Oswaldo Escobar Velado: “La palabra armada” (ensayo)

El ideario del poeta social de El Salvador por excelencia, rescatado de entre sus artículos periodísticos.

Oswaldo Escobar Velado
Selección de textos por Jorge Ávalos
Arte de Juan Carlos Mendizabal
La Zebra | # 40 | April 1, 2019

1. El mensaje en la poesía

Yo no escribo en verso si no tengo un mensaje que dar.

2. La raíz popular

Todos los verdaderos poetas —al menos, la enorme cantidad de ellos— se significan por su raíz profundamente popular. Miguel Hernández, el poeta que cerró los ojos en Alicante, fue cuidador de cabras bajo los cielos azules de Orihuela, España. Las cabras le formaron su condición humana de pastor, de pastor que, más tarde, tendría que conducir sus ideas con el mismo bondadoso entusiasmo con que antes cuidara a sus cabras en su pueblo natal. Y para dar un dato sobre un poeta americano y tutelar, basta decir que nuestro gran Pablo Neruda nutrió sus pupilas con el salitre y con los ferrocarriles chilenos. El triunfo de estos poetas radica, para mí, en el hecho de que su condición de niños se proyectó en el hombre y que las actitudes humanas de éste están en armonía con las actitudes intelectuales del poeta.

3. El poeta del mañana

El poeta de mañana debe de ser el mismo “canillita” que anuncie la noticia cotidiana, trágica y desesperante, en forma de mensaje para este pueblo nuestro, tan humillado, tan vilipendiado y, sin embargo, siempre buscando las voces de sus hombres verdaderos que, para desgracia nuestra, cada día se van escuchando menos.

4. Los poetas de la rosa

Yo no niego a los poetas de la rosa, lo que afirmo, como una gran verdad de mi culto a la poesía, es que ellos no me interesan porque no son impulso de acciones generosas, sino adminículos sin importancia o baratijas de cualquier estantería.

5. Sencillez

Los poemas, más sencillos, sin frases y figuras retorcidas: llamar al pan, pan, y al vino, vino. Esta sencillez es para mí la almendra de la verdadera poesía revolucionaria, de la que se adentra sin esfuerzos en las masas para que éstas entiendan y sientan el mensaje del poeta. Cuando los poetas llegan a encontrar esta sencillez pueden estar seguros de que han llegado a la universalidad de la poesía, y de que la lámpara de su vigilia no en vano quemaba los aceites más ardientes.

6. Universalidad

“La grandeza de la poesía reside en la universalidad”, nos dice Gureh. “El poeta es grande en la medida en que el universo que lleva en sí desborda los marcos de su persona para integrarse en el mundo viviente”. Y esto es precisamente lo que ocurre en Nazim Hikmet, su mundo poético pasa a formar parte del mundo universal de la poesía. Sus poemas pueden ser sentidos por cualquier hombre, de cualquier parte, porque sus versos encierran “hechos poéticos” que en cualquier lugar de la tierra ocurren casi a diario.

7. Persecución de la palabra armada

La crueldad del Gobierno Turco contra Nazim es la misma crueldad que el llamado Generalísimo Franco empleó contra Miguel Hernández hasta lograr su muerte. Crueldad en Turquía, crueldad en España, crueldad en América… y en toda la tierra contra los poetas de la palabra armada.

Estos poetas, estas voces justicieras, que cantan e increpan, que denuncian y fustigan, están condenadas de antemano por todos los gobiernos que en nombre de principios legales que se violan a diario encarcelan, y destierran a los que tienen el coraje de hablar claro como Cantaliso.

La cárcel de Brusa fue el clima de la más alta rebeldía de Nazim, lo mismo que la cárcel de Alicante, maduró y dio más fuerza a la poesía de Miguel Hernández.

Yo siempre he creído y lo digo por experiencia, que las penitenciarías, lo largos, dilatados y tenebrosos exilios son los acicates más penetrantes para que un poeta se defina como un soldado de la palabra popular o como un claudicante, un pobre canario que no sea sino para alegrar las mañanas de una vieja solterona y beata.

Esto lo digo por experiencia. Si no hubiera sido un día, en una casa de la Cuesta de Moras, en San José de Costa Rica, donde acomodaba mi destierro de poeta joven…

Si en una tarde Manuelita Franco no me hubiera preguntado quién era el indio Farabundo, yo no hubiera conocido y amado tanto a este nombre, semilla universal, llama epopéyica y yo no hubiera podido decir nunca, con todo valor y con toda certeza:

Lucho por los desterrados de la tierra
y más de algún imbécil me llama comunista
porque soy justo y bueno
y no pierdo mi tiempo cantándole a las rosas
y en todas partes grito para que se oiga que hay injusticia,
mucha injusticia suelta por el mundo, y que hay dolor,
dolor en medio de todas las cosas hasta debajo de mi cenicero.

