Jorge Ávalos: “El paraíso perdido de Jorge Dalton” (crítica de cine)

El documental En un rincón del alma de Jorge Dalton, es en realidad una elegía de La Habana a dos voces, argumenta este crítico.

Jorge Ávalos
La Zebra | # 67 | Julio 19, 2021

En un rincón del alma, la obra maestra del documentalista Jorge Dalton, es una elegía: una carta de amor a La Habana, y a la Cuba más auténtica. Una elegía, no lo olvidemos, es un poema o un canto a algo que amamos y se ha perdido para siempre. La Cuba que la mayor parte del mundo idealiza, la de los sueños revolucionarios, la del turismo de izquierda, la de la Nueva Trova y sus letras inspiradoras, es desgajada y expuesta en toda su verdad y su belleza, en sus desaciertos históricos y en sus momentos de traición a la propia conciencia revolucionaria.

De entre los documentalistas de América Latina, Dalton es el maestro de la nostalgia, y en el tono elegíaco de este documental vemos cómo esa pasión por lo pasado y distante se convierte en una emoción trascendental al reconocer lo que ya nunca se podrá poseer de nuevo.

A primera vista, En un rincón del alma (El Salvador / La Habana, producción de Susy Caula, 2016) parece seguir la estética del ensayo audiovisual, construido alrededor del testimonio del novelista Eliseo “Lichi” Alberto. Esta idea no es nueva. Algunos documentales contemporáneos son en realidad ensayos construidos a partir de la entrevista con una persona de gran interés histórico, social o científico, como ocurre con los del norteamericano Errol Morris, al entrevistar a Stephen Hawkins en Una breve historia del tiempo (1991) o a Robert McNamara en Niebla de guerra (2003). Lo que es nuevo en este caso es que Dalton arriba a una experiencia estética que, al final, se configura como algo muy distinto al ensayo audiovisual, algo que yo no recuerdo haber visto antes.

En efecto, En un rincón del alma sigue una ruta alterna. Para empezar, no se trata de la versión audiovisual de un artículo de enciclopedia sobre Eliseo Alberto. Aunque al final emerge un nítido retrato del gran novelista cubano, no es esa la intención más urgente de Dalton. De ser así habríamos escuchado las voces de otros escritores, quienes habrían ahondado en el significado de su obra literaria, y tendríamos un retrato más claro de su familia, de la esposa de Lichi o de su famoso padre, el poeta Eliseo Diego. ¿Cuál es, entonces, la verdadera intención de Dalton?

Estamos, en este caso, ante un dilema formal. A mi manera de ver, el documental no es un género sino un ámbito total de creación cinematográfica que admite, entre sus variadas estrategias, el ensayo personal y la ficción. La ficción entra al documental en las ocasiones cuando requiere de la reconstrucción de hechos o prácticas, como ocurrió con uno de los primeros clásicos de la historia del cine, el ‘docudrama’ Nanook del Norte, de Robert J. Flaherty (Estados Unidos, 1922). El purismo del documental como imagen dura de la realidad ha quedado atrás y ha dado lugar, desde hace algunas décadas, al documental de autor. Dalton fue de los primeros en afirmar que el binomio del cine documental y de ficción no existe, y que el documental, como arte, es superior en Latinoamérica al cine de ficción. Esta tesis, a contracorriente hace dos o tres décadas, es ahora un lugar común.

El nuevo cine documental parte de la realidad, enfocándose en ella, y explora la verdad de fondo que anima esa realidad, a la cual nos regresa, pero esclarecidos por algún grado mayor de conocimiento, por un nuevo sentido de comprensión o, inclusive, por algún tipo de iluminación. Esto último ocurre, creo yo, cuando nos permite ver la realidad, o un aspecto de la realidad, desde un enfoque inusitado. En ocasiones, incluso, el documental cambia el paradigma que informa nuestra interpretación de la realidad. Por extraño que parezca, al hablar del retrato de un escritor y de tres generaciones de intelectuales, En algún rincón del alma es, por sobre todas las cosas, una exploración profunda del alma cubana, un examen sin cortapisas de la verdad detrás de las apariencias.

