Jorge Cappelloni: “Marcela Zamora, ojo crítico del documental Centroamericano” (ensayo)

Los temas más duros de la realidad de la región son vistos con una mirada penetrante y compasiva por esta cineasta nicaragüense-salvadoreña.

Jorge Cappelloni
La Zebra | #25 | Enero 1, 2018

Marcela Zamora viene transitando un camino distintivo y personal dentro del panorama actual del documental Centroamericano. La directora —quien estuviera en Bilbao como jurado de la 55º ZINEBI (2013) y en Docs Barcelona (2016) presentando su film El cuarto de los huesos— es Licenciada en periodismo en la Universidad Latina de Costa Rica, egresada de la Escuela Internacional de Cine & TV de San Antonio de los Baños (EICTV) de Cuba, en la cátedra de dirección documental, y ha trabajado como directora rodando en El Salvador, Nicaragua, México, Venezuela y Cuba.

El corpus de su obra—constituida por varios reportajes cortos, y documentales de medio y largometraje— parece hacer propia, para el universo audiovisual, la aserción de Roland Barthes: “El escritor es alguien para quien el lenguaje es problemático, alguien que experimenta su profundidad, no su utilidad ni su belleza”. En palabras de Zamora: “Es bien fácil encontrar las historias, lo difícil es contarlas”.

Y es que la realizadora —de origen nicaragüense pero afincada en El Salvador— interpela con su mirada al espectador, obligándolo a una profunda e incómoda reflexión sobre su (nuestra) participación como sujetos sociales en los conflictos propios de las comunidades. Para ello Zamora indaga, sin concesiones, en temas de género, derechos humanos y en otras cuestiones que subyacen, a veces ocultas, en el tejido social. Aborda dolorosas historias que se intentan silenciar, desde el oprobio de masacres militares a la cotidiana connivencia con la violencia de género o pandillera, en un arduo trabajo por desentrañar y rescatar del olvido la memoria histórica en nuestras sociedades. Expone con rigor las voces que revelan y concientizan sobre los problemas de la migración, la explotación, la miseria, el sustrato que deviene de la violencia ejercida sea tanto por parte de gobiernos, grupos paramilitares o pandilleros barriales, que atraviesa  tanto ámbitos urbanos como rurales. Violencia emergente, tanto en las imágenes de los estragos causados sobre la población en la guerra civil que asolara El Salvador en los años 80, como en las luchas territoriales entre maras y pandillas.

La cineasta pone el acento de su mirada e investigación en las consecuencias que devienen de esa explotación, de esa violencia ejercida sobre el pueblo, especialmente el abuso, la discriminación y la arbitrariedad que padecen las mujeres, eje central de su discurso videográfico. Dando cuenta particularmente de aquellas mujeres que padecen, desnudando las cicatrices de las heridas que permanecen y no se olvidan, aunque para ello evite el mero testimonio y exposición de las víctimas, comprometiéndose con su lucha, apelando a la denuncia sobre el desamparo que sufren en el complejo entramado de complicidades y perversas ramificaciones que manifiesta el poder.

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Primeros cortometrajes

Ya en los primeros cortos de Marcela Zamora aparecen atisbos de una lúcida y respetuosa mirada sobre temas tan ríspidos como la esclavitud sexual infantil, los niños de madres condenadas a la cárcel o las familias desplazadas por la violencia pandillera en títulos como El estudiante (2010), Culpables de nacimiento (2010), Ellos sabían que yo era una niña (2012) o Las ruinas de Lourdes (2013).[1] En Las masacres del mozote (2011), un cortometraje codirigido junto a Bernat Camps Parera y Daniel Valencia, denuncia una de las peores masacres en la historia latinoamericana, ocurrida en el poblado de El Mozote en diciembre del año 1981, donde un batallón del ejército de la dictadura asesina a cerca de mil campesinos Salvadoreños (casi la mitad de ellos menores de edad) y preanuncia un futuro largometraje, Las Aradas (2014), que abordará otro exterminio, esta vez acaecido en la frontera con Honduras en 1980.

