Elisa Huezo Paredes: “La lengua humana” (poesía)

Una poeta salvadoreña de inclinación clásica y humanista, devota de la palabra apasionada como fuente de fortaleza moral y refugio místico.

Arte y textos de Elisa Huezo Paredes
La Zebra | # 38 | Febrero 1, 2019

Alma en pena

Yo tengo que decir mi palabra.
La que me corresponde.
La que es mía.
La que todavía guardo
porque se está forjando
en la recóndita fragua.
Aún está informe, en gestación.
Su timbre es opaco, sordo, oscuro.
Pero yo tengo que decir mi palabra.

No sé en qué yunque se forja.
No sé dónde está la fragua.
La soledad habrá de pulirla.

El silencio la hará sonora
como la campana que despierta a los dormidos.
Ante todo a mí debe despertarme.
Duermo.

Y es doloroso dormir tan largamente
sin haber escuchado su eco.

Está bien descansar, dormir
y hasta morir si se está en posesión de la palabra:
Pero… si no se ha dicho y uno muere
pasará a ser un alma en pena
porque seguirá buscándola.
Yo la busco desde hoy en el vacío,
en el inenarrable hueco abismal…
Desde ahora soy el alma en pena
que quiere encontrar su Palabra.

San Salvador, 1980.

Se hace tarde

Se hace tarde ya.
Repentinamente caen las sombras
pero no me sorprende ni entristece
la cercanía de la noche.
El amanecer fue lento en su avance.
El mediodía esplendoroso, ardiente
deslumbrante y veloz.
Luego fue disminuyendo la luz cegadora
como si la catarata del tiempo
lo fuera opacando poco a poco.
Llegó el crepúsculo maravilloso
y se adueñó de todo prontamente…
Ha sido tan hermoso
que querría verlo surgir de nuevo
con sus ópalos y violetas teñidos
de oro y grana.
¿Se ha detenido más de la cuenta
para que yo le siga viendo?
Cuánto tiempo más durará
alejando la noche y continuar luciendo
sus increíbles carmines y azulosos púrpuras?
El crepúsculo sigue todavía
pero la noche extiende ya casi
su brazo poderoso.
Se hace tarde a pesar de los fulgores
y sorpresivos destellos.
Pero yo no estoy triste ni sufro pesadumbre
por la cercanía oscura que vislumbro
Cuando la noche llegue, inevitable,
yo estaré dormida.

Siempre el amor

¿Qué me dejaste, Amor (que así te llamas)
por cada ampolla que me dio tu hoguera?
¿Qué me dejaste, pues, sino tus llamas?:
voraces pasan y dañando quedan.
Y quemabas…
Y aún quemas…
Y como arde tu abrazo como brasa;
y cómo duele si se va tu llama
y cómo escueces si se crece el fuego.
¿Que me dejaste, Amor? pues me dejaste
que me quemara como paja al fuego.

Una fogata fue el Amor, destello
que hizo prender la flama al abrazarte:
y cómo arde tu brasa…
y que ardoroso empeño
por apagar la llama
¡por encender el fuego!

Designio

Para Alfonso

Adherida a tu ser, a ti adherida
como tu misma piel, como tu acento,
apagada por ti, por ti encendida,
arteria, entraña, fibra, ligamento.

Quién sabe por qué arcano filamento,
por qué ignoto designio fui fundida
a tu esencia vital en tal medida
que estoy en ti como tu propio aliento.

En mi se cumple el bíblico suceso
de manera total pues soy arcilla
que salió de tu carne y de tu hueso…

Mi nombre lo proclama: soy tu arcilla
Y navego en tu sangre como un beso
Sin tiempo, sin distancia y sin orilla.

Ruego

No te alejes Poesía, no te alejes,
hazme el milagro de sentirte mía,
despierto está el Ensueño, todavía
necesito tu llama, no me dejes.

Tu claro rostro quiero que reflejes
en el espejo de mi fantasía,
que la grávida lámpara que ardía
siga ardiendo en mis sueños que entretejes.

¿Será mucho pedir a tu grandeza
si desde niña te sentí a mi lado
dándome la lección de la Belleza…?

¿Cómo podrás quitarme lo entregado
si hoy que parece todo terminado
tu luz de plata enciende mi cabeza?

San Salvador, 1981.

A la silla de ruedas

Guardiana de los libros: Ya cerrados
los fríos brazos de brillante acero
quietas las ruedas. Fijos y callados
los goznes rechinantes, mustio el cuero.

Evocadora fiel de los cuidados
últimos del vivir bajo el alero
que guarda imagen, risa y ceño amados,
postrer amor que siempre fue el primero…

Descansas hoy, el freno detenido,
más bien paralizado tu crujido
en el ir y venir de aquella mano

que dejara su huella en el gemido
del dolor y el placer de haber vivido:
espejo del final de un ser humano.