En un rincón del alma está construido como una elegía a dos voces: dos amigos se encuentran y conversan sobre la Cuba que conocieron y, al hacerlo, nos permiten ser testigos de una sabiduría conseguida a golpes de experiencia. Lo que hace tan especial este documento es que cada uno de estos dos amigos habla su propio lenguaje estético. El lenguaje literario de Lichi Alberto y el audiovisual de Jorge Dalton se entretejen y se confunden a veces, o se oponen y se contrastan. Durante la mayor parte de la película estas dos voces forman un contrapunto. Pero en la introducción y en la feroz letanía final de Eliseo, el lenguaje de los dos amigos se une en una poderosa síntesis de palabra e imagen. La elegía poética culmina así, a dos manos.

Algo quimérico ocurre durante la hora y media de duración de este documental. Hijos de dos reconocidos intelectuales durante la revolución cubana, los poetas Eliseo Diego y Roque Dalton, tanto Lichi como Jorge fueron testigos privilegiados de una manera de ser en la revolución: desde la literatura y las artes. Con una voz asmática y una urgencia por expresarse, Lichi nos ofrece un análisis agudísimo de esta transformación. A Jorge Dalton, en cambio, no lo escuchamos: él nos muestra, nos hace ver la belleza de La Habana y nos señala aspectos de su historia, ocultos tras el matiz de la nostalgia. Así emerge el verdadero tema de este documental: La Habana o, más bien, la muerte de una manera de ser en La Habana, de una manera del ser cubano cuya desaparición ya parece irrecuperable, excepto en las obras de sus artistas y escritores.

En concreto, Dalton y Lichi examinan la transformación de La Habana durante la etapa más dura de la revolución cubana: la del bloqueo. La burocracia socialista y la necesidad económica durante la guerra admitieron vicios de conciencia que dejaron un legado moral cuestionable a las generaciones venideras. Los fracasos económicos de la revolución convirtieron a Cuba en un país mucho más dependiente del bloque Soviético de lo que la propaganda oficial quisiera admitir, pero este documental nos muestra cuán insidiosa resultó ser la presencia propagandística y cultural de la Unión Soviética hasta su disolución después de la caída del muro de Berlín en 1989.

En un rincón del alma profundiza en el asedio a los poetas e intelectuales del grupo Orígenes que, además de Eliseo Diego, incluyó a los poetas Fina García Marruz (hermana de su esposa Bella Esther García-Marruz) José Lezama Lima y Cintio Vitier, al cuentista Virgilio Piñera, al músico Julián Orbón y a los pintores René Portocarrero y Mariano Rodríguez. Estos fueron los más grandes artistas durante la revolución cubana, pero esto no impidió que fueran cercados, asediados y silenciados hasta convertirlos en marginados sociales. La simpatía que tenía hacia ellos el poeta Roque Dalton, un internacionalista que se comportó como un iconoclasta ante el dogmatismo de las autoridades, convirtió a Eliseo Alberto y a Jorge Dalton, herederos de conciencia de esta generación, en verdaderos hermanos.

Entre los materiales de archivo que incluye Dalton en el documental, hay material hasta ahora inédito que desnuda los momentos más impactantes en esta historia de denegaciones y vergüenzas que suele acompañar, en una historia paralela, la versión de la propaganda oficial. Uno de esos momentos, tan doloroso como conmovedor, nos muestra, a plena luz del día, el acorralamiento y el brutal acoso de homosexuales en las calles de La Habana. El camarógrafo anónimo que filmó este suceso para la posteridad debió entender a cabalidad lo que este hostigamiento significaba, porque se enfoca en los rostros atemorizados de los jóvenes perseguidos, y no en los acosadores, cuyos actos representaban la postura oficial del gobierno desde que Fidel Castro dijo: “Nuestra sociedad no puede darles cabida a esas degeneraciones” (discurso del 13 de marzo, 1963). La vergüenza que produce esta secuencia en el documental deja una huella indeleble en la memoria.