Si yo no hubiera estado desterrado, mi palabra se hubiera quebrado entre cosas inútiles. Hoy no sería poeta, sería un burócrata, podrido entre los códigos y los expedientes de algún Tribunal, o tal vez un Subsecretario de Estado o me hubiera casado con una vieja rica como hacen los jóvenes que triunfan en la vida, según opinan los últimos reductos de una clase en completa decadencia. Pero el exilio y la cárcel me enseñaron a pensar y a querer al pequeño poeta que en mí se iniciaba agitando bandera redentora.

Si no hubiera sido por el viento huracanado del exilio, jamás habría sabido apreciar, en todo el valor que se merece, ese maya enorme, señor de la leyenda antigua, repartidor de mañanas amplias y sonoras, cultivador del maíz musical de la poesía… ese maya enorme que se llama, aquí y en todas partes, desde Guatemala hasta los arrozales de China, Miguel Ángel Asturias, así… popularmente.

Y si Otto René Castillo no hubiera salido de su patria con el dolor del exiliado, estoy muy seguro, muy seguro… que Guatemala no tendría en él a un poeta verdadero… tendría tal vez… ¡a un poeta deportivo!

Las cárceles y los destierros son el vino más tonificante para los poetas del pueblo.

8. El poeta como conciencia dinámica de un pueblo

El poeta es un hombre que sangra frente a la injusticia de un mundo dividido en clases, y deja de ser el dandy de los casinos nocturnos para convertirse en esa voz que no es suya, “que es del pueblo que grita por luceros de harina, por hostias de maíz, por dioses con olivos creciendo en sus cabellos”, en medio de un mundo en que “el hermano no venda la sangre del hermano”.[1] Es decir, el poeta se humaniza, se une con su pueblo, palpita y sufre con él, por él y para él; y el poeta es entonces la resultante directa, el producto útil de eso que los académicos imbéciles llaman masa popular y que nosotros respetuosamente llamamos base y conciencia dinámica de un pueblo.

9. El poeta ante la realidad

No nos queda más que decirle lo que a nosotros nos dijo desde Buenos Aires Miguel Ángel Asturias: “Siga produciendo a lo vivo, sangre y espíritu, flecha y canto, creo que allí está el nervio de la poemática del futuro, y en labios jóvenes y batalladores como los de Ud. está el mensaje de nuestras tierras aún en lucha de reivindicación social”.

Esas palabras de Miguel Ángel, el gran Centroamericano de Guatemala, el gran autor de El señor Presidente y Viento fuerte son para nosotros, además de un poderoso estímulo, la brújula que orienta nuestras inquietudes poéticas, cuyas profundas raíces beben y nutren su mensaje en el dolor más íntimo de nuestra dura realidad social.

10. El destino común de América

Desde hace mucho tiempo he pensado que los intelectuales que no pertenecemos a la extrema derecha estamos en la obligación de definirnos de manera concreta, para que se sepa qué es lo que somos, qué queremos y para dónde vamos. Y es en esta ocasión del ataque a dos compañeros por la extrema franquista, que lanzo la iniciativa de nuestra definición inmediata.

Y para dar el ejemplo… declaro públicamente que soy socialista, que tengo una fe profunda en la democracia liberal de tendencias progresivas y populares, que sueño en una patria donde la justicia social impere, resolviendo nuestros problemas de capital y trabajo de acuerdo con las realidades salvadoreñas. Esto es en lo nacional. En lo internacional aspiro a que Latino América sea la rectora del mundo, porque entiendo que ha de llegar la época en que estos pueblos nuevos pongan en práctica el sueño de Bolívar.

América tiene un destino común, y ese destino, maravilloso y amplio, debemos de forjarlo nosotros los intelectuales. No necesitamos líderes de otra raza, de otra religión, ni de otra lengua. Nos basta con Bolívar, y nos basta con Francisco Morazán.

11. La lucha por los derechos del pueblo

Compañero, adelante, los poetas tenemos un alto destino y en la lucha por los derechos del pueblo tenemos nuestro sitio. En él estamos todos los que sabemos y comprendemos que no es posible que seamos nunca desertores de la palabra armada.

 

Notas

[1] Las citas son pasajes del libro Llamas de insomnio de Eugenio Martínez Orantes, publicado por la Imprenta Moreno, San Salvador, en 1952.

Fuentes de los textos

(1) Escobar Velado, Estudios Centroamericanos, Universidad Centroamericana, San Salvador, p. 381, 1955 [citado por A. M. Landerech].

(2, 3, 4 y 11) “Noticia sobre el poeta Roberto Armijo”. La Prensa Gráfica, domingo 11 de noviembre de 1956.

(5, 6 y 7) “El gran presidiario Nazim Hikmet”, en “Tres conferencias de Oswaldo Escobar Velado”. La Universidad, números 1-2, enero-junio, año XXXVI, 1961, San Salvador, Universidad de El Salvador, pp. 145-164.

(8 y 9) “Sobre un libro de un poeta joven”. La Prensa Gráfica, San Salvador,  domingo 11 de enero, 1953.

(10) “Yo los defiendo, poetas”. La Prensa Gráfica, San Salvador, martes 3 de febrero, 1953.