Carlos Fong: «Salman Rushdie o un mundo inacabado» (opinión)

¿Cómo pensar la novela, la literatura y la imaginación en un mundo intolerante? Un narrador panameño responde.

Carlos Fong
La Zebra | # 80 | Agosto 20, 2022

Cuando el novelista hindú-británico-estadounidense Salman Rushdie recibió, el 14 de febrero de 1989, una fetua de parte del ayatolá Ruhollah Jomeiní que pedía su muerte, el mundo entero de la literatura se conmovió por esta decisión violenta contra la libertad de expresión. El gobierno británico realizó peripecias griegas para proteger la cabeza de Rushdie y el escritor no tuvo otro remedio que resignarse a vivir en la clandestinidad. Para colmo de los males, la fetua no pudo revocarse porque el líder supremo de Irán había muerto.

Años después, en 1993, el escritor mexicano Carlos Fuentes publicó un libro de ensayos sobre el arte de la novela, titulado Geografía de la novela. En estas páginas dedica un artículo al escritor condenado, el cual tituló Salman Rushdie: una conclusión y una carta. En este ensayo, anota Fuentes: “La novela es la arena privilegiada donde los lenguajes en conflicto pueden encontrarse, reuniendo, en tensión y en diálogo, no sólo a personajes opuestos, sino a civilizaciones enteras, épocas históricas distantes, niveles sociales diferentes y otras realidades emergentes de la vida humana”.

Treinta y tres años después, la sangre de Salman Rushdie se derramaba en un auditorio en Nueva York por el cuchillo de un fanático religioso. No se había escapado del peligro. Este hecho ha puesto sobre la mesa, una vez más, una pregunta que también se había hecho Carlos Fuentes: ¿qué cosa puede decir la literatura que resulta tan poderosa y, también, tan peligrosa? Parece quedar confirmado que la literatura sigue y seguirá siendo la arena donde las tensiones y los diálogos se bifurcan y se abrazan.

No existe en este mundo ninguna forma de matar la libertad de la imaginación y el poder de la palabra creadora. El arma que hirió a Salman Rushdie solo ha recordado a la humanidad que la literatura sigue siendo la defensa letal contra la intolerancia y el dogmatismo. El atentado es un acto que en cierta forma nos lastima a todos los que de alguna forma ejercemos el arte desde las ficciones.

Históricamente, la literatura ha sido objeto de represiones y persecuciones; víctima de condenas y destierros. Gran parte de la obra universal que trasciende los tiempos se ha escrito desde calabozos oscuros y prisiones ingratas. Desde la diáspora y los exilios han nacido obras magistrales que representan la búsqueda de la verdad y la libertad. Paul Johnson narra que Rousseau fue ampliamente perseguido; Voltaire fue golpeado en público y estuvo preso en la Bastilla; Diderot fue arrestado y puesto en confinamiento solitario en la fortaleza de Vincennes por publicar un libro en defensa del ateísmo, nos refiere Johnson.

He recorrido los recintos de la Feria Internacional del Libro, que culmina este domingo 21 de agosto. He caminado entre diversos y numerosos títulos. Pese a que es una feria relativamente pequeña, estoy consciente de que jamás alcanzaré a leer todos los libros que me rodean. Es casi lo mismo cuando navegamos por los laberintos de una biblioteca. Son infinitas las voces, las opiniones, los estilos, las historias que se cruzan en estos lugares; todos dialogando en completa libertad.

Entre los libros hay diversos diálogos sobre numerosos temas. Es el ejercicio de la libertad en un mundo aún por revelarse, un mundo inacabado que parece deconstruirse cotidianamente, que busca posibilidades de supervivencia desde la cultura del libro; un mundo donde nadie tiene la verdad absoluta y donde la fe es lo único que nos aferra a la esperanza, pero que también nos entrega a la muerte.

Vivimos en un mundo realmente intolerante. Incluso entre los que profesan distintas experiencias religiosas, ya sea musulmana, cristiana o judía, incluso agnósticas o ateos, existen grados de intransigencia que hacen que el diálogo universal se complique cada vez más. Entre los mismos artistas de distintos sectores existen diferencias ideológicas y estéticas que los contradicen; sin embargo, la literatura es esa arena de conflictos donde se genera un diálogo invisible que modera el discurso de la violencia.

Hoy nos seguimos preguntando si las ficciones sirven para algo en un mundo que parece cada vez más inalcanzable e inacabado. Miles de reacciones políticas, ideas y motivaciones espirituales pueden nacer de una literatura que incita, pero que también sugiere y cuestiona la realidad. Es una literatura que, más que ir en contra de un dogma en particular, convoca a conversar y pensar. Es por eso que no existe un solo lenguaje unitario, sino muchos lenguajes, cada uno con su verdad.

Dice Carlos Fuentes: “La ficción no es una broma. Es una manifestación de la diversidad cultural, personal y espiritual de la humanidad. No puede manifestar esta diversidad si sólo manifiesta una verdad”. En esta asamblea de saberes diversos que buscan hablar con la otredad se presenta el espíritu de la imaginación creadora.

Nada podrá matar a la imaginación, la creatividad, el pensamiento y la inteligencia. El escritor tiene una responsabilidad social consigo mismo y con la literatura. El valor de la buena literatura radica en el descubrimiento que ésta hace de la realidad y cómo la confronta. “La buena literatura asciende al nivel de los valores en conflicto”, dice Fuentes. Descubrir, comprender y defender esos valores es parte de la misión de la literatura.


Retrato de Carlos Fong, hablando en un micrófono y mostrando sorpresa.

CARLOS FONG (Panamá, 1967). Es autor de la novela corta Aviones dentro de la casa (Premio de Novela Corta Sagitario Ediciones 2015-2016). Ha publicado cuento: Desde el otro lado (Universidad Tecnológica de Panamá, Panamá, 2003); Fragmentos de un naufragio (Panamá, 2005). También es ensayista: Presencia del libro (Panamá, 2003), Para narrar la identidad (9 Signos, Panamá, 2006). El artículo sobre Salman Rushdie se reproduce de La Prensa, 20 de agosto de 2022.

Fotografía del autor por Luis Fernando Osorno.
Fotografía de Salman Rushdie por Brad Trent/Redux/Eyevine.