Zamora retoma el tema de la humillación y el abuso en su corto Las Muchachas (2013), donde expone el desprecio al que resultan sometidas las empleadas domésticas (“las muchachas” tal como se las conoce en El Salvador) ante el trato esclavista sufrido por parte de sus patrones, logrando que ellas venzan sus temores para contar a cámara sus padecimientos. Aunque es en su primer mediometraje Xochiquetzal: La casa de las flores bellas (2007), producido por la EICTV de Cuba y rodado en México, donde se denota la intención de su mirada: provocadora, inquisidora pero profundamente humanista, al escudriñar en la primera casa dedicada a albergar a prostitutas de la tercera edad.

Sin embargo, es su primer largo documental Maria en tierra de nadie (2010), coproducido con El Faro, el que le valiera un amplio reconocimiento y repercusión en varios festivales y países del mundo.

En sus tres últimos trabajos documentales —Las Aradas, El Cuarto de los Huesos y Los Ofendidos— Zamora apela a un gran coraje para exponer en primera plana tópicos que recorren toda su obra videográfica: las consecuencias del ejercicio de la violencia y la muerte.

Actualmente, la directora se encuentra trabajando en un próximo documental que rodará en Los Ángeles, que se titula Mothers behind the wall, y versa sobre la realidad de las mujeres y la maternidad de las migrantes indocumentadas.

Marcela Zamora es una cineasta que cuenta con una aguda y crítica visión de la realidad. Implacable con su cámara, va radiografiando cada hueco de la sociedad Salvadoreña menos favorecida, explorando su cotidianidad, las contradicciones políticas y sociales signadas por la marginalidad, la pobreza, la migración y los efectos de la consuetudinaria violencia.

Largometrajes

Maria en tierra de nadie (2010)

María en tierra de nadie es un potente y doloroso fresco sobre el tema de las migrantes centroamericanas expuestas al secuestro, el asesinato, las violaciones y los robos en una cruel odisea que sigue la ruta de quienes recorren los miles de kilómetros que separan la frontera sur y norte de México, en pos del sueño de arribar a suelo Norteamericano. Un viaje dantesco de descenso a los infiernos, a las entrañas de la tierra y a las vejaciones que sufren estas mujeres, en este caso a través del territorio mexicano. Este trabajo resultó ser el primer documental salvadoreño que tuvo distribución internacional a cargo de una casa en New York: Women Make Movies.

El largo tuvo su estreno mundial en el London Latin American Film Festival y desde allí ha recorrido un centenar de festivales, habiendo obtenido numerosos reconocimientos y premios.

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Espejo roto (2013)

Sobre su próximo largometraje, Espejo roto, la periodista Blanca Petrich escribía en el diario mexicano La Jornada que “si la infancia es el espejo en el que una sociedad mira su futuro, como dicen, entonces la sociedad salvadoreña se mira en un espejo roto”. Y ese es el punto de partida del que se vale Zamora para adentrarse en el barrio de Soyapango, en busca de registrar el universo cotidiano de una docena de niños que viven, crecen, juegan y padecen en un territorio controlado por la pandilla Barrio 18.

Espejo roto retrata un universo vincular cerrado, mediado por la muerte y la violencia, el terror que afecta no sólo la vida diaria de los habitantes del lugar sino a la propia obra, tornándose en un registro claustrofóbico, producto más de una imposición pandillera que de un recurso estético de la propia realizadora.

Es el primer proyecto centroamericano que recibió fondos de las cuatro instancias de Naciones Unidas: PNUD, OIM, UNFPA y UNICEF.

Las Aradas: masacre en seis actos (2014)

En Las Aradas: masacre en seis actos es donde saca a la luz la historia de las víctimas de la masacre del río Sumpul, ocurrida en mayo de 1980 en la frontera con Honduras, siendo la primera gran masacre contra civiles cometida por el Estado salvadoreño a inicios de la guerra.