Mínima oda a la lengua humana

¡Oh dócil prisionera dúctil, tierna,
que vibras y te agitas en tu cárcel
de doral y marfiles!
Constante agilidad aún en silencio
hace móvil tu oscilante latido
y tu temblor de llama jubilosa.
Fresca delicia te mantiene alerta, estremecida y vívida,
húmeda, blanda en tu ejercicio aislado.
Ama y Señora. Guardiana del secreto inconfesable.
Sutil y dulce cual remoto fruto…

El más muelle y elástico deleite
anima tu fragilidad tibia de gozosa escarlata.
Instrumento febril, servil o noble de activas mentes;
transmisora inmediata de la idea
que en la razón madura
y áspid letal, viscoso en el instante
de la iracunda afrenta.

Cautiva entre corales y marfiles, llenas el aire,
el ámbito se llena de resonancias puras o nefandas.
En suave lecho púrpura licuas la candidez traslúcida, intangible
de la Hostia Consagrada
arrastrando su albura candorosa
en tus ásperos jugos, hacia complejos túneles, laberintos oscuros.

¡Gloria a ti, excelsa lengua de profetas!
Gloria a ti lengua de juglares y magos:
Los cantos que han rodado por el mundo
necesitaron de ti para esparcirse
en leyendas y notas, en idiomas extraños
y aún sin salir de la caverna pétrea
las voces del lenguaje, tu conmovida palpitabas
oculta y encendida bajo hirsutas pelambres presintiendo
la majestad de la palabra pura,
el diáfano fluir del verbo ileso.
Y el cántico dormido
vibraba en ondulante voz informe.

Mas tu goce era pleno, frutal, brutal al deglutir manjares
de frescas presas, suculentas primicias atrapadas
bañándote en el rico y abundante producto
de la montaña primigenia y densa…
¡Oh prisionera dúctil, tierna!
Grana gozosa y tibia:
eres caricia deliciosa, fulgurante gema
rudimentario beso balbuceante.

Pero es tan singular tu contextura,
el ritmo que te anima y que te mueve
que pareces la sierpe de un paraíso
que solo tú conoces y posees.
Bondad cuando recibes
con humilde ansiedad el alimento
para nutrir la mísera criatura
que imperiosa demanda su imprescindible cuota.
Llama que lame con frescor del fruto
el fruto que le ofrece su frescura.
Velero alado que hacia el aire vuela:
si “las palabras se las lleva el viento”
tú las retienes vivas, presas, sueltas
regando de milagro el universo.

Gloria a ti, excelsa lengua de profetas,
de poetas, Apóstoles y sabios;
la mesurada y parca del filósofo
y la locuaz y pertinaz y necia
del mendigo de Tormes
proliferada en múltiples discípulos.

Mas…digna de piedad la acongojada
que se engaña eufórica esparciendo el temible veneno
la execrable que silba murmurando,
la que difama y miente…
reflejo es de un espíritu monstruoso
que ha trocado su llanto en inmunda saliva.

Pero a ti, órgano melodioso y sibarita,
rubí sedoso, absuelto y exculpado,
inofensivo esclavo servicial y radiante
de la mente que incuba la semilla, mala o buena
siendo inocente tú, ajena a quien te rige:
A ti lanzo mi canto, salva o salmo
gozosa encarcelada sin barreras, cautiva soberana,
madre inicial inaugural y plena
del humano lenguaje del Espíritu.

 


elisa_huezo_paredes

ELISA HUEZO PAREDES (El Salvador, 1913-1995). Pintora y escritora salvadoreña. Aunque realizó algunas incursiones en la narrativa, destaca como una poeta de signo neoclásico. En vida publicó sólo un libro: Voces sin tiempo (DPI, San Salvador, 1978, que recogía poesía en verso y prosa, y un par de cuentos breves, entre los que destaca “El descanso”). En la revista Cultura, Número 68-69, enero-junio 1980 (pero publicada hasta en enero, 1982, debido al inicio de la guerra), se reúnen romances y sonetos inéditos de tersa fluidez y perfección clásicas. Dejó un libro de poesía sin publicar: En la ruta del viento. De su obra pictórica, observó Trigueros de León que hacía “una pintura en la cual predomina la idea sobre la realización plástica” (“Panorama de la Pintura Salvadoreña”. Centroamericana: revista cultural del istmo, Volumen 1, Número 1 -Volumen 2, Número 8. Editor s.n., 1953, p. 33).

Esta publicación está ilustrada por dos obras de Elisa Huezo Paredes: un fragmento del cuadro “Eva” (Premio Nacional de Pintura en 1948) y un autorretrato de la autora.
Agradecimiento especial a María Cristina Orantes por permitirnos seleccionar y publicar estos textos, y a Jorge Palomo, por la fotografía del cuadro “Eva”.