Elena Salamanca: “Los gatos del fin del mundo” (poesía)

Una historia apocalíptica, pero con gatos, en el que las tareas domésticas guardan la clave de nuestra redención.

Elena Salamanca
La Zebra | # 51 | Marzo 1, 2020

Los gatos del fin del mundo

El día que nos avisaron que terminaría el mundo,
alimenté a los gatos
y decidí escuchar los zumbidos de los insectos
como si no ocurriera nada más.

Mi hermana vio bajar un colibrí al jardín
en búsqueda de flores,
pero el gato podía cazarlo.

Así de inminente era la tragedia.

El día en que nos avisaron que moriríamos todos,
que no alcanzaría a terminar el mes de enero,
fue el tercer día del nuevo año.
Y era un día con brisa y humedad.

—Parece que va a llover —dijo mi madre,
y me pidió que descolgara la ropa.
Entonces yo recordé a mi abuelita,
muerta dos años atrás,
en el momento de colgar la ropa
en nuestra casa antes del inicio de la guerra.
No era esta casa.
Era otra guerra.

En aquella otra casa blanca rodeada de flores
colgábamos las sábanas en el jardín.
Un blanco intenso y cegador
era el sol sobre la sábana.
Y mi abuela, joven, doblaba las esquinas
con exactitud geométrica,
como su tía Adriana le había enseñado
cuando era una niña como era yo entonces.

—Ahora no se usa almidón —me decía mi abuela—,
ni se bordan los nombres en las esquinas de las sábanas.

Y suspiraba.

Yo era una niña en una esquina del jardín
cegada por la blancura de las sábanas
inmersa en el perfume de los detergentes
como en cualquier comercial moderno
proyectado por la tv del país más pequeño del Tercer mundo,
donde ocurría una guerra.

Éramos el patio de Estados Unidos.
The backyard.
Pero yo pensaba que vivíamos en el Edén.

Esta mañana, cuando nos avisaron del fin,
De una tercera guerra,
alimenté a mi gato.
Y salí a dar de comer a los gatos callejeros
que llegan a la casa.
Todos mis gatos están enfermos
(de alguna leucemia o vif)
porque ya no quedan animales sanos sobre la tierra.

Ni la pureza del bosque y de la selva
la sabana inmensa y las cordilleras
donde los animales morían por ley natural
al inicio del tiempo.

Ahora mi gato, todos los días,
toma un medicamento para el sistema inmune.
Pero tiene la agudeza del cazador
y la potencia del colmillo
y unos ojos azules
que se dilatan cada vez que el ave
pasa en el cielo como una mancha
en los ojos del ciego (con glaucoma)
y salta sobre los árboles,
porque aún tenemos árboles,
y de los árboles caen flores
y frutos
que se estrellan,
con descarada opulencia, contra el piso.

Si las cabañuelas no fallan
y los primeros 12 días del nuevo año determinan el clima de cada mes,
Marzo será un mes con brisa, poco soleado, casi con frío.
Parecerá siempre que va a llover
y en el presagio de lluvia que no cae
habrá un silencio profundo
que permita
escuchar los sonidos verdaderos del mundo.
Los pájaros, los insectos y el ronroneo de los gatos.
Entonces Marzo será un buen mes para morir.

Del libro: Pensamiento salvaje [Viola tricolor]

 


ELENA SALAMANCA (San Salvador, 1982). Poeta, narradora y ensayista. Ha publicado, en cuento: Último viernes (DPI, San Salvador, 2008) y La familia o el olvido (Kalina, San Salvador, 2017); en poesía: Peces en la boca (San Salvador, 2011, reeditado en México en 2013), y Landsmoder (San Salvador, 2012).

Fotografía: “Luka y Mr. Gwynn”, por Jorge Ávalos.