Las Fuerzas Armadas, la Fuerza Aérea y paramilitares asesinaron a alrededor de 600 campesinos. Muchos murieron ahogados en el río o desangrados en las orillas, a causa de los disparos o machetazos que les impedían cruzar la frontera de un país al otro.

Es una cruenta historia que rescata del olvido la voz de los pocos sobrevivientes después de 30 años de silencio, y que aparece negada en la historia oficial de Honduras o El Salvador.

El Cuarto de los Huesos (2015)

El Cuarto de los Huesos es un trabajo que, según la propia realizadora, es “sobre “madres que buscan a sus hijos desaparecidos por la violencia actual, de las pandillas. Es una historia que se entrelaza con la de los forenses salvadoreños de medicina legal, que buscan estos huesos para poder entregarlos y restituirlos a las madres.”

Es una cruda y dolorosa mirada sobre la veintena de cuerpos que se reciben mensualmente en el Instituto Nacional de Medicina Legal y que nadie reclama, la historia del ADN sin nombre, sin familiares identificables, de cuerpos que se volvieron cadáveres tras haber sido abatidos por pertenecer a la pandilla contraria.

Un documental de voces y de historias, de ausencias, de pequeñas certezas, de búsquedas sin precisiones, de testigos sin rostros por el temor a ser asesinados.

Comandos (2016)

El año 2016 encuentra a Marcela Zamora muy prolífica estrenando dos documentales. Comandos es un trabajo donde pone el acento en la observación de la tarea que llevan a cabo un humilde grupo de rescatistas que con muy pocos recursos se dedica a salvar la vida de otros en El Salvador, uno de los países más violentos del mundo.

Ellos son los Comandos de Salvamento. El film documental nos lleva a través del trabajo cotidiano de estos rescatistas y sumergirnos e intentar comprender la caótica realidad de la ciudad de San Salvador.

Los Ofendidos (2016)

En su otro trabajo Los Ofendidos, Zamora realiza un viaje íntimo, en primera persona, desgarrador y doloroso al corazón de los recuerdos, aquellos que se preservaron en la memoria de su padre y que recobrados le dan sentido a su historia personal, familiar y colectiva.

Es el cruce entre el testimonio de su padre, un reconocido político de izquierda en El Salvador, quien fuera capturado y torturado por 33 días por la Policía Nacional, en confronte con parte de la dolorosa historia salvadoreña, abordando el complejo tema de la tortura y los torturados ocurrido durante aproximadamente los doce años (1980-1992) que durara la sangrienta guerra civil.

La directora entiende que no sólo aquello que le permita develar el testimonio de su propio padre echará algo de luz y verdad en parte de su historia familiar, atravesada por recuerdos de ausencias infantiles, viajes o exilio político, sino que le permitirá rescatar del olvido las heridas de un periodo complejo y trágico de la historia de su país.

El filme, que fuera seleccionado para su exhibición en el prestigioso IDFA Documentary Film Festival Amsterdam (Holanda), viene también de obtener una mención especial del jurado en el 38º Festival Internacional del Nuevo Cine latinoamericano de Cuba y premio del público en el Festival Internacional de Cine de Costa Rica.

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NOTAS

[1] Por sólo citar algunos emblemáticos registros, entre otros, hechos por la realizadora como parte del equipo de Sala Negra, la sección audiovisual que documenta la violencia de la región de El Faro, un periódico digital fundado en 1998 en El Salvador.


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Marcela Zamora es fundadora y directora de la empresa de producción audiovisual Kino Glaz.

 


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Con ligeros cambios de estilo, este texto reproduce un ensayo que apareció en la revista de cine El Tornillo de Klaus. Éste, a su vez, es una versión revisada de la publicación original, la cual apareció en el catalogo del 11º MARFICI, Festival Internacional de Cine Independiente de Mar del Plata, Argentina, 2015. Fotografía de Marcela Zamora por Lissette Monterrosa, cortesía de El Diario de Hoy.