Gustavo Campos: “La luz atardecida en el membrillo” (opinión)

Una carta del poeta y narrador Gustavo Campos nos habla de la “honestidad y crudeza” en su obra, y de cómo la ocultaba bajo la máscara del optimismo.

Gustavo Campos
La Zebra | # 61 | Enero 21, 2021

En diciembre de 2016 publiqué una selección de la poesía de Gustavo Campos bajo el título “El último heredero de la peste”, con esta introducción: “Una poesía bellamente oscura para tiempos oscuros, de un poeta hondureño de palabra desbordante, pero siempre lúcida”. Gustavo me escribió un agradecimiento público, que es más interesante por lo que dice de si mismo y de su postura actual ante la literatura, y lo difundió a través de sus redes sociales. Después de leer su carta le envié una respuesta: “Para eso estamos, para confirmar que no hay fronteras en la literatura de Centroamérica. Pero esto sólo lo podemos hacer con las voces que no reconocen fronteras, como la tuya.” Había escrito “no hay fronteras entre las literaturas de Centroamérica”, y eliminé el plural. Si hay varias literaturas, hay fronteras; por lo tanto, debemos hablar de una sola literatura centroamericana.

Jorge Ávalos


Que el reconocido escritor, amigo y colega Jorge Ávalos dedique parte de su valioso tiempo en leer mis poemarios y seleccione unos cuantos para publicarlos en su revista La Zebra, es, como diría Nacho Vegas en su famosa canción: «bastante más de lo que soñaríais en mil vidas».

Esa voz, «heredera de la peste», me persigue aun cuando huyo de ella aferrándome a otras más optimistas. La búsqueda es la misma. Jamás cambia, sólo entra en periodos de abstención y neutralidad.

A veces pienso que me enmascaro de optimismo. La honestidad y crudeza persisten, y la angustia desgarradora parece que no cambiará. En este entonces tenía menos de 23 años, edad que consideré como el límite de mi vida. Luego, en Katastrophé (narrativa), desarrollé una teoría de los límites ligado al pensamiento. Fue cuando me di cuenta que los puntos de partida eran fronteras admitidas (con el visto bueno) de la conciencia. Periodos de reposo seguidos de periodos de trasgresión (cuando accedo nuevamente a estos, la culpabilidad se hace presente, pues debo ser otro, no el de esa época). En Katastrophé (2012) la reflexión iba así:

«Y este aventurero espiritual en una quijotesca broma no definible, impuesta, descubre sus nuevos límites. Pero nada puede hacer contra ello. Y esta es la forma en que digiere la realidad el individuo o es la forma en que su pensamiento procesa toda información: si alguien o algo permitió una transgresión, el aventurero piensa que se creará un nuevo canon de transgresiones, y el impulso transgresor, en su receso, atacará nuevamente pero ya no desde el primer límite conocido sino desde el último lugar o peldaño en el que estuvo. Y así construye nuevos lugares de los cuales partir.»

Años después, teniendo desde antes de la misma publicación de Katastrophé la idea de un libro cuya carpeta respondía al nombre de «Vidas posibles», esta llegó a convertirse en la primera parte de El libro perdido de Eduardo Ilussio Hocquetot (galardonada recientemente), libro que se divide en dos partes.

Inicia así:

«Comienza como novela, pero termina como libro: es una secuela; y una consecuencia; si se quiere, una sucesión, un gesto, pero jamás una novela. Apenas captarán la novedad de la luz atardecida en el membrillo, cuando quieran recordarla, ya no estará a su disposición; no la hallarán en la memoria; pero habrán disfrutado el placer de no conseguirlo, cuando no termine como libro y asemeje una novela –difícil verborrea de historias sucesivas–, los sorprenderá un dilema. Reconocerán la señal de un callejón sin salida, poco profesional de mi parte dirán, o un bajo y notorio rendimiento de mi técnica. Una vez constituido mi inhumano procedimiento, los más audaces pensarán que responde a una mecánica a lo Petit Pierre, otros, los más puristas lectores, fieles a escenarios viejos, y a caminos ya recorridos, concluirán que por lo menos de inocencia goza el libro y que su estructura fue absorbida espacialmente por el Triángulo de las Bermudas —lo que llamaría también la atención de los investigadores creyentes de la Atlantis, quienes también suponen que esta se encuentra en dicho Triángulo, al igual que este libro—. Yo digo que termina como una posibilidad, como el reloj que al girar sus manecillas hunde un edificio; pero sigue siendo un libro —y esto jamás lo olvidemos—; es una cadena, una sucesión de promesas, pero también es ausencia: comenzó como un sitio, pero ahora más que nunca deslegitimamos que fuese una novela, sino una stylization inacabada e imperfecta, lo que perfectamente podríamos denominar un libro.»

Jorge, muchas gracias. De verdad, muchas gracias. Mi admiración y respeto para vos y gracias por interesarte en mi obra. Prometo colaborar más seguido con ensayos y otras vainas.

Gustavo Campos,
Diciembre 6, 2016.


GUSTAVO CAMPOS (San Pedro Sula, 29 de enero de 1984 – 13 de enero, 2021). Cursó estudios de literatura en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Es premio Centroamericano de Novela Corta 2016 con la novela El libro perdido de Eduardo Ilussio Hocquetot (España, 2019). Ha publicado poesía, novela y cuento y elaborado antologías. Sus libros son: Habitaciones sordas (Letra Negra; Guatemala, 2005); Desde el hospicio (HN, 2008); Los inacabados (HN, 2010); Katastrophé (HN, 2012); Entre el parnaso y la maison; y la antología de su poesía Retrato de quien espera un pájaro (2020). Muestra de la nueva narrativa sampedrana (HN, 2011); Cuarta dimensión de la tarde. Antología de poetas hondureños y cubanos (Coedición, HN, 2011); Tríptico del iris de Narciso (2014). 3er y 2do lugar en el “Premio Nacional Europeo Hibueras”: en relato con Los Inacabados (2006) y en poesía con Tríptico del iris de narciso (2013), respectivamente, patrocinado por las Embajadas de Francia, España, Italia, Alemania y la Delegación de la Unión Europea en Honduras. Incluido en las antologías: “Puertas abiertas. Antología de poesía centroamericana” (Sergio Ramírez; Fondo de Cultura Económica de México, 2011); en “4M3R1C4 2.0” Novísima poesía latinoamericana. 40 Poetas representativos de América Latina nacidos entre 1980 y 1990 (Héctor Hernández Montecinos; México, 2012); Voces de América Latina (Comp. María Palitachi; Texas, USA, 2016); Voces de América Latina III (Comp. María Palitachi; Texas, USA, 2016)  y en Un espejo roto. Antología del nuevo cuento de Centroamérica y República Dominicana (Comp. Sergio Ramírez, GEICA y Goethe Institut Mexiko, 2014) y su edición al alemán Zwischen Süd und Nord. Neue Erzähler aus Mittelamerika (Entre Sur y Norte. Nuevos narradores de Centroamérica.) (Sergio Ramírez; Unionsverlag, Zürich, 2014).