Si alguien cree que este documental es, debido a estos pasajes, un producto contrarrevolucionario, me apresuro a decir: no lo es. Dos hijos de la Cuba revolucionaria que les hablan a sus padres con tanta sensatez sobre el ambiguo legado histórico y moral que les ha tocado vivir en el exilio, no pueden ser contrarrevolucionarios. Esta capacidad para el análisis dialéctico es, precisamente, lo que la intelectualidad cubana soñaba para el futuro. Un diálogo como este, que ahonda en la conciencia, en los actos de los poderosos y sus consecuencias, es el sueño original de la revolución.

La poética visual de Jorge Dalton no sólo incluye sus propias, hermosísimas imágenes de La Habana, también logra crear una síntesis entre las imágenes del pasado y el presente por medio de la proyección de fotografías sobre telas, cortinas y texturas suaves, así como la inserción de cine de archivo proyectado en la arquitectura clásica de la ciudad. Con esa visión poética, Dalton construye una elegía final acompañada de uno de los textos más hermosos de Eliseo Alberto, su “Informe contra mí mismo”, el cual nos habla a todos:

La historia es una gata que siempre cae de pie. Amigos y enemigos de la Revolución cubana, compañeros y gusanos, escorias y camaradas, compatriotas de la isla y del exilio han reflexionado sobre estos años agotadores desde las torres de la razón o los barandales del corazón, en medio de una batalla de ideas donde el culto a la personalidad de los patriarcas de izquierda y de derecha, la intransigencia de los dogmáticos y las simulaciones de ditirámbicos tributarios vinieron a ensordecer el diálogo, en las dos orillas del conflicto. La soberbia suele ser mala consejera. La humildad también. A medio camino entre la inteligencia y la vehemencia, regia y afable, está o puede estar la emoción, ese sentimiento de ánimos turbados que sorprende al hombre cada vez que se sabe participando en las venturas, aventuras y desventuras de la historia, bien por mandato de la conciencia, bien por decreto de una bayoneta apuntalada en los omóplatos. Una crónica de las emociones en la espiral de las últimas cinco décadas del siglo XX cubano, podría ayudar a entender no sólo el nacimiento, auge y crisis de una gesta que sedujo a unos y maldijo a otros sino, además, explicarnos a muchos cuándo, cómo y por qué fuimos perdiendo la razón y la pasión. La razón dicta, la pasión ciega, sólo la emoción conmueve, porque la emoción es, a fin de cuentas, la única razón de la pasión.

Afiche original de En un rincón del alma por Jorge Dalton, producción de Susy Caula. Guión de Jorge Dalton y Eliseo Alberto Diego. Edición y postproducción de Edson Amaya. Fotografía de Jorge Dalton. Música de Joel Barraza y José María Vitier.

JORGE ÁVALOS (1964). Escritor y fotógrafo salvadoreño, editor de la revista La Zebra. Como cuentista ha ganado los dos premios centroamericanos de literatura: el Rogelio Sinán de Panamá, por La ciudad del deseo (2004), y el Monteforte Toledo de Guatemala, por El secreto del ángel (2012). En 2009 recibió el Premio Ovación de Teatro por su obra La balada de Jimmy Rosa. En 2015 estrenó La canción de nuestros días, por la que Teatro Zebra recibió el Premio Ovación 2014. En El Salvador ha ganado el premio nacional de ensayo 2020 por Las tres muertes de Alfredo Espino, el premio nacional de cuento 2021 por El espejo equivocado y el de teatro infantil 2021 por El niño que no se quería bañar.