Editorial: «El arte en los tiempos de la peste»

A la creatividad artística le corresponde un lugar central en los tiempos venideros.

La Zebra
La Zebra | # 72 | Diciembre 18, 2021

En diciembre de 2021 se completaron dos años desde el descubrimiento del SARS-CoV-2, el virus que causa la Covid-19, y que le dio un vuelco al mundo con una de las pandemias más tenaces, contagiosas y mortales que hemos conocido desde la influenza de 1917.

Durante estos últimos dos años hemos vivido asediados por la pandemia, entre el tira y encoge de las políticas públicas e inmersos en un caos global que nos han obligado a largos períodos de cuarentena, que han perturbado el mundo laboral y que nos han forzado a cambiar nuestros hábitos de higiene, de socialización y de prácticas de trabajo.

El golpe ha sido muy duro para las más diversas comunidades humanas, y afectaron de manera profunda nuestro sentido de participación y de pertenencia en los grupos sociales a los que somos afines y entre los cuales nos desarrollamos, según nuestras necesidades y deseos.

Como consecuencia, hemos sufrido ese antiguo mal de la melancolía: hemos perdido algo que antes no sabíamos que amábamos con tanta profundidad, algo que era lo otro y los otros, pero que también era lo propio entre lo público y lo más personal en nuestros momentos de intimidad. En otras palabras, fue nuestro sentido mismo de identidad lo que fue sacudido hasta las raíces.

De allí nuestra tristeza, nuestra depresión, nuestro sentido de vacío. Perdimos, de alguna manera, nuestro horizonte de expectativas, y así descubrimos que nuestra identidad estaba vinculada a nuestra capacidad para proyectarnos hacia el futuro. Esto significa que nuestras identidades no estaban definidas sólo por aquellas fuerzas que le habían dado forma y cauce a nuestras vidas en el pasado.

Aislados, arrinconados, casi, buscamos maneras de reconfigurar nuestra identidad, la cual es, después de todo, una fuerza dialéctica, adaptable y formidable. Pero necesitábamos, también, para ello, reconfigurar nuestro lenguaje y nuestra óptica del mundo. Fue así como durante la pandemia nos refugiamos en el arte y descubrimos que es para un tiempo como este, precisamente, que necesitamos la creatividad.

En realidad, buscamos el arte en estos tiempos de incertidumbre porque creímos que nos ayudaría a escapar de los nuevos retos que no sabíamos siquiera cómo afrontar. Pero nos dio mucho más que eso.

El escape que el verdadero arte nos ofrece no consiste en poner un velo sobre nuestros ojos sino, al contrario, en darnos la claridad necesaria para ver hacia la realidad sombría y demostrarnos que somos nosotros mismos la luz que el mundo necesita: pues, dentro de cada ser humano hay capacidad para la adaptación y fuerza creativa.

Con su invención, con su fantasía, con sus historias tan bien delineadas y con dramas que nos ofrecen un remedio para la tristeza, la desesperación, la depresión o la incertidumbre, el arte sí puede ser un escape de la realidad. Pero en esas circunstancias el arte sólo triunfa si nos ofrece un instante de verdad pura. Reconocer que podemos llegar a una verdad por medio de la creatividad restaura nuestro sentido de lucidez ante el mundo.

Es gracias a un reconocimiento del valor que la creatividad tiene en nuestras vidas que hemos comenzado a formular, para esta nueva realidad en la que vivimos, un nuevo lenguaje y una mirada renovada. Sólo podía ser así, pues el arte nos recuerda que somos humanos y que sólo un sentido colectivo de humanidad, de mutuo reconocimiento, nos da el sustento para buscar nuestra propia liberación y salvación de las amenazas que nos asedian en estos tiempos tan duros y sombríos.

Y por eso importa. Porque importamos.