver sobre ella las descargas, se acercó a ellos, les quitó los bordones y les dio hasta el alma.

Al escándalo acudió la autoridad, y los ciegos guardaron silencio. Pero ellos, al oír que se llevaban a la loca, declararon que ella no tenía culpa. Dijeron los ciegos:

—Todos nosotros le tiramos para que se callara, y ella nos quitó los palos y nos dio segura paliza. Además —dijeron los ciegos—, la ley no pesa sobre los faltos de sentido.

La autoridad se retiró carcajeándose al ver a los ciegos satisfechos de su merecido.

La loca quedó defendida por los mismos ciegos, y garantizada por la autoridad. Esta es la gracia del cuento: que los ciegos con la loca fueron después amigos inseparables.

Dos ciudadanos

Al encontrarse, dijeron dos ciudadanos:

—A la larga se cansa o se alcanza. Somos del mismo país, y el mismo camino andamos.

Detalles

En el diario La Nación, Nº 93, dice:

En el Diario de Occidente la señora Prudencia Ayala, pitonisa y poetisa de altos vuelos, lanza un tremendo apóstrofe que empieza así:

¡Oh, Dios, espíritu oculto en el infinito, escúchame! Te clamo en mi dolor profundo, ¡óyeme!

Bogo triste y sola por el mundo, las puertas de la idea, de armonía en la razón, las encuentro cerradas, los semblantes duros me miran iracundos, en su ironía quieren devorarme, y en su abismo ellos solos se confunden.

Señora: si se le cierran las puertas de la idea, de la armonía y de la razón, lo que yo siento mucho, se le abren en cambio, de par en par, las puertas del manicomio…

Mateo Abril[3]
Julio, 1924.

Payaso en escenario

Diálogos del payaso

Declaración de amor

—¡Quiéreme Lucrecita! ¡Te amo desde que te cortaste el cabello!

—Estás correspondido, Arlequín. ¡Eres mi ilusión desde que te rasuraste el bigote!

—Nosotros no reñimos contra esa moda que por higiene se volverá costumbre, ¿verdad, querirífico?

—Estamos entendidos.

—El próximo domingo nos casaremos por amor y por cordura de ideas que en ambos reúnen nuestras aspiraciones, Lucrecita.

Payaso soltó la carcajada:

—¡Ja, ja, ja!

—No se han fijado mis compañeros que ridiculizan a la mujer por haberse cortado el cabello, que nosotros nos rasuramos el bigote. ¡Qué tiranía!…

—Aquí cabe paleta en aquel adagio que dice: “Linces para ajenas faltas / siempre las vituperamos, / y topos para las nuestras / siempre nos las perdonamos”.[4]

Eso dijo Payaso, entre marido y mujer, al oír al hombre que le decía a la señora:

—Pepita, ¿quién te aconsejó que te cortaras el cabello? ¡Te vas a masculinizar!

—Cándido, ¡no seas tan cándido! ¿Que no te miras la viga que tienes encima? Te has rasurado el bigote y jamás te he dicho que te vas a feminizar.

Payaso da que pensar en lo que dice. En tiempos remotos, el hombre y la mujer usaban el cabello largo, el hombre en la civilización dispuso cortárselo y se generalizó la costumbre por higiene y por cómoda. Pero hoy que la mujer se lo corta, algunos compañeros están tristes porque creen que la mujer se masculinizará…

—¡Ja, ja, ja! ¡Qué niñerías!

 

NOTAS

[1] Seudónimo de Raúl Andino, periodista y redactor de La Nación.

[2] Seudónimo de Prudencia Ayala.

[3] Seudónimo de Manuel Andino, editor y propietario de La Nación.

[4] Jean-Baptiste Blanchard, Escuela de costumbres o Máximas razonadas de filosofía moral, 1856.

 


PRUDENCIA AYALA (1885-1936). Activista salvadoreña, recordada por una hazaña política: intentó postularse, aunque sin éxito, a la candidatura presidencial de El Salvador en 1930, un hecho que es considerado un hito en la historia del feminismo en el país, porque hasta esa fecha ninguna otra mujer había osado postularse a un cargo público. Sus libros son pastiches: álbumes de contenidos misceláneos integrados por sus poemas y artículos publicados en periódicos, y que acompañaba de las burlas que estos escritos despertaban en los críticos y humoristas salvadoreños: Inmortal. Amores de loca (1925) y Payaso literario (1928). Fue muy duramente atacada por Alberto Masferrer, Luis Lagos y Lagos, Serafín Quiteño, Juan Ulloa, los hermanos Raúl y Manuel Andino y otros intelectuales de la época, y no sin razón, pues muchos de sus poemas y textos entran, por la falta de pericia literaria de la autora, al territorio del ridículo. Sin posibilidades de abrirse campo en la literatura —por su falta de formación y de talento—, Ayala se adjudicó todas estas fallas, a conciencia, y reconfiguró su figura pública en base a los insultos que se le proferían, de ahí que en los títulos de sus libros se llame a sí misma “loca” y “payaso literario”. Al asumir este rol bufonesco, Ayala logró desenmascarar la mezquindad y la charlatanería del ámbito literario, aunque ella misma no alcanzó nunca ni el mérito ni el lugar que anhelaba ocupar en el ámbito de las letras. Sus textos pueden ser de difícil comprensión por los numerosos errores de ortografía y de gramática, pero un simple trabajo de edición, como el que hemos realizado en los textos seleccionados, nos revela el ingenio humorístico y polemista que impulsaba a la autora.